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2 de septiembre de 2026

Las psicoloplastas politiqueras y sus malabares vengativos


En los últimos años, las redes sociales han visto proliferar a pseudocreadores diabólicos, que combinan divulgación psicológica -a veces con títulos profesionales y otras como simples aficionados o "coaches"- con agendas políticas explícitas o encubiertas. Este fenómeno se apoya en lo que varios analistas llaman therapy-speak (apropiación de términos clínicos en el lenguaje cotidiano) para dar un barniz de "rigor científico", "empatía" y "autoridad moral" a posturas netamente ideológicas.

El siguiente desglose muestra cómo opera este mecanismo, las técnicas que utiliza y las ideas que suele repetir cada bando. Si estás cansado (a) de ver siempre los mismos discursos en redes sociales o páginas electrónicas, este resumen te será útil para distinguir y despreciar a dichos puteros que convierten en dinero y fama egoísta tu dolor, ira y desconfianza legítimos, siempre que no participes de modo directo o indirecto en sus guarradas.


01. Técnicas de manipulación mental y emocional

Independiente de la orientación política, las estrategias psicológicas que utilizan estos malparidos suelen ser idénticas en su estructura funcional.

-Patologización de discrepancias (Ad hominem clínico): En vez de refutar un argumento político, económico o social, se diagnostica al adversario. Quien opina diferente no está sólo "cometiendo un error", sino está "traumado", es "narcisista", padece "fragilidad emocional", es "psicópata sin empatía" o sufre "disonancia cognitiva", todo lo cual suprime el debate intelectual y coloca al influenciador en una posición de "superioridad diagnóstica".

-Secuestro y redirección de vulnerabilidades: Las audiencias recurren a estos contenidos en momentos de soledad, ansiedad, desencanto económico o desorientación existencial. Un influenciador dupolista valida primero ese dolor para generar apego ("entiendo por qué te sientes solo/incomprendido"), para luego atribuir la causa exclusiva de ese sufrimiento a un enemigo ideológico externo.

-Armamento del therapy-speak: Los términos clínicos con definiciones precisas (trauma, gaslighting, neurodivergencia, disociación, límites, etc.) se distorsionan y amplían hasta abarcar cualquier incomodidad cotidiana, fricción social o desacuerdo de posturas.

-Aislamiento social encubierto (falsa autonomía): Incentivan cortar relaciones de forma tajante ("contacto cero") con amigos, parejas o familiares bajo el argumento de que son "tóxicos", cuando en la práctica muchas veces sólo tienen diferencias ideológicas o estilos de vida dispares. Esto debilita la red de apoyo real del seguidor y lo vuelve más dependiente de la comunidad digital del influenciador.

-El complejo de "gurús iluminados": Se autopresentan no como clínicos falibles, sino a guisa de figuras que "se atreven a decir la verdad que el sistema/la corrección política/el patriarcado te ocultan", creando una relación parasocial asimétrica y completamente sectaria en múltiples casos bien conocidos.


02. Influencerdos/psicoloplastas de izquierdas

En este sector, la psicología suele hibridarse con sociología crítica, posmodernismo y políticas de identidad. El objetivo es describir el malestar individual como consecuencia inevitable de "sistemas estructurales opresivos".

Ideas y conceptos repetidos:

-Trauma sistémico/político: Todo malestar psíquico (ansiedad, depresión o fatiga) es visto primordialmente como síntoma de capitalismo tardío, racismo estructural o patriarcado. Se minimizan o descartan factores biológicos, hábitos de vida o responsabilidades individuales.

-Validación emocional irrestricta: La premisa de que "todas las emociones son válidas e intocables" lleva a la apreciación subjetiva de haber sido "ofendido" o "dañado", cual prueba irrefutable de que existió agresión objetiva (microagresión).

-"Límites radicales" y actitud defensiva: Se promueve un autocuidado que roza el aislamiento o la evasión del compromiso social. Decir "no tengo la capacidad emocional para escuchar tus problemas" se disfraza de "madurez terapéutica", erosionando la reciprocidad básica en relaciones humanas (ej., desconfianza de mujeres violentadas hacia hombres).

-Patologización de resiliencia y esfuerzo: Proponer el esfuerzo personal, la disciplina o autosuperación es calificado de "tóxico", "capacitista" o "interiorización de la explotación capitalista".

Mecanismo de manipulación principal: Indefensión aprendida, esto es, que al convencer a la audiencia de que su salud mental está secuestrada por macroestructuras que escapan por completo a su control, se genera frustración y dependencia de colectivos de validación, desactivando la capacidad de agencia y autoeficacia del individuo.


03. Influencerdos/psicoloplastas de derechas

En este espectro, la psicología suele combinarse con lecturas selectivas del estoicismo, psicología evolucionista, autoayuda de corte empresarial y roles de género tradicionales (a menudo vinculados a la "manosfera" o corrientes ultraconservadoras).

Ideas y conceptos repetidos:

-Hiperresponsabilidad individual y meritocracia psicológica: El entorno social, económico o familiar no importa en absoluto; si fracasas, estás deprimido o no tienes pareja, es pura y exclusivamente porque "eres débil", "no trabajas lo suficiente" o "te falta mentalidad ganadora".

-Patologización de la empatía ("altruismo patológico"): Se etiqueta a la compasión, sensibilidad social o preocupación por minorías cuales "debilidades neuróticas", postureos éticos/arrogancia moral o incapacidad de afrontar la cruda realidad del mundo.

-Determinismo biológico y roles arquetípicos: Uso de conceptos biológicos simplificados (niveles de testosterona, jerarquías de dominancia animales) para justificar normas sociales rígidas. Se repiten ideas sobre la "feminización de la sociedad", pérdida de "masculinidad fuerte" o el colapso de la familia tradicional como raíz de "locuras modernas".

-"Psicosis colectiva" e "infantilización": Diagnostican a los movimientos progresistas y las generaciones jóvenes con etiquetas peyorativas de "retraso madurativo", "histeria colectiva" (mind virus) o ausencia de figuras paternas autoritarias.

Mecanismo de manipulación principal: Inculcación de culpa, vergüenza y resentimiento. Se explota la inseguridad (particularmente entre hombres jóvenes frustrados económica o afectivamente), prometiendo una salida a través del endurecimiento emocional y rechazo a la vulnerabilidad, mientras se canaliza su ira hacia colectivos progresistas/feministas o el Estado.


04. Otras proclividades en psicolosectas duopolistas

A. El solipsismo y la "Ley Espejo" de psicolosoretes derechistas

El fenómeno es una mezcla de neoliberalismo ideológico, autoayuda empresarial y bypassing espiritual (moralinas comodonas importadas de la corriente New Age y el estoicismo desfigurado).


"No hay certezas ni convicciones; tenerlas te vuelve conflictivo"

Aquí, se disfraza el conformismo o la pasividad crítica de "madurez emocional". Si tienes convicciones firmes (éticas, laborales, comunitarias) y chocas con tu entorno (por ejemplo, jefes abusivos o dinámicas familiares disfuncionales), el discurso señala que el roce no emerge de injusticias verídicas, sino de tu "inflexibilidad mental".

Esto constituye una forma sutil de gaslighting epistémico, es decir, te convencen de que defender límites o señalar abusos externos es un síntoma de "inmadurez neurótica". De ese modo, la sumisión y resignación ante las jerarquías existentes son reetiquetadas como "paz interior" y "sabiduría pragmática".


"El problema está en tu mente/El mundo es un espejo"

Con ese patrón, aparece una hipertrofia del locus de control interno. La psicología seria reconoce que una persona tiene margen de acción sobre cómo interpreta y responde a la realidad. Sin embargo, este discurso lleva el principio al absurdo solipsista: la realidad material no existe, sino sólo tu percepción.

El efecto inmediato es culpabilizador, porque si sufres precariedad económica, soledad o maltrato, según esta "lógica" la causa reside enteramente en que "estás proyectando tus carencias" o "vibras desde la escasez". Si todo es un "espejo de tu psique", desaparecen hechos concretos como la explotación laboral, la falta de redes de apoyo o crisis socioeconómicas ex profeso. Queda neutralizada cualquier posibilidad de reclamo colectivo o indignación legítima, y así el paciente se estanca en un bucle obsesivo de autoanálisis, intentando "sanar su mente" para resolver obstáculos materiales y relacionales.


B. Determinismo ambiental y fiscalización del trauma en psicolosoretes izquierdistas

En el extremo opuesto, encontramos una aplicación rígida del construccionismo social y ciertas corrientes identitarias, que despojan al individuo de su agencia y someten su proceso de recuperación a la ortodoxia militante.


"El entorno define en gran medida/por completo si eres buena o mala persona"

Este mecanismo lleva la premisa sociológica ("el contexto influye en la conducta") hacia un determinismo radical de "tabla rasa", asumiendo que el individuo carece de temperamento, biología o libre albedrío moral, siendo únicamente un "producto moldeado" por su clase, género y crianza. La trampa psicológica se divide en dos variantes:

a) Disolver la responsabilidad individual: Si el entorno determina todo, los actos dañinos cometidos por ciertos grupos se justifican como "respuestas inevitables al trauma sistémico".

b) Indefensión y fatalismo: Si creciste en un entorno adverso o perteneces a un colectivo marginado, este marco teórico te condena conceptualmente a seguir "roto/a" de por vida, a menos que adoptes la liturgia deconstruccionista aprobada, negando la resiliencia innata y la capacidad de sobreponerse a ambientes hostiles.


"No hay ningún aprendizaje moral con agresores/daños similares"

En este caso vemos un secuestro del crecimiento postraumático (Post-Traumatic Growth), o capacidad de una persona de encontrar nuevos recursos internos, resiliencia y madurez a raíz de haber sobrevivido a una experiencia dolorosa o abusiva. La distorsión ideológica es confundir peligrosamente justificar al agresor con reconocer la fortaleza propia adquirida a través de la adversidad. Un terapeuta riguroso diría: "El abuso fue injustificable, la culpa es del agresor, pero celebro los recursos, la astucia y fuerza que tú desarrollaste para sobrevivir y salir de ahí", pero el discurso dogmático impone: "Si sientes que aprendiste algo o 'esto te hizo más fuerte', estás perdonando al agresor y sufriendo de alienación patriarcal".

De esta suerte, se arrebata a la víctima su soberanía narrativa. Ya no sólo fue violentada por agresores, sino que ahora su propia mente y sus mecanismos de integración del dolor son vigilados y juzgados moralmente por el "tribunal ideológico". Si no procesa el dolor bajo el canon estricto de la "víctima perpetuamente herida e indignada", se la acusa de "complicidad con su opresor".


05. La "gran revelación" de los anarcoprófagos celestiales

Al desplazarnos hacia los extremos del anarcocapitalismo (ancap) y anarcocomunismo (ancom), las peroratas "psicológicas" de redes sociales se radicalizan y vuelven totalizantes.

En estas corrientes, el Estado y las instituciones no se consideran sólo ineficientes o injustos, sino se patologizan como fuentes primordiales de toda neurosis, trauma y enfermedad mental. Ambos polos utilizan el therapy-speak ya mencionado para justificar una demolición sistémica, pero proyectan fantasías psicológicas completamente opuestas.


A. El discurso anarcofachito

El anarcocapitalismo en redes (muy influenciado por la escuela austríaca popularizada, el libertarismo radical y figuras de la "manosfera" o el mundo cripto) lleva la hiperresponsabilidad individual al terreno de la supervivencia darwinista y la psicología de soberanismo absoluto.


El Estado como "maltratador narcisista" y el Síndrome de Estocolmo

La analogía clínica utiliza recurrentemente la figura del maltrato intrafamiliar. El Estado no es un ente político, sino un "padre abusivo", "parásito" o "psicópata narcisista" que roba tus recursos (impuestos), haciéndote creer que "te cuida". Quien defiende la salud pública, los impuestos o la regulación social es diagnosticado con Síndrome de Estocolmo o "amar a su captor", padecer "indefensión infantil" o tener un "trauma de castración" que le impide valerse por sí mismo.


Patologización de la envidia y empatía colectiva

La psicología del resentimiento sigue lecturas simplificadas de Nietzsche o Ayn Rand, arguyendo que cualquier demanda de justicia social es en realidad "patología emocional encubierta". Alguien que pida redistribución no sufre por la desigualdad, sino porque padece un "complejo de inferioridad" ante el éxito ajeno. Bajo este prejuicio, la persona "saludable" es descrita a fuer de un ente "100% racional", "hiperproductivo", "emocionalmente blindado" y "autosuficiente". Toda muestra de fragilidad o necesidad de interdependencia comunitaria es tratada como "fallo de carácter" o "pereza moral".


El halago del "despierto" vs. el "borrego domesticado"

Estos influenciadores apelan intensamente a la validación narcisista del seguidor (a menudo hombres jóvenes descontentos). Venden la idea de que su soledad o fracaso no se origina en problemas de habilidades sociales o precariedad estructural, y les llaman "leones rodeados de ovejas castradas". La psicoterapia en este marco se convierte en un entrenamiento para cortar con toda empatía hacia quienes no adopten la mentalidad de mercado absoluto.


B. El discurso anarcozurdito

Tiene raíces en la antipsiquiatría radical, la sociología del conflicto, el abolicionismo penal y la politización extrema de la neurodivergencia. Aquí, el dolor individual se interpreta como "prueba irrefutable" de la violencia del capital y la jerarquía.


La jerarquía como generadora automática de trauma

Toda estructura vertical (Estado, empresas, familia tradicional, religiones/misticismo, relación asimétrica médico-paciente) es "ontológicamente violenta" y genera trauma complejo. Se afirma que trastornos como depresión, ansiedad o TDAH no son condiciones biológicas o psicológicas que tratar clínicamente, sino "respuestas sanas y rebeldes frente a un mundo enfermo". Bajo este prisma, intentar adaptarse funcionalmente al entorno laboral o académico es visto a modo de "sumisión al orden burgués".


La apropiación del "cuidado colectivo" y fiscalización del daño

Hay desconfianza contra la psicología profesional por considerarla "represora" o "punitivista". En su lugar, se proponen asambleas de "escucha mutua", "justicia transformativa" o "procesos comunitarios de sanación". Respecto a los ambientes digitales, semejantes espacios suelen caer en una fiscalización extrema del malestar: los roces interpersonales o desacuerdos ideológicos se tachan de "agresivos", "vulneraciones del espacio seguro" o "muestra de microfascismo interiorizado".

También promueve "rendición de cuentas" comunitaria, que con frecuencia termina en linchamientos digitales o cancelaciones disfrazadas como "proceso de reparación terapéutica", donde los aludidos deben someterse a confesiones públicas de culpa para no ser expulsados del colectivo.


Comunión utópica y paranoia moral

Apelan a personas profundamente alienadas, solas o traumatizadas por la rigidez del sistema actual, ofreciéndoles promesas de grupos con "aceptación incondicional". La trampa surge cuando el coste de pertenecer a esa comunidad exige una hipervigilancia constante de palabras, pensamientos y relaciones personales para no reproducir ninguna "lógica opresora", induciendo estados crónicos de ansiedad y paranoia moral.


06. Señales de alerta para identificar a estos triple malditos

Los profesionales éticos de salud mental (hoy especies en riesgo de extinción) buscan fomentar autonomía, pensamiento crítico y capacidad de introspección, reconociendo la complejidad de la experiencia humana sin encasillarles en dogmas.

Es motivo de desconfianza cuando un (a) influencerdo (a):

-Emite diagnósticos psiquiátricos a personas que no conoce (políticos, colectivos, figuras públicas).

-Asegura que suscribir ciertas leyes, partidos o posturas morales es requisito indispensable para "estar sano".

-Reduce problemas multifactoriales (depresión, ruptura social, etc.) a una sóla causa política o biológica simplista.

-Estimula el desprecio o la deshumanización del grupo antílogo, bajo la excusa de "higiene mental".

-Vende cursos, libros o mentorías prometiendo "curarte/reiniciarte" o "despertarte" del engaño ideológico que los demás supuestamente padecen.

La psicoterapia rigurosa, entonces, se sitúa en una posición equidistante y dialéctica. Frente al solipsismo de derecha, reconoce que el dolor del paciente muchas veces proviene de injusticias reales, violencia, precariedad o entornos genuinamente tóxicos que no son "espejo de su psique", sino realidades externas que requieren límites firmes, confrontación, indignación sana o cambio de ambiente. Sobre el dogmatismo de izquierda, admite que sin importar cuán hostil o injusto haya sido el entorno, el paciente conserva una esfera irreductible de responsabilidad y agencia personal; y sobre todo, defiende que la persona tiene el derecho inviolable de dar el significado que desee a su propia biografía (incluido el aprendizaje tras el dolor), sin tener que rendir cuentas a ninguna ortodoxia política.

¿Te suena todo esto cuando encuentras bombardeos zurdifachos en Instagram, Tik Tok o Facebook? ¿Tienes ahora alguna idea de cuánto ganan económicamente dichas sanguijuelas a costa de envenenarte diariamente? ¿Te puedes preguntar ahora cómo es que se mantienen "incólumes" a pesar de su circo de contradicciones?

Francamente, te pasarías de imbécil si continúas creyendo en su infalibilidad. Bueno, como dice un chiste explícito, "te dejo cortar el hilo de saliva para que tragues bien lo que botaste".

Aquila in Terris

9 de mayo de 2025

Crítica amable u ofensiva, para quienes las merezcan


(The Theosophical Movement, febrero 2020).

[N.del T.: se cambiaron cláusulas imprácticas, redundantes y puritanas].

La crítica es el acto de juzgar los méritos de algo o alguien, con objetos diversos, y puede ser personal (respecto al carácter, conducta, obras o peculiaridades de un individuo) o impersonal (dirigida a labores artísticas o científicas, estudio de textos y documentos históricos, análisis de contenido/estilo o pruebas disponibles, y valorar significados/conclusiones). El tipo periodístico se centra en la actualidad nacional e internacional, editoriales, reseñas de libros y artes escénicas, con miras informativas y pedagógicas para público general e incluyendo participación ciudadana.

La crítica es una actividad relevante que, si se realiza con sabiduría y perspicacia, tiene valor educativo y reformador en aras del desarrollo humano. También puede ser destructiva si quien la formula tiene segundas intenciones, especialmente cuando va contra personas sin considerar la verdad o los principios morales, basados a su vez en la Hermandad Universal y el Karma. Luego de asimilar principios de acción correcta, hay que apartarse del equívoco y seguir hacia el verdadero progreso; por lo tanto, al considerar la crítica constructiva, debemos comprender bajo dichos criterios qué tipo de juicios conllevan malicia, evitarlos con esfuerzo consciente y aprender a elaborar mejores observaciones.

Es un defecto banal en muchísima gente regodearse con las deficiencias de otros o sus actos, ya sean de omisión o comisión. Todos los grandes maestros advierten el peligro de incurrir en diálogos fútiles sobre asuntos ajenos. "No juzguéis, para que no seáis juzgados (...) con la vara que medís, se os volverá a medir" (Mateo, VII, 1-2). Aquí el Nazareno refiere a la ley del Karma retributivo, esto es, que cada acto propio nos devuelve una reacción. Cuando criticamos sin piedad ni motivo al unísono, no sólo nos autodegradamos, sino que recibiremos tratos similares en algún momento. La Hermandad Universal es un hecho porque toda la familia humana se origina, arraiga y constituye por una misma Sustancia Espiritual ubicua y eterna, y todos evolucionan bajo una ley inmutable hacia un destino común; por ello, toda naturaleza o carácter reacciona sobre otros. De ahí que los defectos comunes a nuestra índole sean compartidos por cada unidad humana, el proceder individual haga eco sobre el resto, y cada persona esté circunscrita a cierto nivel por Karma colectivo, o viceversa.

Así, el deber inexcusable e independiente de la clase socioeconómica o tesitura en que nos encuentre el normativo kármico, es pensar, vivir y actuar eliminando nuestras manchas, fortaleciendo virtudes y preparándonos para el servicio universal. A medida que alguien mejora en carácter y rasgos éticos, avanza toda la familia humana, aunque sea imperceptiblemente; asimismo, nadie puede pecar ni recibir efectos análogos sin crear problemas externos. En otras palabras, los resultados del Karma individual se distribuyen por toda nuestra especie. Al insistir en malos pensamientos/obras o defectos ajenos, les atraemos por descuidar el autoanálisis y entrometernos en asuntos extrínsecos, sufriendo "contaminación" de naturaleza y carácter por hipocresía. “Es mejor cumplir con el propio deber, aunque carezca de excelencia, que observar bien el ajeno. Es más preferible morir en el cumplimiento del propio deber, pues el foráneo está plagado de peligros” (Bhagavad Gita, III, 35). O incluso: “La suerte que recae sobre el malhechor también la comparte quien lo denuncia [con mala fe]” (Bhagavata Purana, skanda 1, cap. 17, verso 21). El Dhammapada sostiene: "Es fácil ver las faltas ajenas, y difícil considerar las propias. Se avientan las primeras como paja, ocultando las otras cual tramposo que disimula un juego perdido" (verso 252).

La regla de oro -indicada por los Mahatmas- es criticar un acto si lo exige el deber, pero nunca a la persona; de ser así, el motivo será subsanar el equívoco y ayudar al infractor a enmendarse, siempre que éste asuma su responsabilidad sin rodeos. Las excepciones palmarias son muchos "representantes dicotómicos" y "peces gordos" en el poder establecido que siguen empeorando la política, a pesar del escarnio anticorruptela en medios de prensa [chaqueteros]. También es una grave falta kármica hablar de modo lesivo o calumnioso acerca de un particular ausente. Si es necesario reprender actos indinos, hay que dialogar cara a cara con los culpables anteponiendo una diplomacia firme y honesta (...).

Es menester observar ciertas normas de sentido común si se recurre a la crítica. No deben entrar elementos antojadizos en reseñas del trabajo por autores, artistas, etc., sino ejercer parámetros imparciales y conocimiento profundo del tópico, garantizando honradez. Tampoco es admisible citar declaraciones fuera de contexto, ni atribuirles significado ajeno a la intención real. Como todo hecho humano conlleva errores eventuales, el peritazgo debiera incentivar mejorías amistosamente. El ámbito del periodismo incide en los criterios públicos, y detenta una gran responsabilidad al aplicar códigos de conducta que estén por encima de lealtades estrechas y patrioterismos. "Un verdadero teósofo debe ser cosmopolita y filantrópico en su corazón (...). Es mucho más noble amar a los semejantes sin priviegios de raza, credo o casta, que ser sólo un 'buen patriota' o exaltado. Medir a todos con igual vara es más santo (...) que ayudar al país en sus ambiciones ocultas de engrandecimiento, disputas o guerras sangrientas, conducidos por AVARICIA y EGOÍSMO" (HPB Series n° 33, p. 44).

Este principio crucial debe aplicarlo todo ciudadano responsable y en honor a la Verdad. Algunos fenómenos exigen pelear contra perjuicios sociales/individuales como la violencia psíquica de imponer actitudes mojigatas, distinciones étnicas o de casta arbitrales, mentiras promocionadas bajo disfraz de "moral" y "condena" religiosas, falsas creencias sostenidas por sectas, grupos "tradicionales" o "plásticos", corrupción en altas esferas, etc. "La Teosofía debe combatir la intolerancia, el prejuicio, la ignorancia y el egoísmo, ocultos con hipocresía. Debe proyectar todo el fulgor posible desde la antorcha (...) que se os ha confiado, sin temor ni duda por reprimendas o condenas. A través de su portavoz, la [entonces] Sociedad Teosófica, tiene que decir la VERDAD frente al ENGAÑO; desafiar monstruos en su guarida, sin apocarse ante malas consecuencias, y rechazar calumnias o amenazas. Como Asociación [tuvo y perdió] el encargo de desenmascarar vicios y hacer todo lo posible para enmendar agravios, por sus oradores seleccionados o la palabra impresa en revistas (...) velando que las denuncias, sin embargo, sean lo más impersonales (...). Ante todo, los miembros deben dar ejemplo de una ética firmemente delineada y práctica, previo a adquirir el derecho de denunciar, incluso con gentileza, la falta de unidad ética o propósito similar en otras asociaciones o individuos" (ULT Pamphlet n° 22, p. 12) (...).

La verdad y los métodos de violencia legítima escandalizan a quienes adoran hacerse los "simpáticos", gánsteres o "víctimas" para continuar produciendo daños lucrativos; en cambio, una persona de conciencia normal o cierta madurez puede sentir dolor, pero es capaz de corregirse por su bien y el de otros (...). Ciertamente genera amargura comprender y abandonar tónicas de pensamiento y acción inveteradas, que repiten ideas ficticias u obstaculizantes de la felicidad humana real. En el largo plazo, evadir problemas resulta más destructivo que analizarlos y ponerles término. William Judge agrega: "No puede haber sino buenos resultados al cambiar una creencia falaz, ilógica y oprobiosa, si se proporciona en su lugar un sistema completo y razonable (...). Esta 'gran humanidad huérfana', ahora adulta, ya no necesita los juguetes de hace mil años, sino retirar todo velo como exige el poderoso flujo actual, exponer toda mentira y encender los faros que la guíen en su duro camino" (Vernal Blooms, p. 20-21).

El "Morador del Umbral"


(The Theosophical Movement, agosto 2015).

[N.del T.: se hicieron cambios sustanciales para evitar mojigaterías y falacias].

El ser humano es una mezcla de bien y mal, divino y demoníaco. En una persona común, esas tendencias existen como grupos de fuerzas complejas o mezcladas, pero cuando decide alcanzar una meta espiritual y permite que su naturaleza superior lo gobierne, las tónicas se separan en dichos contrarios, representados en el Bhagavad Gita con los ejércitos Kaurava y Pandava. Arjuna simboliza a quienes desean trabajar su mejor naturaleza, enfrentándose a los apetitos inferiores "que tienen su base de acción en el astral y otros planos ocultos". Sabemos que es necesario cruzar un umbral o "límite" antes de entrar en un recinto o casa; de igual manera, cuando pasamos de la índole familiar, personal o mundana a otra mística y "extraña", hay que vencer el mal en nosotros, la comunidad donde pertenecemos, el país, etc.

William Judge enseña que el "Morador" es una influencia maligna combinada, secuela de pensamientos y actos dañinos de la época en que vive todo ciudadano. Según Blavatsky, antes de ingresar a una Vida Superior el chela no sólo está llamado a encarar sus impulsos siniestros (expresos o latentes), sino también los reunidos en su entorno, es decir: a) aquéllos comunes a él mismo y su familia; b) los propios vicios rutinarios y del país, y c) las inclinaciones suyas y de toda la humanidad.

Se dice que los niños temen más al "diablo" que a sus padres o maestros con bastones, porque el dolor mediante palizas es real, pero nunca desaparece el miedo a lo desconocido e invisible. Robert Crosbie explica que todo ser humano puede considerarse como "centro de un círculo", y ese ámbito contiene todas las experiencias y el conocimiento adquiridos. Visto que cada encarnación incluye estos rasgos, dicho círculo se divide en al menos siete partes o "barreras" con tipos particulares de conciencia y sustancia, las cuales nos rodean e impiden obtener el lado espiritual. Si queremos avanzar -incluso allende lo físico-, es necesario cruzar esos "límites" imperceptibles a los órganos sensorios, donde viven los atributos diabólicos y egoístas en nosotros, despertándolos en toda su fuerza para dominarlos. Al inicio emergen "pequeños habitantes" del umbral, y su antagonismo es evidente aunque no asuman "formas" concretas.

Toda persona construye su Morador, el cual se hace robusto en aquéllos sinvergüenzas que manipulan la espiritualidad o psicología con fines "políticos", abusan de su ingenio o férula contra desvalidos e incautos, los mendaces/embusteros, fanáticos, influencers narcisistas, desinformadores paranoides, etc. En un principio, los pensamientos, emociones y actos egomaníacos o crueles no parecen tener efecto en nosotros, y terminamos por olvidarlos. Pero ellos no se borran, sino que permanecen en la esfera astral invisible que nos circunda, y al asociarse ésta con aquellas ondas, aparecen figuras vinculadas magnéticamente con los autores de esos daños. Si bien es posible que una hechura no sea definida al comienzo, tarde o temprano instigará sensaciones de horror o miedo, fortaleciendo su presencia.

Todo lo que entra en conflicto con el bien es obra del Morador. Vivimos en Kali-Yuga, una era enardecida por egoísmo, competitividad granuja y desplome de valores éticos. Nos influyen también los sentimientos, ideas y acciones de otros, por lo que si no estamos alertas reforzarán nuestra "carga". Crosbie señala: "El Morador más grande se nutre de pereza, dudas, sospechas, miedos y carencia de fe (...) que deben superarse a través de confianza absoluta en nuestro poder de aprendizaje y la Enseñanza" (...).

El autoexamen regular es obligatorio para reconocer las manchas y fortalezas del carácter. Sabemos lo arduo que será el proceso antes de dominar bríos inferiores, perseverar en aspiraciones o propósitos místicos, y no dejar que se desvanezcan por merma de voluntad. Al tenor de los "honorables" ejemplos previos, podríamos hallar que nos creemos muy "sabihondos" o "preferibles" y denigramos en "hipocresía de guante blanco" o violencia dicotómica a los que "piensan distinto", sin observar nuestros defectos. A menudo, esto crea el disparate de que "siempre tenemos razón y los otros se equivocan", construyendo así gruesas capas de orgullo, autoimportancia exagerada o conceptos pervertidos del "yo", los enemigos más difíciles de abordar.

En su texto Essays on Contemporary Events, Carl Jung declaró que existe un engarce biológico entre los procesos inconscientes y la actividad mental consciente, donde cualquier desdoro -como exageraciones o prejuicios- se complementa con un aspecto inconsciente. Si dicho movimiento compensatorio no se integra en la conciencia de alguien, provocaría neurosis o trastornos psicóticos. Por ejemplo, podemos hablar sobre las grandes verdades del Karma, el renacimiento, Fraternidad Universal, u orden y armonía cósmicos, pero si no se practican en la vida diaria, siguen en nuestro inconsciente causando desequilibrios, y la acumulación de estas ideas provocará el colapso del sentir ético. En caso que los "criterios" sean de caos o "desparramo" mental hacia temas perjudiciales y superfluos, volverá a surgir conflicto mientras la mente "de vigilia" busca balance.

Hay ocasiones en que descubrimos el propio contenido psíquico-inconsciente en otras personas, y no "siempre" como aseguran los títeres lamesuelas de duopolismo obsoleto, cada vez más brutos o "finolis" para controlar audiencias. Pese a tener reflejo en sus antílogos, ninguno reconoce la "sombra" interna que se convertirá en su peor pesadilla, sumando los chequeos erróneos que hacen de sí mismos y el entorno. Conforme al psicoanálisis, estos parapléjicos morales de (anarco-) izquierda y (anarco-) derecha son el "arquetipo sublime" de culpar a circunstancias externas y olvidan que "nada podría explotar en ellos si no hubiera estado fuera". Pero claro, les cautiva teatralizar de "bravos" continuando sus peleas artificiales, en vez de empeñarse por comprender y destruir demonios ínsitos. "Nadie que vea sus errores puede ser un caso perdido", dijo Crosbie, y ciertamente es mejor saber que los adversarios más peligrosos están en el corazón.

Cuando una u otra persona están enojadas o irritables por caprichos frustrados, debieran intentar ver en sus conciencias polutas el "yo" inferior, y sin rebajarse mutuamente; caso contrario, los elementales imbuidos con ira se abalanzan sobre ellas y vuelven a "alimentarse" con irritabilidad. Si el intercambio persiste, surgirá un "morador" mucho más difícil de destruir que controlar sentimientos bajunos. Tras adquirir fuerza, puede convertirse en hogar de un "espíritu" lesivo, y los particulares comprometidos se obsesionan con este influjo.

Para no llegar a dicho nivel, nuestra tarea principal es cohibir actitudes irracionales o prescindibles. Ante todo, lo ideal es escuchar al adversario y seguir el camino que aconseje el Gobernador Interno [Manas/Ishwara], al objeto de evitar corrompernos en laberintos de fariseísmo, depresión, derrotismo o ensañamiento. De esa manera aprendemos a vivir y reflexionar con mayor pureza de miras, socavando hasta cierto punto las arremetidas antagónicas.

Por ende, las virtudes a trabajar son, entre otras: el cultivo de aspiraciones benéficas y limpias; voluntad firme contra estilos perezosos; recusar temores pueriles, supercherías y dogmas ciegos, y renunciar a insultos, enconos y malicias con bondad o perdón estrictamente merecidos. Sin embargo, y como va el mundo, no se suele oír a la conciencia porque "no vende" (...). Es fundamental determinar qué anhelos predominan en nosotros, pues las metas egoístas, más que cualquier otra cosa, obstaculizan el ejercicio del poder espiritual (...). En esta vida o alguna serie de existencias anteriores, contribuimos a crear rasgos tanto buenos como malos, y no podemos soslayar efectos (...). Nadie actúa aislado; todos estamos anexos en planos sutiles y nos afectamos de continuo.

En sánscrito, Punya-Purusha es el nombre que tiene la fuerza benigna que debilita al Morador. Bahman Wadia escribe: "(...) con su ayuda, lo expulsamos del interior, y después nos atormenta desde fuera (...). Existen algunos misterios sombríos relacionados con el tema. Los mejores escudos son una conciencia tranquila, pureza de magnetismo y el acendramiento corporal. Seguramente vencerás dificultades si persistes en la atención y fervor correctos".

7 de octubre de 2024

Víctimas reales vs. falsas: ¿cómo distinguirlas?

Por Juan Álvarez, medium.com, febrero 2024


[N.del T.: a) véanse también: enlace 1/enlace 2; b) los acápites entre corchetes no forman parte del texto original].

En nuestra sociedad moderna y bizantina, la imagen del "desvalido" o la "víctima" adquiere gran envergadura. La aptitud de presentarse como blanco de una injusticia u opresión es un talante poderoso que puede influir en audiencias políticas, culturales y mediáticas, pero detrás de esta apariencia vulnerable e indefensa se esconde un territorio muy sutil en que lo verdadero se entrelaza con la manipulación.

Este sucinto artículo explora el cenagoso ambiente de la estrategia de victimización, desentrañando sus facetas, examinando sus repercusiones y aclara de qué manera puede identificarse a quienes la utilizan con malos designios.

Cuadro-resumen, taller “Truth, Reality and Opinion” por Juan Álvarez.

El artificio de victimización consta de figurar a modo de "presa" por injusticias o abusos, una táctica que emplean tanto individuos como grupos en diversas escalas de la vida social. Apelando a la empatía, solidaridad e indignación, quienes adoptan ese rol buscan ganar apoyo y afecto. Sin embargo, es necesario comprender que dicho método no es exclusivo de los verdaderamente oprimidos: muchísima gente se sirve de él para manipular, obtener dominio o incluso desviar la atención de sus actos cuestionables.

Las resultantes de victimización falsa pueden ser perjudiciales. En el ámbito político intensifica el extremismo y desencadena episodios de violencia; los medios comunicacionales siembran desinformación que tergiversa la realidad, y respecto al ambiente farandulero, aprovecha las emociones de seguidores como vimos en el caso de Amber Heard y Johnny Depp.

A pesar de las críticas que han recibido por sus posturas, famosos como Donald Trump y Russell Brand denuncian que los medios tradicionales los “censuran”, pero si analizamos el contexto más de cerca, se observan otros matices.

Durante su campaña de 2020, Trump se quejó con frecuencia de la parcialidad hostil de los medios en su contra; no obstante, esa narrativa se queda corta si ponderamos su enorme alcance en las plataformas Truth Social y X [ex Twitter]. Con millones de acólitos, él tenía un diálogo directo y sin filtros, eludiendo cualquier barrera percibida por sus oponentes. De esta guisa, la afirmación de "ser perseguido" suena hueca frente a su acceso sin límites a una vasta audiencia en línea.

De manera análoga, y pese a enfrentar críticas por sus opiniones provocadoras, Russell Brand [el "ícono caído de la izquierda británica"] mantiene una presencia sólida en los "reinos" digitales de YouTube y Rumble, que le ofrecen amplias cobertura y férula sobre la distribución de contenido, y asimismo una voz significativa más allá de los canales ortodoxos. Si bien el actor puede sentirse mal representado por ciertos medios, su capacidad para conectar con audiencias en sus propios términos socava los alegatos de estar siendo "reprimido".

Si bien la estrategia de victimización puede brindar ventajas temporales, sus consecuencias indeseables y trascendentes pueden desmantelar el tejido social. No es fácil reconocer a "propietarios" de este ardid, pero hay señales específicas. Quienes perpetúan esa conducta suelen focalizarse obsesivamente en sus problemas, buscando de continuo la compasividad o atención foráneas, y desplegando su "estatus" como moneda de cambio para obtener beneficios o evadir responsabilidades.

Es fundamental mantener un espíritu crítico y muy agudo frente a dichas narrativas, sin aceptar ciegamente representaciones mendaces. [A todo esto, agréguese el carácter cuasi-criminal entre varios "psicólogos" lambetas de equiparar el concepto de perseverancia con "obsesión por justicia", lo cual ilustra su "gran profesionalismo" para eludir hechos tangibles en la politiquería que defienden].


Si eres víctima real:

-Reúne evidencias de lo que padeciste o sobrellevaste: documentos, fotografías, testimonios, reportes, etc.

-Busca apoyo de amigos, familiares, terapeutas o abogados para obtener orientación y respaldo.

-Considera recurrir a profesionales para comprender tus derechos y seguir los cauces legales apropiados.

Para fines ventajistas [allá tú con la conciencia...]: Previo a utilizar este plan, asegúrate de haber recibido injusticias fidedignas, y evita exagerar o inventar historias, sincerando tus motivaciones.


Rasgos de las víctimas falsas ["chupasangres" del sistema]:

-Crean narrativas convincentes y sensacionalistas que les retratan como "blancos" de circunstancias o abusos, independiente de la verdad real.

-Inventan fábulas con atractivo emocional, resaltando sus "luchas" y "dificultades".

-Buscan plataformas o audiencias donde la simpatía y el apoyo estén más disponibles, y comparten sus mentiras estratégicamente.

-Construyen alianzas con personas o colectivos que agrandan su blablablá de victimización, otorgando mayor "gravidez" charlatanesca.

-Mantienen cierta coherencia en su representación de victimismo, evitando contradicciones que pongan la fama en peligro.


Para detectar a alguien que se hace la "víctima":

-Aplica criterios escépticos frente a quienes cotorrean de sus "desafíos", y se presentan con la tarjeta de "míseros" perpetuos [o hacen creer a la gente que "mi causa es vuestra causa"].

-Analiza si están empleando su condición "desvalida" para ganar notoriedad o beneficios personales.

-Busca patrones de comportamiento donde ellos exploten su rango "indefenso" para manipular a otros o evadir responsabilidades.


Para desmontar falsas narrativas:

-Cuestiona la validez de victimización difundida por particulares o grupos. Examina la evidencia y compara minuciosamente los asertos para descubrir incompatibilidades.

-Consulta otras fuentes y perspectivas para comprender mejor la situación. Interactúa con quienes tengan ideas alternativas, o pruebas contradictorias con miras a evaluar pamplinas victimistas.

-Fomenta la rendición de cuentas y transparencia, promocionando plataformas o iniciativas que prioricen la búsqueda de la verdad y hechos más precisos. Apoya el periodismo de investigación y los grupos que verifican datos independientes contra chorradas tendenciosas.

-Propugna diálogos abiertos y constructivos a fin de estimular críticas veraces y comprensión mutua. Genera espacios donde haya perspectivas múltiples, y participa en debates con reglas definidas para rebatir de modo contundente la victimización falsa.

-Promueve empatía y empoderamiento, destacando las experiencias y voces de gente que ha superado genuinamente adversidades o injusticias. Celebra la resiliencia y fortaleza ante los contratiempos, inspirando a rechazar victimistas ideologizados y aceptando la autonomía personal.

En definitiva, la técnica de victimización deja entrever síntomas molestos que exponen tanto el perjuicio verdadero como la manipulación calculada, lo cual nos permite discernir entre matices y resultados. El periodismo, en su función [no tan admirable ni 100% objetiva] de proteger la verdad y lo íntegro, tiene el deber de iluminar dichas sombras y contar lo real que se esconde en las narrativas propuestas, acercándonos así a la clave para preservar empatía y justicia verdaderas en nuestros países.

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[Si pasaste o te hallas en un contexto de injusticia flagrante, tienes los elementos demostrativos y tus propósitos son honrados, sé fuerte y que ningún excremento (anarco-) zurdifacho, "religioso" o neoeristucho secuestre tu dignidad. Que nadie ni nada te haga callar o persuada de hacerlo, y ojalá tengas el éxito y las compensaciones que mereces. Y si eres falsario (a) de victimización o cómplice pasivo (a), que se te devuelva toda tu maldad y sufras lo indecible todas las veces que sea necesario, porque no conoces otra forma de aprender].

5 de octubre de 2024

La patología del victimismo zurdifacho y hedonista


Es bien conocido el adagio por Marco Aurelio que sostiene: "Quien corre tras los placeres, no puede evitar cometer alguna injusticia". Muchos deseamos vivir y morir de buena forma, y en lo posible, inspirar a otros en su búsqueda de sentido vital. Al mismo tiempo, una horrenda mayoría no se interesa por aprender que estamos llamados a conseguir y practicar el criterio de la moderación, lo cual implica actuar siempre -y por sobre cualquier amenaza ideológica, incluyendo sus extremos perdedores- del modo más despierto, porque así lo exige nuestro sentido de conciencia natural, y el Universo del que formamos parte no suele funcionar en modo arbitrario. Y a pesar de ello, ¡con qué desparpajo esa manada de libertinos claudica a vivir de modo responsable y cae en el victimismo duopolista, por representar el camino más fácil! ¿Cómo piensa y vive un hedovictimastro? Veremos a renglón seguido algunos de sus comportamientos cíclicos.

Un hedovictimista suele pertenecer a cualquier oficio o profesión, y su objetivo es minimizar/exacerbar siempre la gravedad de problemas a nivel individual o colectivo, viviendo por tanto en rencores pasivos: todo le ocurre "porque sí", haciendo que estos monstruos de avaricia y resentimiento seculares nunca asuman responsabilidad o autocríticas, o si las elaboran, proceden del modo más hipócrita o tangencial posible; tampoco "se equivocan" ni aceptan denostaciones merecidas, y sólo se nutren de la "compasión" y el "consuelo" de sus feligreses subnormales. Los hedovictimistas, prefiriendo no correr el riesgo de seguir el difícil camino medio, se pasan la vida en reclamos contra el malentendido hacia sus "libertades", que achacan como origen principal de obstáculos. Así, vemos que el "trabajo" de un victimista zurdifacho resulta muy conveniente pues no necesita apostar por nada que esté fuera de "lo establecido", que él mismo contribuye a edificar durante sus periodos de maldad premeditada.

Los hedovictimistas de duoimbecilidad lamentan no tener las oportunidades que "los otros" les bloquean (pensando "ellos sí se salen con la suya, y nosotros no"), pero son incapaces de construir una mentalidad propia, o les parece "insatisfactoria" para hacer algo realmente constructivo con sus vidas-soretes, por cuanto creen más juicioso (o "políticamente correcto") reprimirla o ignorarla. Piensan que los demás "les hacen la vida imposible" para llegar a ser lo que desean y pudieron llegar a ser, una oligomanía recurrente y autodestructiva que deviene su "aria" predilecta, venero de culebreos psíquicos y trasfondo de pseudo-existencia patética.

Un hedovictimastro comunidiota o capitalidiota (da igual el tipo de régimen) suele exhibir grandes medidas de conducta narcisa o paranoica, que encubre maravillosamente de optimismo falso o prepotencia petulante, de acuerdo con sus planes o el contexto donde les corresponda alardear. El primero de ellos se adscribe a una sensiblería extrema sobre lo que sus partidarios o enemigos "deben/deberían llevar a cabo" o "estar cediendo por ellos", y la segunda por un modo falaz de pensar y vivir: como su "sistema soñado" se ve en "tan malas condiciones" -o no puede concretarse- y esta gentuza fingida necesita "destacar" por ser una caterva de plagios bípedos y miserables, creen que lo mejor es polarizar más los problemas, renovar querellas y dárselas de "justicieros" denunciando el "pésimo estado" de la humanidad o sus países, para continuar insultando y responsabilizando a quienes, en su juicio pautado del establishment, son la causa de tantas opresiones y desgracias en sus trincheras.

También hemos de explorar su obsesión extralimitada por "justicia", lo que absurdamente bloquea toda instancia de debate maduro en la arena político-administrativa de nuestro tiempo. Esto se convirtió en la otra cara de su hedovictimismo comercial y animalizante, rehusando valorar las situaciones conflictivas en forma imparcial, y argumentando que "la culpa siempre es del otro bando", cuya solución pasaría por "transmutar" ese factor, pero casi nunca emprendiendo acciones coherentes ni razonables que perduren con el tiempo. Lo más obvio que apreciamos en estos adefesios repugnantes es su teatro contumaz de hallarse en "vulnerabilidad" recíproca, haciendo de ello su "convicción" para delinear el "discurso justiciero" que les otorgue una "eximiente". Incluso esparcen dicha perorata a otros detalles o facetas donde simplemente no es aplicable: por ejemplo, decir que "la religión/espiritualidad está en peligro por ciertas tendencias nihilistas y negacionistas", versus "la materia es el reino supremo y no hay nada más fuera de ella", mientras Helena Blavatsky ya consignaba en la década 1880 que las estulticias canónicas en el cristianismo parieron irremediablemente a los ateos sañosos e infantiles que hoy rebaten la putrefacción conceptual de aquéllas, sin que hasta hoy los actores comprometidos muestren voluntad de subsanar fechorías.

Cuando estos monstruos manipuladores se ven sobrepasados ante la cruda realidad, huyen de las consecuencias de sus actos o influencias y aplican ese patrón de pensamiento a otras áreas. Para ellos, el negocio multimillonario se sostiene gritando a los cuatro vientos que "algo o alguien externo" tienen que responder por su infelicidad, y no contentos con eso, infectan al resto de la gente a través de codicia y acrimonia sectarias, perpetuando la "neurosis culpabilista de oídos sordos" en familias, entornos laborales, jefaturas, sindicatos, relaciones de pareja y otros ámbitos. Lo fundamental es evitar a toda costa que más ciudadanos cuestionadores se atrevan a abuchear el espectáculo, pues entonces "los de allá arriba" se acogen al mantra de que "si el sistema es abusador contigo, es porque no te comprometes con la dicotomía que imponemos".

En conjunto, esos detalles preparan el terreno para saturar los medios comunicacionales con actitudes pseudocontestatarias que exigen "cambios foráneos" o a "nivel mundial". El objetivo de mayor relevancia es bombardear a los receptores con premisas ético-morales birladoras, de tal guisa que terminen considerando todos los problemas más urgentes como meros "errores" o "falencias", y que "no hay en absoluto ninguna voluntad de dañar"; es decir, las obligaciones de honor incumplidas por sedicientes "autoridades" o sus influencerdos pelotilleros se traspasan a la ciudadanía, y en esta labor es crucial el apoyo de un ejército de psicolobastardos condicionados con fobia a la parresía, que tan bien inculcaran los pioneros del cinismo filosófico y sus continuadores modernos. Estos malnacidos, pazguatos y rancios útiles del prostipolio político, al permanecer alejados de la honestidad, esperan entonces que si los demás les otorgasen lo que anhelan, o fueran objeto de mayor "compasión", nunca les darían motivo para iniciar discusiones o pleitos, etiquetándose mutuamente de "tacaños", "envidiosos" e "inoportunos".

El enfrentamiento entre obsesiones hedonistas o de falsa espiritualidad suele rendir personas muy torticeras con los demás o consigo mismas, incluso cometiendo delitos de múltiples niveles. La trampa de su lloriqueo victimista es hacernos creer que, como están en un rango polarizado de "desventaja" y no quieren abandonar la inoperancia en puestos de mando, justifican su "privilegio" a tratar con desprecio toda iniciativa de conciliación honesta y moderada. Es imposible que estos "justicieros" de microtestículos/microvarios e improvisadores de "certeza absoluta" y dicotómica sean sólo "ignorantes" atrapados en delirios, incluyendo la mencionada tropa de psicolotipejos entrenados en la moda del "blanco/negro", y no por las "razones" que elucubran, sino porque están habituados a la autocompasión enfermiza por sus inseguridades y frustraciones vomitivas, regándolas como orina a guisa de pretextos para demorar una y otra vez la consecución de metas más nobles.

Los manyaorejas zurdos y fachos, sumidos en el hedonismo antieutrapélico, tienen por costumbre pasar del análisis a la rutina podrida del prejuicio; es más, su "razonamiento" está concebido o diseñado para autoconvencerse y sermonear a las masas de que "lo más importante y sublime es lo que se nos antoja hacer, ahora y ya". A esta clase de bestias podríamos ilustrarla con un refrán de María Zambrano: "Todo extremismo destruye lo que afirma". Siempre es posible hacer algo que no esté dictado por semejantes prostitutos de facilismo, incluso en situaciones extremas, como muestran los ejemplos de quienes han sabido -y saben- afrontar eventos aciagos de manera sobria y con plena confianza en los dictados de su temperancia disciplinadora. Los hedovictimistas escogen, no obstante, vivir en calidad de verdugos falsos y maníacos, lo cual les permite compararse constantemente, envidiar, calumniar o pisotear. Diseccionan los errores de otros, pero tampoco actúan de conformidad con principios éticos universales, quizás soslayando que los electores u oponentes les retribuyan con el mismo mal que tanto temen. El hedovictimista bipolar encarna el modelo de despojo humano que encubre sus fracasos -o traspiés- porque opta directamente por culpabilizar a las "fronteras enemigas" y renuncia a construir armonía en su vida, sin controlar sus pasiones animales, vericuetos literatuchos o paranoias asalariadas.

El mayor equívoco de la actitud hedovictimista es su visión antojadiza de la vida. En el fondo de ese tártaro espumante, las arpías de esta calaña no creen en liberarse de la egolatría ni en el deber que tiene toda persona de dominar sus impulsos salvajes, menos aún la posibilidad real de sobreponerse a las malas experiencias o enseñanzas falaces provenientes del sistema o su entorno inmediato (familiar, educativo, económico, político, etc.), lo cual surte graves efectos en el plano personal. A su vez, cuando dicho enfoque logra una injerencia más amplia -tanto en Occidente como Oriente-, produce angustia, resentimiento e insatisfacción a escala social, y es precisamente esto lo que sirve de carga en los disparos de furcios doctipalurdos contra los individuos más perceptivos y honrados que se niegan a rendirles pletesía. Un caso especial son algunos "pedánticos" y lloricas chingones referente al alza de votos nulos en comicios, calificando el descontento neutral de "antirepublicano", "antidemocrático" y hasta "incivilizatorio".

Ante ese panorama, es necesario recordar que el hedovictimismo es grosero para quien está convencido de que nada ni nadie, ni siquiera las sabandijas demoníacas con tufos "libertarios" y de cualquier tribuna similar, puede impedirle ser o vivir de modo conscientemente autónomo, en estrecho vínculo con su sentido ético. Nada ni nadie puede sustraerle la libertad más radical y profunda de menospreciar y combatir la obsesión por lo material u otro tipo de fanatismos, muchísimas veces disfrazados como "credos respetables", y de tomar decisiones o juzgar por sí mismo incluso con violencia razonable de palabra u obra. Empero, cuando los hedovictimistas duopólicos se consideran "encarcelados" por la "irresponsabilidad" o "inmadurez" de sus adversarios, no demuestran intenciones de ejercer dicha autonomía, negándose a aceptar y gestionar el caos cotidiando generado por ellos, y así pretenden "aleccionar" mediante rebeliones y llantinas por lo que denominan "injusticias" provenientes del bando antílogo. No les conmueve la idea de convertirse en personas de bien aceptando las dificultades en su extensión real ni sacar de ellas las mejores enseñanzas posibles, y en su lugar se autodestruyen y denigran más porque no asumen esos obstáculos "injustos" sin afrontarlos en la verdadera libertad que sólo ofrece el vilipendio perdurable y furibundo a la codicia y el sensorialismo, sean cuales sean sus variantes.

Para vivir libres de coerciones materialistas, es necesario aceptar y estudiar el origen de todo desequilibrio humano, por más incómodo que pueda parecer. Los extremos idiotas del optimismo/pesimismo nunca han enaltecido a nadie en el largo plazo -excepto los bolsillos de tiranos bipolares y estercorarios-, inhibiendo permanentemente la mejoría o transformación eficaces de sociedades, instituciones o países. Quejarse por caprichos personales o grupales que pierden fuerza o interés es uno de los actos más ridículos y fútiles que pueden existir; de hecho, hoy es una forma "aceptable" de autoamargura, y de ese modo los hedovictimastros del "mal menor" tienden a corroerse por quebrantos "representativos" de generaciones enteras.

Los chupadores crónicos del duopolivictimismo son miedosos de primera, al no reconocer los errores o adversidades engendrados en su ignorancia comodona, sin admitir necesidades y obligaciones de crecer o madurar. En su soberbia infinita se creen "resistentes", olvidando que desde los grandes males pueden emerger provechos impensados, toda vez que las partes implicadas abandonen sus cárceles sensorias y de onanismo mental. Esas facciones podrían aprender mucho unas de otras, pues les permitiría actuar más allá de sus límites auto- o interimpuestos, en lugar de quejarse, culparse y victimizarse en la arena del hedonismo abyecto. Si estos gorrones despechados adoptaran esa óptica, se sentirían incluso agradecidos con sus oponentes y las situaciones creadas de mutuo infantilismo. Pero por desgracia, aún hoy vemos que el aprecio genuino es lo más contrario a la babería hedovictimista del rameropolio, una enfermedad que no conoce sitio en la riqueza interna de toda persona que transite el camino del refrenamiento, la agresividad ética y el realismo antimanipulador.

Aquila in Terris


10 de septiembre de 2024

Oye, prostisofista, ¡nadie te debe nada!


Por todas partes encontramos sabandijas "espirituales/altruistas" o "incrédulas" que con una mano promueven y perpetúan injusticias o desbalances en pos de sus interese$ creados, y con la otra seducen mediante discursos de "tolerancia", "amabilidad" y "lucidez". Esta clase de monstruos (anarco-) zurdifachos no logra dominar sus mentes-emociones desequilibradas, con anclaje obsesivo en el pasado y futuro, y se repleta de especulaciones oscuras, miedos e inseguridades por muchas formas de rencor, ya sean motivadas en dictaduras, guerras civiles, expropiaciones, crímenes de lesa humanidad, malpraxis o teorías conspirativas, amén de sus estrategias para hacerse daño mutuo o anticipar movimientos.

No desean que les examines ni analices sus móviles sórdidos, ni ates cabos para entender cómo se las arreglan al objeto de continuar sus piruetas manipuladoras. Lo que más les agrada es romantizar o condenar en un modo fanático la "riqueza" o "pobreza" materiales, desdeñando por completo el escarmiento histórico de mucha gente acaudalada que terminó en miseria, puesta en prisión o muriendo a manos de delincuentes, y otros tantos ex-menesterosos (o los típicos "don/doña nadie") que "llegan arriba" y pierden su prestigio o bonanza, todo en nombre de los VICIOS que les condenaron merecidamente a esos destinos... por ser haraganes de consciencia.

Semejantes pelagatos son el origen real de la psicopatía bipolar y ultramaterialista que afecta a millones de personas en todo el mundo, haciendo de las redes sociales su medio favorito para conseguir "admiradores" o "ayudantes". Toda su perorata de monomanía la centran en el falso "equilibrio" entre materia-espíritu (tal vez ellos vivirán en ambientes perfectos, quién sabe) y socavado por ellos mismos, pero son los primeros idiotas en hacerse las víctimas cuando alguien o algo les hace daño o expone sus mentiras. Son ellos los responsables de esclavizar con ojerizas premeditadas, sádicos infernales que encuentran gozo en ventilar sus psiques tormentosas y buscando apoyo de pelmazos útiles en todas las clases sociales.

Durante siglos, muchas "autoridades" religiosas y políticas (incluyendo cómplices) se esmeraron intencionalmente para hacer que la educación ética no fuera parte del desarrollo humano íntegro, y en vez de eso instauraron dogmas a sangre y fuego, retrasando en cada oportunidad el avance correcto y armónico de nuestra especie. Hoy están pagando las consecuencias, y seguirán rindiendo cuentas carísimas, no obstante sus "consejos-tapadera" de practicar "relajaciones", "introspección contemplativa" o "emplazamientos inconcusos" que siguen estando dentro de marcos fisicalistas y "balsámicos".

Es una vergüenza mundial que las tendencias místicas más "importantes" sean todo un ejemplo de acobardamiento en su cometido, vendiéndose al (anarco-) zurdifacherío cortoplacista. De esta forma, es evidente que muchísimas "personas", a pesar de elegir torturarse con mentes/sensaciones desbocadas (propias o foráneas), no tienen las agallas de hacer sacrificios para alcanzar la verdadera felicidad, repitiendo ciclos de perfidia como su "herencia más sublime" para las generaciones venideras.

Ahondemos un poco más en las "cualidades" de estos holgazanes e inmaduros. En general, podríamos distinguir tres tipos de lamesuelas pro-sistema:

a) Gandules éticos. Siempre utilizan los conceptos de bien/mal con fines malévolos, encasillando de "maniqueos" a los individuos más atinados que saben poner límites. Se sabe que los psicópatas politicastros y terminales (es decir, quienes ya perdieron todo nexo interno con su consciencia) se comportan con fingimientos para atraer secundantes, y suelen alardear de mucho carisma, cometiendo sus salvajadas toda vez que las presas no oponen resistencia.

Apenas olfatean que están siendo descubiertos, dichos soberbios y lamepatas con ínfulas de "impermeabilidad" despliegan el rol de víctimas a su antojo. Esta clase de charlatanes suele imponer su "ética a la carta", fluctuando entre amabilidad y prepotencia, y como creen vivir en un mundo "hecho a la medida", nunca admiten su parte de responsabilidad toda vez que son objeto de humillación o burla merecidas. Por ende, sus seguidores "deben" consentirles y los demás son "perversos". En pocas palabras, se revisten con una falsa autovalía porque tratan de convertir a otros en forofos de arbitrariedad.

También les da igual mentir o tergiversar con miras a "ganar discusiones" (cuando en realidad las pierden desde el comienzo). Uno de los ejemplos más insolentes y tóxicos es el cacareo mediático en torno a los mal denominados "debates electorales", cuyos representantes comodones apelan todo el tiempo a exaltaciones brutas y bajos instintos en los consignatarios.

b) Pelafustanes emocionales. Al tenor de múltiples observadores, esta puede ser la plaga de mayor incidencia actual. Probablemente la mejor clave de su "éxito" consiste en una búsqueda enfermiza de aprobación, pero que a la larga resulta en un total fiasco. Es muy curioso que cierta manada de psicopatrañeros e influenciadores bi-mamelucos de "todo-perfectismo" asegure "estar satisfecha con su vida y circunstancias", aun cuando se obsesiona a diario con cumplidos ajenos para adoctrinar en sus "credos infalibles". Se nota a leguas que su "verdad absoluta" los tiene "muy complacidos"...

Muchos personajes de inodoro, trastornados y narcisos se deleitan infligiendo desasosiego, creando polémicas descontextualizadas o baladíes, y cargan siempre los malentendidos en otras espaldas. Por eso, no es verdad de que "asumen el control de sus dichos o actos", ignorando con excusas de toda laya lo que sus audiencias comprenden o interpretan. Según ellos, "jamás se toman nada personal", pero viven dando explicaciones no solicitadas, por cuanto les calza bastante el dicho "tirar la piedra y esconder la mano, es de villanos".

Otra subespecie de flojos excrementales la componen los sensibleros incurables que no asimilan otros vericuetos de realidad y huyen del orden ético, viviendo encerrados en sus constructos ególatras y repartiendo tufos victimistas de "alegría" o "tristeza" a dondequiera que vayan. Tienen mucha experiencia en melodramatizar con perdones facticios y prejuzgando aquéllo que les genera menos éxtasis sensualista, en aras de su "inteligencia emocional" y "superior" al resto. Así, terminaron por infectar todos los principios valóricos en las "religiones" y el cinismo colorido "Nueva Era", involucionando con gravedad paulatina hacia lo que algunos llaman "supermercado místico", y también la dictadura de "compasión babienta", pues hoy por hoy casi nadie se atreve a poner el dedo en la llaga promoviendo instancias de diálogo responsable y cristalino para localizar o expulsar elementos pútridos.

Asimismo, y referente al tipo previo, esta banda de facilones "ilustrados" nunca acepta intercambiar ideas ni aprender con transparencia, menos todavía si se trata de contextos públicos, porque necesitan el apoyo y las órdenes contumaces de sus dueños bajo el más turbio secretismo. La espontaneidad para ellos no existe; lo más apremiante es fingir las poses, siempre maquilladas de acuerdo con sus objetivos infames.

c) Zánganos mentales. El caso más difundido actualmente es la paranoia conspirativa entre zurdeques y derechistoides ociosos. Uno se pregunta cómo pueden llegar a esas cotas de vagancia adictiva, siendo que es innecesario especular cuando en nuestros trabajos, familia o vida social hallamos tanto gente mala como bienintencionada. Esto recuerda mucho a un artículo que compuso William Judge en la revista teosófica The Path, para un lector que inquiría cómo reconocer magos negros en la cotidianidad. Judge fue lacónico y directo: si no tienes motivos para convertirte en uno de ellos, entonces no te servirá de nada saber los pormenores, pues semejante atrae semejante. De esta manera, las paranoigallinas son auténticas buenas para nada al "discernir" entre conocimiento provechoso e inútil, creyéndose "paladines" de misticismo y, obviamente, anhelando que todos los extraterrestres e "Illuminati-satanistas" sepan de su actividad, por ser muy peligrosos e intocables al poseer la "certeza definitiva". Quizás varios youtubers o tiktokianos podrían agradecer sin ambages ni rodeos a sus "enemigos de la Matrix" por dejarles la lengua enterita... si es que antes no se les cae o enreda para candidatearse a un trasplante, pobrecitos.

También hay que mencionar su especial predilección por la estulticia del "mal menor", no obstante sus arengas llenas de "fraternidad" en ocasiones concretas. Esta es la causa de que ventilen contenidos para atosigar audiencias/lectores, cayendo en permanentes incongruencias conductuales y reflejando su pereza de mantener hilos discursivos o argumentos sólidos, haciéndose los melifluos o dominadores según corresponda a las instrucciones o pagas recibidas. Esa característica los lleva sutilmente a desplegar orgullo intelectual/pedantería y disonancia cognitiva cuando se les presentan hechos o constancias que remecen sus estructuras demoníacas.

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Es tu condena diaria creer a rajatabla que tu "izquierdita" o "derechita" de burdel te deben otorgar "decencia" o una "buena imagen", ya que no fuiste capaz de creártelas por ti mismo (a). La premisa más desafiante en ello es aceptar, desde una postura adulta, que tu papi-mamistema sólo te enseña los vicios que conoce, y nada más. Por lo tanto, y conforme vas creciendo, forjarte los principios y autonomía valóricos que te faltan son sólo TU RESPONSABILIDAD, y SÓLO TÚ debes proporcionártelos. Dice una sentencia que "no eres culpable por la programación venenosa que te inculcaron en tu madurez de pacotilla, pero como grandulón (a) y viejo (a) que eres, te haces 100% consciente y metódico al buscar soluciones".

Los anarco-zurdifachos mediáticos, superficiales, de mala vida y peor muerte se tornan más que ridículos ante la existencia mundana, cada vez que asumen el papel tenaz de rezongones por "lo mal que actúan" otros, o pensando que "podríamos estar mejor si se extinguieran -o nos hicieran caso- aquéllos del frente contrario" para obtener "más reconocimiento o aprecio".

Estos infantes bravucones, deschavetados, cotorrientos y básicos no ganan dinero honradamente, no tienen habilidades de crear ni mantener familias, y tampoco hacen lo necesario para ejercitar la confianza en sí mismos, sin apoyarse en las muletas dicotómicas del papi-mamistema. Un niñato como éstos siempre espera que aquél haga todo con tal de "no sentirse perdido", por cuanto su único destino es bloquearse o padecer estancamiento a todo nivel, y de aquí la fanfarronería de "tapar sus vergüenzas" dándoselas de "intelectuales", mostrando desesperación por "regalar" su "bondad" y que todo el mundo les aplauda. Los ñoños malcriados detestan la frialdad racional y el análisis en perjuicio de ellos, al ser indignos de la "almohada perfecta" que les aguante el peso de su "conciencia" manipuladora.

Seamos claros: si ya tienes la edad suficiente, NADIE está obligado a echarte crema en el trasero ni disimulártelo con billetes cuando te deshonren los del "bando antílogo", y ahora la responsabilidad de CUESTIONAR y RENUNCIAR a tu pantano calientito es sólo TUYA. Lloriquear por chupetes ideológicos y falsos paradigmas es de vagos "cuchi-cuchi", pedorrientos hechizos y envidiosos de neuronas. Los fuertes jamás demuestran ni sienten compasión por gente diabólica, venga de donde venga, arropada con el pellejo ovino y cagueta de lo "políticamente correcto". Ciertamente y desde esa óptica, es "muy inspirador" vivir con miedo y resentimiento bajo un disfraz de "autoestima" y arrastrándote con clichés.

Ambos lados -y sus extremos- se la pasan sufriendo en un masoquismo patológico, y esperan que sus "amos todopoderosos" les brinden todas las energías o pautas para sacarlos de la desgracia personal. Es evidente que jamás apreciarían la ayuda de personas realmente amables, porque dependen de traiciones, malquerencias y una serie de delitos que continúan impunes. No tienen la iniciativa para levantarse y seguir un camino de libertad honesta, y en su lugar gimotean por "trabajo" a esperpentos individualidiotas/colectivimarranos. Lo que les obsesiona es camuflar su dolor, limosnear al poder establecido o clandestino, y armar rabietas por todas las circunstancias en que "nadie escuchó su gimoteo sincero" al negarse a quemar puentes o averiguar caminos alternativos de bienestar.

Nadie os debe absolutamente nada, filosoretes y odiosos remunerados de cuarta. No tenéis derecho a nada sólo por existir, pues ¿para qué querríais vivir con seriedad si en el fondo sentís que muchos aspectos "no funcionan", aguardando que otros acarreen el peso de vuestros desencantos y "errores"? Lo mejor de todo es que más personas los ignoran, y el "espejito de proyección" no servirá de nada en el juicio inclemente que hará la posteridad.

Aquila in Terris