1 de marzo de 2022

René Guénon y sus disparates contra la Teosofía (2 de 3)


Por Alexandre Moryason

Contenidos:

03. La Doctrina del Karma según Guénon
04. La Doctrina del Karma según los textos orientales


03. La Doctrina del Karma según Guénon

Antes de examinar el “punto de vista guénoniano” sobre la Doctrina del Karman, cabe preguntarse dónde se sostiene que sólo este autor es competente en dicho asunto como tantos otros… Es él mismo quien se toma la molestia de afirmarlo en las primeras páginas de su "libro maestro", llamado L’Homme et Son Devenir Selon le Vêdâna:

"No es porque la ‘Ciencia Sagrada’ se haya caricaturizado odiosamente en el Occidente moderno por impostores más o menos conscientes, que sea necesario abstenerse de hablar sobre ello y menos parecer que se ignora, si no negarlo; al contrario, sostenemos con firmeza no sólo que existe, sino que es sólo de ella de lo que nos proponemos hablar en este libro. Quienes se refieran a lo que hemos dicho en otra parte sobre las extravagancias de los ocultistas y teósofos, comprenderán inmediatamente que es otra cosa de lo que se trata, y que estos individuos son a nuestros ojos sólo simples ‘laicos’, e incluso unos que particularmente agravan su caso tratando de hacerse pasar por lo que no son” (op. cit., p. 10, énfasis añadido, versión francesa).

Guénon es ciertamente "lo que pretende ser"; por lo tanto, primero debe considerar su propia comprensión de la "verdadera Doctrina" sobre Karman o "Karma" (por galicismo del término), que parece ser una noción metafísica fundamental en el tópico de L’Homme et Son Devenir. En esta obra, Guénon dedica a Karman exactamente 18 líneas, dispersas en tres páginas de las 205 que componen el cuerpo del libro. Debemos admirar la economía de medios… Por ello, es necesario recordar en primer término lo que dijo al respecto en "Teosofismo, Historia de una Pseudoreligión". Recuerda allí con espíritu crítico que, según Madame Blavatsky, el Karman es:

“(…) esta ley invisible y desconocida que adapta con sabiduría, inteligencia y equidad, cada efecto a cada causa, y que a través de la última llega a quien la produjo” (op. cit. p. 121).

Guénon recuerda que Blavatsky lo llama "ley de retribución"; A.P. Sinnett, basándose en la enseñanza de los Mahatmas, le denomina "ley de causalidad ética". Para René, obviamente todo esto es falso: “En esta concepción teosófica del 'Karma’ encontramos un excelente ejemplo del abuso de los términos sánscritos incomprendidos que ya hemos señalado: de hecho, la palabra 'karma' significa simplemente ‘acción’ y nada más; nunca tuvo el sentido de causalidad (‘causa’ se dice ‘kârana’ en sánscrito), y menos aún de esta causalidad especial cuya naturaleza acabamos de indicar” (op. cit., p. 122).

La lección es profunda, y nuevamente debemos admirar aquí la sobriedad demostrativa: ninguna cita superflua de los textos llega a entorpecer el “veredicto magistral”...


[Traducción del texto resaltado: “Fil.: acumulación de méritos y faltas en el transcurso de vidas pasadas; destino./Acto supremo, obra santa./Fil.: [Vaisheshika], la categoría [padartha] de las actividades, y de éstas la tradición menciona cinco: utkshepana (elevación), avakshepana (disminución), akuncana (contracción), prasarana (expansión), y gamana (desplazamiento)”]. Extracto del "Lexique sanskrit-français" de Gérard Huet, basado en el diccionario sánscrito-francés por Stchoupak, Nitti y Renou, en el "Sanskrit-English Dictionary" de Monier-Williams, el "Practical Sanskrit-English Dictionary" de Apte y, en su totalidad, el notable léxico de Bergaigne, gran maestro francés de estudios en dicha lengua oriental. Gérard Huet es miembro de la Academia de Ciencias y la Academia Europaea, director de investigación del INRIA].

Así, para Guénon, el concepto mismo de “causalidad ética” o “ley retributiva” ligada a la Doctrina de Reencarnación es occidental, heredada y específica del espiritismo; Blavatsky simplemente engalanó dicha noción con el término oriental "karma" mediante un préstamo abusivo, e inmediatamente agrega:

“(…) el relato que acabamos de dar, por sucinto que sea, nos parece suficiente para mostrar la falta de seriedad en la llamada doctrina teosofista, y sobre todo para establecer que no tiene fundamento, a pesar de sus pretensiones, sin una base tradicional genuina” (ibídem, p. 122).

En efecto, Guénon afirma borrar completamente la idea de "efecto del acto", que justifica plenamente la aceptación teosófica del término "karma". Veamos las únicas líneas que dedica a Karman en todo el volumen dedicado a esta cuestión del "Devenir" según el “Vêdânta":

“El primer Mîmânsâ (una de las seis escuelas clásicas o Darshanas de la filosofía hindú) se llama Karma-Mîmânsâ o Mîmânsâ práctico, es decir, relativo a los actos, y más particularmente a la ejecución de ritos; la palabra Karma, de hecho, tiene un doble significado: en el sentido general, es acción en todas sus formas; en el sentido especial y técnico, es acción ritual según lo prescrito por el Veda. Este Mîmânsâ práctico tiene como objetivo, como consigna el comentarista Somanâtha, ‘determinar de manera exacta y precisa el significado de los escritos’, pero sobre todo en la medida en que éstos contienen preceptos, y no en relación con el conocimiento puro o Jnâna, el cual se pone a menudo en oposición con Karma y que corresponde precisamente a la distinción entre ambos Mîmânsâs. El segundo Mîmânsâ se define además como el del 'conocimiento divino' (Brahma-Vidyâ) obtenido a través de la contemplación” (op. cit., p. 17-18).

El segundo pasaje de la obra donde aparece el término Karma, ofrece un simple recordatorio del significado de "acción" como uno de los dos aspectos del "poder" [Indriya] junto con el conocimiento [Jnanâ o Buddhi] (cf. op. cit., p. 80). Finalmente, la última mención de Karma por Guénon no trae más que estos detalles tan sofisticados como incompletos:

“(…) sin Conocimiento, no puede obtenerse la Bienaventuranza (Ananda). La acción (Karma, ya sea que esta palabra se entienda también en su sentido general, o se aplique especialmente a la realización de ritos), al no oponerse a la ignorancia (Avidiyâ), no puede alejarla” (op. cit., p. 188).

Entonces, eso es todo lo que podemos sacar de René sobre el significado de "Karma", y esta es la fecundidad que lo autoriza a abrumar el discurso teosófico con sarcasmos, entre otros (1).

(1) El término Karma se cita 223 veces sólo en La Doctrina Secreta. Aquí está la definición dada en el Glosario Teosófico:

KARMA (sánscrito). Físicamente, una acción; metafísicamente, la LEY DE RETRIBUCIÓN, norma de causa y efecto o causalidad ética. Es Némesis sólo en un sentido, el del mal karma. Es el undécimo nidana en la cadena de causas y efectos del budismo ortodoxo; sin embargo, constituye el poder que controla todas las cosas, el resultado de la acción moral, el samskara metafísico o efecto moral de un acto realizado para lograr algo que satisface un deseo personal. Existe karma de mérito y demérito. El karma no castiga ni recompensa; es sólo la única ley universal que guía infalible y ciegamente -por así decirlo- a todas las demás leyes que producen ciertos efectos a lo largo de los surcos de sus respectivas causas. Cuando el budismo enseña que ‘el karma es el núcleo moral (de todo ser) que sólo sobrevive a la muerte y continúa en transmigración’ o reencarnación, simplemente quiere decir que no queda nada después de cada personalidad, excepto las causas que ésta produjo y que no mueren; es decir, no pueden ser eliminadas del Universo hasta que sean reemplazadas por sus justos efectos, y ‘borradas’ por ellos. Tales causas, a menos que hayan sido compensadas durante la vida de quien las produjo -mediante resultados proporcionales-, seguirá al Ego reencarnado y lo alcanzará en encarnaciones posteriores hasta que se restaure por completo la armonía entre efectos y resultantes. Ninguna ‘personalidad’ -un mero grupo de átomos materiales y características instintivas y mentales- puede continuar naturalmente, como tal, en el mundo del Espíritu puro. Sólo existe aquello que es inmortal en su naturaleza, correspondiente al mismo Buddhi y divino en esencia -a saber, el Ego- que puede existir para siempre. Y dado que es este Ego el que elige la personalidad que animará luego de cada Devachán, y que recibirá -a través de estas personalidades- los efectos de las causas kármicas producidas, es por lo tanto este Ego o ‘yo’ el ‘núcleo moral’ en cuestión y encarna el karma ‘que es el único que sobrevive a la muerte’".


04. La Doctrina del Karma según los textos orientales

Consultemos el estudio serio de este punto doctrinal por el profesor Raimundo Panikkar (1918-2010) (1), una alta autoridad reconocida
sobre esta materia, en "La Loi du Karma et la dimension historique de l’homme" (en E. Castelli, Herméneutique et Eschatologie, p. 205-230, Introducción, París: Aubier, 1971).

(1) De padre indio y madre española, autor de tres tesis doctorales en Ciencia, Filosofía y Teología, fue especialista en Filosofía de India, investigador en las Universidades de Mysore y Varanasi (Benarés) y luego profesor en las Universidades de Madrid, Roma, Cambridge y Harvard. También era miembro del consejo académico del Instituto Ecuménico de Estudios Teológicos Avanzados de Jerusalén, y presidente de la Asociación Teológica de India.

El profesor Panikkar, que no era teósofo, también establecía el siguiente panorama general sobre el concepto de Karman como contribución a una indagatoria realizada bajo el patrocinio de la Unesco sobre "Les Cultures et le Temps" (p. 73-101, París: Payot Unesco, 1975):

“Aparte de ciertas doctrinas del tiempo absoluto, Karman es la ley que rige la combinación de tiempo e historia.

-Karman es ante todo el acto, y luego el residuo de ese acto que produce buenos o malos resultados (cf. Brhadâranyaka Upanishad IV, 4, 6.);

-que sobrevive a la persona (cf. Brhadâranyaka Upanishad III, 2, 13, etc.),

-y finalmente, el estatuto que gobierna la retribución de los actos y la red de correspondencias entre los Karmas de los seres. Esta ‘causalidad universal’, como a menudo se denomina a Karman, explica prácticamente todas las relaciones en el Universo y va mucho más allá de una concepción individual sobre la transmigración [reencarnación]. Karman reúne los elementos personales (la incidencia de cada acto en los confines del Cosmos) e impersonales (aspecto común para el carácter creable de todos los seres), de modo que podemos hablar de un Karman inagotable o interminable, como el conjunto de residuos de actos humanos” (op. cit. p. 86, énfasis añadido).

El autor concluye que “la reflexión sobre Karman más bien alude a las causas de los acontecimientos” (op. cit., p. 87).

Es útil comparar este breve resumen con el de Guénon, para quien la idea de Karman “(…) jamás tuvo el significado de causalidad (‘causa’ en sánscrito es ‘kârana’)”. Los Upanishads (siglo V a. de C.), sin duda, no descansan para Guénon “sobre una base tradicional genuina”, lo cual es más conocido por él que por más de dos milenios de comentaristas hindúes.

De hecho, el término sánscrito Karman no aparece en ninguna parte punible con una acepción tan reducida como afirma René en el contexto del hinduismo (además muy variado y no reducible a una sóla escuela). En su Vocabulaire de l'Hindouisme (Dervy-livres, París, 1985), los eminentes especialistas Jean Herbert y Jean Varenne dan a la palabra Karman los siguientes significados:

“1. -Acto ritual;
2. -cualquier acto, acción u obra;
3. -actividad laboral;
4. -consecuencia de los actos;
5. -resto de las buenas o malas consecuencias a sufrir por actos pasados, y determinantes de encarnaciones sucesivas” (op. cit., p. 57, énfasis agregado).

Son los puntos 4 y 5, propiamente hindúes, que el budismo desarrollará en un aspecto ético y donde los comentarios brahmánicos tendían a ver sólo una serie mecánica de causa y efecto, a ratos codificada por las supersticiones más absurdas. Esto aparece claramente en la lectura de la Anthologie sánscrita por Louis Renou, miembro del Instituto y profesor de la Sorbona (París: Payot, 1961), otra referencia universal en materia de estudios vedantinos; el mismo investigador que hablaba acerca de los "desvaríos de René Guénon". La confirmación de esta evidencia se puede encontrar en las Leyes de Manú, traducidas en el capítulo “La Loi des Rennaissances” (op. cit., p. 197). Renou introduce así la noción de Karman: "Como sabemos, la teoría de los renacimientos (samsâra, propiamente ‘circuito’, transmigración), con su corolario filosófico sobre el acto y el efecto del acto (karman), forman una de las bases del hinduismo posvédico”.

A objeto de corroborar lo anterior, consultemos una enciclopedia para asegurarnos de que otros textos y sus comentarios también invaliden las afirmaciones de Guénon como “eminente especialista” en Tradición Universal, tanto védica como bíblica, coránica y taoísta. Indudablemente la Encyclopaedia Universalis es "profana", e incluso si en ésta pueden notarse ciertos "deslizamientos" (ver el juicio de A. Faivre sobre Teosofía), tiene la ventaja de estar generalmente escrita por especialistas competentes que conocen el significado de los vocablos utilizados en el ámbito cultural de su especialidad. Así, el término "Karman" aparece en varios contextos de hinduismo y budismo, donde además ya no tiene el mismo trasfondo metafísico (2).

(2) A continuación se muestran algunos extractos de la Encyclopædia Universalis (edición francesa de 2002), por Anne-Marie Esnoul, Directora Académica Honoraria, Escuela Práctica de Estudios Avanzados (sección V):

-”Si en efecto innova respecto a algunos puntos, Sankara se ajusta a la mayoría de las cuestiones esenciales para toda la tradición; la ronda de renacimientos (samsara) ligada al karman, el residuo de actos acumulados en existencias anteriores que conserva su poder imperativo para sí mismo” (extracto del artículo sobre Sankara).

-”Sin duda, encontramos muy difundida la creencia en sucesivos renacimientos (samsara) a los que, bajo el peso de obras cometidas en vidas previas (karman), un principio espiritual e individual es constreñido hasta su perfecta purificación. Pero al heredarse de formas brahmánicas más antiguas -como las que ya conocimos en los Upanishads clásicos-, esta noción es panindia y común tanto al budismo como al brahmanismo, y está relacionada con la creencia en la eternidad del Universo” (artículo sobre hinduismo).

-”El término en sí [Samsara] -de sam-SR, ‘fluir con’- evoca bien esta corriente perpetua y circular que lleva al alma individual a través de reencarnaciones en cadena; karman constituye el residuo de actos en existencias anteriores, determinando así los renacimientos y sus circunstancias” (artículo sobre brahmanismo).
 
Guénon descuidó, o tal vez fingió olvidar, que la Doctrina Teosófica no se refiere de ninguna manera al brahmanismo ortodoxo, sino en parte al budismo esotérico de los Gelugpas. El término “budismo esotérico” (que además H.P.B. juzgó inadecuado) se acuñó en la primera exposición doctrinal de Teosofía por A.P. Sinnett, sobre la base de Cartas Mahatma que afirman ser budismo tibetano. Sin embargo, la idea de una "ley retributiva por actos" está ampliamente confirmada en el propio contexto del hinduismo. En efecto, Karman es el eje conceptual en cuyo derredor giran todos los desarrollos concernientes al Samsarâ (transmigración de las almas, sin importar el significado distintivo o específico de cada secta, o los diferentes niveles de instrucción dentro del hinduismo).

En el artículo "Nirvâna et Samsâra" M.A. Bareau -profesor en el Collège de France- proporciona más detalles: "Los Upanisads y el hinduismo sucesivo, el budismo y el jainismo coinciden generalmente en la respuesta al problema del mecanismo de la transmigración: es el valor moral de los actos (karman) realizado en una existencia que determina las condiciones para el renacimiento, como circunscribe la felicidad o desgracia que experimentaremos en esta nueva vida (…) En definitiva, el fenómeno de la transmigración al que están sujetos todos los seres vivos, se rige porque el budismo llama a los actos ‘maduración’ (vipâka), una especie de justicia inmanente que obliga al autor de un acto a recibir automática e inevitablemente -al final de un lapso más largo o corto- el castigo o la recompensa por la acción que ha cometido. Sin embargo, esta no es la opinión de todas las sectas antiguas, si uno cree en particular los textos budistas que las combaten. Para algunos, sólo el azar condiciona el renacimiento, y el valor de los actos no explica en modo alguno la felicidad o infelicidad de las circunstancias existenciales. Según otros y en particular brahmanes obsesionados con sus inquietudes religiosas y el orgullo de su posición social, es sólo la correcta ejecución de los muchos y variopintos actos rituales -cuyo cumplimiento privilegiado se reservaban celosamente- lo que define la felicidad en vidas futuras, y no el valor moral de las acciones ordinarias (…) Para el jainismo, la ‘liberación’ se alcanza cuando el principio vital (jiva), habiendo rechazado todas las consecuencias de sus actos (karman) y todas sus actividades corporales, se encuentra aislado (kevalim) en su pureza natural, y al fin disfruta plenamente, gracias a su conciencia, de la ‘vista’, el conocimiento, la dicha y el poder infinitos” (A. Bareau, “Nirvâna et Samsâra”, Encyclopaedia Universalis, vol. 14, p. 823, énfasis agregado).

En el marco particular del shaivismo, M.P. Filliozat confirma: “Al igual que mala [impureza], Karman (acto) es concebido como sin principio y desde siempre aferrándose al yo vinculado, en el sentido de que un acto siempre va preludiado por otro, pues la acción que se completa genera otra automáticamente (…) es a través del vínculo con Maya [ilusión] y sus productos que el individuo puede existir en el mundo fenoménico, el cual le es necesario para ‘consumir’ el karman y ‘madurar’ mala allí a través de la acción bien dirigida, el ritual, la devoción, el yoga, etc.” (P. Filliozat (3), “Shiva et Shivaïsme”, Enciclopaedia Universalis, vol. 4, p. 582).

(3) Pierre Sylvain Filliozat, director académico en la Escuela Práctica de Estudios Avanzados (sección IV).

Aunque el brahmanismo ortodoxo también contrarresta las interpretaciones sesgadas de Guénon, finalizaremos con el texto de M.A. Bareau sobre la cuestión del Karman en el budismo: “La avidez e ignorancia generan las tres 'raíces del mal' que son la lujuria, el odio y el error, de las que a su vez surgen vicios, pasiones y conceptos equivocados. Todo ello empuja al ser a actuar y dejarse conducir por el mecanismo de retribución de los actos. Cualquier obra (karman) ya sea corpórea, vocal o sólo mental, si resulta de una decisión tomada con pleno conocimiento de los hechos, produce por sí misma -automática e inexorablemente- un ‘fruto’ (phala) que ‘madura’ poco a poco, y tarde o temprano recae sobre su autor en forma de recompensa o castigo correspondientes a ese acto en especie e importancia. Esta ‘maduración’ (vipâka) del acto es más o menos prolongada, pero como su duración supera con frecuencia la de una vida humana, obliga al autor a renacer para recibir su retribución” (M.A. Bareau, op. cit., vol. 3, p. 472, col. B; citado también en su cátedra de estudios budistas).

Estas explicaciones se hallan en estricta conformidad con lo presentado en Teosofía sobre la Doctrina de Karman. Al menos Guénon podría haber sido menos insultante con respecto a la definición de este concepto por parte de Blavatsky, en la medida que ésta es confirmada por todos los especialistas competentes, excepto René, que no lo hace de ninguna forma obvia. Por otro lado, a partir de estas lecturas podemos ver con claridad que las fuentes de Guénon provienen del brahmanismo más estrictamente reductivo en su comentario ritualista sobre los textos. Esta es una cara parcial y tendenciosa de la ortodoxia y no de ésta última en su conjunto; a lo sumo, representa uno de los "puntos de vista" particulares en una de las seis Darshanas. Los conceptos evocados por especialistas muestran que los propios Upanishads dieron lugar a la idea de “retribución ética”, desarrollada más tarde por el budismo, y esta última doctrina es el fundamento de la Teosofía. Por tanto, Guénon pretende juzgar un atisbo del budismo esotérico, del que todo lo ignora, mediante nociones tomadas de un brahmanismo ortodoxo y sectario al que sospechamos sólo tuvo acceso libresco. Tal elección doctrinal sería repugnante para una mente distinta a la suya, obsesionada -como los rigurosos brahmanes- por las castas fundadoras del "tradicionalismo".