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8 de septiembre de 2026

Las psicoloplastas politiqueras y su circo de "vístimas-vistimarios"


PARTE A

En este posteo se explica y analiza el auge moderno de lameculos llamados "divulgadores" o “psicólogos” influencerdos, de distintos signos políticos en redes sociales, que instrumentalizan conceptos clínicos para producir confrontación partidaria. Ahora profundizaremos viendo cómo en dicho ecosistema las dinámicas de corte sádico (disfrute o catarsis en el castigo y la humillación del adversario) y masoquista (culto al sufrimiento propio como evidencia de "virtud moral") se convierten en la principal moneda de cambio para fidelizar audiencias zurdas o momias.

Ambas pocilgas se lanzan mutuamente el diagnóstico para "despolitizar" el conflicto, reduciendo reclamos sociales y posturas de orden a meros "trastornos de personalidad" o "perversiones emocionales".

De hecho, esta dinámica refleja a la perfección lo que el psicoanalista y sociólogo Erich Fromm describió en su momento como carácter autoritario o sadomasoquista, sólo que en las redes sociales este concepto ha sido fracturado: cada bando se apropia de una mitad para patologizar al adversario, y presentarse a sí mismo como el único polo “emocionalmente maduro”.


01. El relato derechoso: Los zurdos "masoquistas del agravio"

Desde esta trinchera, la narrativa busca etiquetar las protestas sociales y agendas progresistas no como demandas legítimas de derechos, sino a modo de "fijación neurótica con el dolor y la debilidad".

-La "ganancia secundaria del síntoma" (concepto psicoanalítico adulterado): Sostienen que "la izquierda necesita que los problemas no se resuelvan". El argumento es que sus antílogos han hecho de su condición de "oprimidos" o "vístimas" su única fuente de identidad y estatus social. Si el problema se solucionara, perderían su propósito; por lo tanto, concluyen que experimentan un "goce masoquista" en perpetuar su resentimiento.

-Indefensión aprendida y locus de control externo: Utilizan la psicología conductual y cognitiva para acusar a la izquierda de "infantilismo", siendo el mensaje común: "Prefieres culpar al sistema, al patriarcado o el capitalismo, antes que asumir la responsabilidad de tu propia vida".


02. El relato izquierdoso: Los fachos "sádicos del castigo y control"

Frente al ataque, los "psicólogos" e influencerdos de izquierda devuelven el golpe diagnosticando a la derecha cual "fuerza impulsada por sadismo institucional" y "pulsión dominadora".

-El sadismo del "orden y la disciplina": Argumentan que la obsesión derechista por la ley, el orden y la condena de protestas sociales no responde a un deseo genuino de paz, sino a placeres soterrados en el castigo. Acusan a la derecha de disfrutar la violencia policial, reprimiendo minorías y humillando disidentes, disfrazándolos de "mano dura necesaria".

-La personalidad autoritaria: Señalan que el pensamiento conservador sufre de "rigidez psicológica" que no tolera incertidumbres ni diferencias, por lo que "canaliza su agresión reprimida aplastando a quienes desafían las normas". La censura o criminalización de la protesta social es catalogada como "acto de crueldad sistemática".


03. La trampa simbiótica o de retroalimentación

Estos "juicios" cruzados propician un bucle psicopolítico del que es casi imposible escapar, porque la conducta de cada uno confirma exactamente el diagnóstico delirante del otro:

La derecha reprime/descalifica la protesta.
↓
La izquierda dice: "¿Lo ven? Son sádicos que gozan reprimiéndonos".
↓
La izquierda redobla quejas, tonos de agravio y el martirio.
↓
La derecha espeta: "¿Lo ven? Son masoquistas adictos a vivir en la queja".
↓
Se intensifica el llamado a un orden más severo.
↓
El ciclo se reinicia nuevamente ad infinitum.

El esquema anterior lleva así a dos conductas permanentes:

a) La confirmación del mártir: Cuanto más dura es la respuesta discursiva o institucional de la derecha, más validada se siente la izquierda en su rol de "vístima sacrificada", elevando su pedestal moralista.

b) La confirmación del disciplinador: Cuanto más caótica, quejosa o disruptiva percibe la derecha a su enemiga, más convencida está de que se enfrenta a "personas inestables" que necesitan "ser corregidas" con severidad y desprecio.

De esa forma, los dos sectores evitan discutir la raíz ético-espiritual de problemas graves (inequidad, corrupción económica, libertades malentendidas, seguridad fofa/dictatorial, leyes imperfectas de doble estándar, etc.), sustituyen el debate político por un duelo psiquiátrico moralino, y mantienen a sus audiencias hiperventiladas y cautivas, ya que a nadie le gusta verse como "quejica sumiso" (masoquista) ni "monstruo insensible" (sádico), obligando al usuario común a alinearse dogmáticamente con uno de esos relatos para salvar su autoimagen.


PARTE B

No obstante, la alternancia de roles demuestra que el sadismo y masoquismo retóricos no son identidades fijas de uno u otro bando, sino estrategias adaptativas que dependen de la relación con el poder.

Existe una regla general en psicopolítica moderna: quien se siente en minoría o bajo asedio, asume la función de vístima/mártir (masoquismo defensivo), mientras que quien detenta poder institucional, cultural o administrativo adopta el rol de juez punitivo/vistimario (sadismo disciplinador).


01. Los fachoexcrementos vístimas (martirio conservador)

La derecha abandona su retórica de “dureza”, “orden” y “autosuficiencia” para transformarse en "sujeto agraviado", principalmente cuando percibe que ha perdido la hegemonía cultural (educación, medios, entretenimiento y lenguaje institucional). En ese momento, articula un discurso de vistimización y sufrimiento a través de varios frentes:

a) El mito de la "mayoría silenciosa perseguida": Se presentan como una "masa trabajadora", "sensata" y "tradicional" que está siendo "subyugada", "discriminada" y "reprimida" por una "élite progre" o globalista, explotando el complejo del "mártir que resiste el asedio". El conservador ya no se jacta de imponer la ley, sino de aguantar estoicamente el dolor de ser llamado "fascista", "retrógrado" o "intolerante" sólo por defender valores tradicionales o la familia.

b) El vistimismo de la "cancelación" y censura: Ante cualquier sanción en redes, despido o crítica coordinada, el discurso conservador se llena de quejas sobre la "Santa Inquisición moderna" o "policía del pensamiento" izquierdistas. La pérdida de plataformas se equipara a una persecución casi religiosa o totalitaria: el influencerdo expone sus baneos, sanciones o cierres de cuentas como estigmas sagrados, y el sufrimiento público se convierte en "prueba irrefutable" de que "dice verdades incómodas".

c) Agravio del "productor expoliado": El contribuyente, autónomo o empresario son vistos a guisa de "verdaderos esclavos del sistema", quejándose amargamente de que "el Estado los desangra a impuestos" con tal de alimentar a "parásitos" y "chiringuitos ideológicos". La protesta aquí es idéntica al discurso de izquierda: la sensación de que el sistema está estructuralmente diseñado para perjudicarlos.

d) Amenazas existenciales: Ocupan fórmulas del tipo "reemplazo demográfico" (migraciones, racismo más o menos encubierto) o la "destrucción de Occidente". Asumen el papel de "últimos guardianes de una civilización agonizante", encontrando sombríos placeres melodramáticos en profetizar la "ruina inminente de su sociedad".


02. Los zurdoexcrementos vistimarios (punitivismo progresista)

Este sector abandona la queja, la vulnerabilidad y su defensa del "rebelde" o "desprotegido" cuando alcanza posiciones de poder normativo (p. ej., departamentos de recursos humanos, comités universitarios, ministerios, redes sociales, espacios culturales, medios de prensa, etc.). En esas condiciones, transmuta de vístima oprimida a inquisidor inflexible, recurriendo a un marcado sadismo moral.

a) La "paradoja de tolerancia" como mazo disciplinador: Sostienen que "no se puede aceptar al intolerante", lo cual les otorga carta blanca absoluta. Como el adversario es etiquetado de "antiderechos" o "peligro para la democracia", no se le concede piedad, debate ni presunción de inocencia, demandando su castigo sumario, la pérdida de empleos y su muerte civil.

b) Disciplinamiento institucional y "reeducación": Cualquier comentario disonante es clasificado de "falta grave a la convivencia", "discurso de odio" o "ruptura de espacios seguros". La izquierda ejerce orden meticuloso a través de protocolos, comités de ética, códigos de lenguaje inclusivo obligatorios y talleres de "sensibilización". Si el enemigo se resiste, se aplican medidas disciplinarias corporativas o académicas con frialdad burocrática implacable.

c) Exigencia de humillación pública (autocrítica): Quien ha cometido errores ideológicos debe "hacerse cargo" y mostrar "voluntad de deconstrucción". Se fuerza al infractor a publicar comunicados de disculpa humillantes y escritos en el argot ideológico del grupo dominador. El goce punitivo se evidencia en que la disculpa casi nunca es aceptada (siempre queda de "insuficiente"), obligando al transgresor a seguir rebajándose en la picota pública digital.

d) Punitivismo penal y social: La única forma de proteger minorías es endurecer las condenas y crear nuevos tipos criminales (delitos de odio amplificados, penalización estricta de la opinión, etc.). Aquéllos que tradicionalmente criticaban las cárceles o la policía como "herramientas de represión burguesa", exigen penas de reclusión máximas y un aparato policiaco más estricto cuando se trata de castigar a enemigos culturales.

En consecuencia, vemos que ninguno de estos bandos mierdosos es intrínsecamente "rebelde" ni "guardián del orden". Cuando la derecha pierde el control cultural, descubre el inmenso poder político del vistimismo y el martirio; y si la izquierda se hace con espacios de poder, detenta el enorme placer y la eficacia política de aplicar castigo, censura y disciplina al oponente.

Los hallazgos científicos en psiquiatría son claros: semejantes puteros zurdifachos incitan a diario la adicción neuroquímica, es decir, alternan estímulos que disparan cortisol (miedo, indignación, amenazas de que el otro grupo "destruirá el país" o la "cordura"...), con picos de dopamina cuando el rival es humillado o expuesto.

Las legiones de influencifeladores autorizan moralmente a sus pobrecitas ovejas para reaccionar con crueldad, y por desgracia el movimiento "teosófico" actual no está libre de dicha plaga. La única diferencia es que, en términos "espirituales", te manipulan haciendo CERO AUTOCRÍTICA y repiten "la ira es mala", "el enojo es impensable", "señalar defectos es sinónimo de amargura", "la crítica violenta debe condenarse" o incluso "la imparcialidad es peligrosa", jugando con tu porvenir económico, dignidad y salud si no formas parte del infierno "bi-consensual" que te proponen, especialmente si trabajas de manera honrada y sin recurrir a determinados vicios al objeto de percibir ingresos "maravillosos" o construir una vida "admirable" (comercio de tabaco/alcohol, pornografía, industria armamentística, turismo destructor de espacios naturales, imprentas difusoras de contenido politiquero, ramas "artísticas", misticismo/terapias sensorialistas, farmacéutica, etc.).

Toda la gentuza duopolista ya descrita sólo se merece tu indiferencia absoluta, o tu escarnio más denigrante. Y si todavía te quedan dudas, recuerda la sentencia de un escritor cuando dictaminó que "tras cualquier gran fortuna sospechosa, siempre hay grandes crímenes". Que esos triple malditos no sigan colándote distorsiones lucrativas cuando vayas a sufragar. 

Aquila in Terris

2 de septiembre de 2026

Las psicoloplastas politiqueras y sus malabares vengativos


En los últimos años, las redes sociales han visto proliferar a pseudocreadores diabólicos, que combinan divulgación psicológica -a veces con títulos profesionales y otras como simples aficionados o "coaches"- con agendas políticas explícitas o encubiertas. Este fenómeno se apoya en lo que varios analistas llaman therapy-speak (apropiación de términos clínicos en el lenguaje cotidiano) para dar un barniz de "rigor científico", "empatía" y "autoridad moral" a posturas netamente ideológicas.

El siguiente desglose muestra cómo opera este mecanismo, las técnicas que utiliza y las ideas que suele repetir cada bando. Si estás cansado (a) de ver siempre los mismos discursos en redes sociales o páginas electrónicas, este resumen te será útil para distinguir y despreciar a dichos puteros que convierten en dinero y fama egoísta tu dolor, ira y desconfianza legítimos, siempre que no participes de modo directo o indirecto en sus guarradas.


01. Técnicas de manipulación mental y emocional

Independiente de la orientación política, las estrategias psicológicas que utilizan estos malparidos suelen ser idénticas en su estructura funcional.

-Patologización de discrepancias (Ad hominem clínico): En vez de refutar un argumento político, económico o social, se diagnostica al adversario. Quien opina diferente no está sólo "cometiendo un error", sino está "traumado", es "narcisista", padece "fragilidad emocional/masoquismo", es "psicópata sin empatía/sadomasoquista" o sufre "disonancia cognitiva", todo lo cual suprime el debate intelectual y coloca al influenciador en una posición de "superioridad diagnóstica".

-Secuestro y redirección de vulnerabilidades: Las audiencias recurren a estos contenidos en momentos de soledad, ansiedad, desencanto económico o desorientación existencial. Un influenciador dupolista valida primero ese dolor para generar apego ("entiendo por qué te sientes solo/incomprendido"), para luego atribuir la causa exclusiva de ese sufrimiento a un enemigo ideológico externo.

-Armamento del therapy-speak: Los términos clínicos con definiciones precisas (trauma, gaslighting, neurodivergencia, disociación, límites, etc.) se distorsionan y amplían hasta abarcar cualquier incomodidad cotidiana, fricción social o desacuerdo de posturas.

-Aislamiento social encubierto (falsa autonomía): Incentivan cortar relaciones de forma tajante ("contacto cero") con amigos, parejas o familiares bajo el argumento de que son "tóxicos", cuando en la práctica muchas veces sólo tienen diferencias ideológicas o estilos de vida dispares. Esto debilita la red de apoyo real del seguidor y lo vuelve más dependiente de la comunidad digital del influenciador.

-El complejo de "gurús iluminados": Se autopresentan no como clínicos falibles, sino a guisa de figuras que "se atreven a decir la verdad que el sistema/la corrección política/el patriarcado te ocultan", creando una relación parasocial asimétrica y completamente sectaria en múltiples casos bien conocidos.


02. Influencerdos/psicoloplastas de izquierdas

En este sector, la psicología suele hibridarse con sociología crítica, posmodernismo y políticas de identidad. El objetivo es describir el malestar individual como consecuencia inevitable de "sistemas estructurales opresivos".

Ideas y conceptos repetidos:

-Trauma sistémico/político: Todo malestar psíquico (ansiedad, depresión o fatiga) es visto primordialmente como síntoma de capitalismo tardío, racismo estructural o patriarcado. Se minimizan o descartan factores biológicos, hábitos de vida o responsabilidades individuales.

-Validación emocional irrestricta: La premisa de que "todas las emociones son válidas e intocables" lleva a la apreciación subjetiva de haber sido "ofendido" o "dañado", cual prueba irrefutable de que existió agresión objetiva (microagresión).

-"Límites radicales" y actitud defensiva: Se promueve un autocuidado que roza el aislamiento o la evasión del compromiso social. Decir "no tengo la capacidad emocional para escuchar tus problemas" se disfraza de "madurez terapéutica", erosionando la reciprocidad básica en relaciones humanas (ej., desconfianza de mujeres violentadas hacia hombres).

-Patologización de resiliencia y esfuerzo: Proponer el esfuerzo personal, la disciplina o autosuperación es calificado de "tóxico", "capacitista" o "interiorización de la explotación capitalista".

Mecanismo de manipulación principal: Indefensión aprendida, esto es, que al convencer a la audiencia de que su salud mental está secuestrada por macroestructuras que escapan por completo a su control, se genera frustración y dependencia de colectivos de validación, desactivando la capacidad de agencia y autoeficacia del individuo.


03. Influencerdos/psicoloplastas de derechas

En este espectro, la psicología suele combinarse con lecturas selectivas del estoicismo, psicología evolucionista, autoayuda de corte empresarial y roles de género tradicionales (a menudo vinculados a la "manosfera" o corrientes ultraconservadoras).

Ideas y conceptos repetidos:

-Hiperresponsabilidad individual y meritocracia psicológica: El entorno social, económico o familiar no importa en absoluto; si fracasas, estás deprimido o no tienes pareja, es pura y exclusivamente porque "eres débil", "no trabajas lo suficiente" o "te falta mentalidad ganadora".

-Patologización de la empatía ("altruismo patológico"): Se etiqueta a la compasión, sensibilidad social o preocupación por minorías cuales "debilidades neuróticas", postureos éticos/arrogancia moral o incapacidad de afrontar la cruda realidad del mundo.

-Determinismo biológico y roles arquetípicos: Uso de conceptos biológicos simplificados (niveles de testosterona, jerarquías de dominancia animales) para justificar normas sociales rígidas. Se repiten ideas sobre la "feminización de la sociedad", pérdida de "masculinidad fuerte" o el colapso de la familia tradicional como raíz de "locuras modernas".

-"Psicosis colectiva" e "infantilización": Diagnostican a los movimientos progresistas y las generaciones jóvenes con etiquetas peyorativas de "retraso madurativo", "histeria colectiva" (mind virus) o ausencia de figuras paternas autoritarias.

Mecanismo de manipulación principal: Inculcación de culpa, vergüenza y resentimiento. Se explota la inseguridad (particularmente entre hombres jóvenes frustrados económica o afectivamente), prometiendo una salida a través del endurecimiento emocional y rechazo a la vulnerabilidad, mientras se canaliza su ira hacia colectivos progresistas/feministas o el Estado.


04. Otras proclividades en psicolosectas duopolistas

A. El solipsismo y la "Ley Espejo" de psicolosoretes derechistas

El fenómeno es una mezcla de neoliberalismo ideológico, autoayuda empresarial y bypassing espiritual (moralinas comodonas importadas de la corriente New Age y el estoicismo desfigurado).


"No hay certezas ni convicciones; tenerlas te vuelve conflictivo"

Aquí, se disfraza el conformismo o la pasividad crítica de "madurez emocional". Si tienes convicciones firmes (éticas, laborales, comunitarias) y chocas con tu entorno (por ejemplo, jefes abusivos o dinámicas familiares disfuncionales), el discurso señala que el roce no emerge de injusticias verídicas, sino de tu "inflexibilidad mental".

Esto constituye una forma sutil de gaslighting epistémico, es decir, te convencen de que defender límites o señalar abusos externos es un síntoma de "inmadurez neurótica". De ese modo, la sumisión y resignación ante las jerarquías existentes son reetiquetadas como "paz interior" y "sabiduría pragmática".


"El problema está en tu mente/El mundo es un espejo"

Con ese patrón, aparece una hipertrofia del locus de control interno. La psicología seria reconoce que una persona tiene margen de acción sobre cómo interpreta y responde a la realidad. Sin embargo, este discurso lleva el principio al absurdo solipsista: la realidad material no existe, sino sólo tu percepción.

El efecto inmediato es culpabilizador, porque si sufres precariedad económica, soledad o maltrato, según esta "lógica" la causa reside enteramente en que "estás proyectando tus carencias" o "vibras desde la escasez". Si todo es un "espejo de tu psique", desaparecen hechos concretos como la explotación laboral, la falta de redes de apoyo o crisis socioeconómicas ex profeso. Queda neutralizada cualquier posibilidad de reclamo colectivo o indignación legítima, y así el paciente se estanca en un bucle obsesivo de autoanálisis, intentando "sanar su mente" para resolver obstáculos materiales y relacionales.


B. Determinismo ambiental y fiscalización del trauma en psicolosoretes izquierdistas

En el extremo opuesto, encontramos una aplicación rígida del construccionismo social y ciertas corrientes identitarias, que despojan al individuo de su agencia y someten su proceso de recuperación a la ortodoxia militante.


"El entorno define en gran medida/por completo si eres buena o mala persona"

Este mecanismo lleva la premisa sociológica ("el contexto influye en la conducta") hacia un determinismo radical de "tabla rasa", asumiendo que el individuo carece de temperamento, biología o libre albedrío moral, siendo únicamente un "producto moldeado" por su clase, género y crianza. La trampa psicológica se divide en dos variantes:

a) Disolver la responsabilidad individual: Si el entorno determina todo, los actos dañinos cometidos por ciertos grupos se justifican como "respuestas inevitables al trauma sistémico".

b) Indefensión y fatalismo: Si creciste en un entorno adverso o perteneces a un colectivo marginado, este marco teórico te condena conceptualmente a seguir "roto/a" de por vida, a menos que adoptes la liturgia deconstruccionista aprobada, negando la resiliencia innata y la capacidad de sobreponerse a ambientes hostiles.


"No hay ningún aprendizaje moral con agresores/daños similares"

En este caso vemos un secuestro del crecimiento postraumático (Post-Traumatic Growth), o capacidad de una persona de encontrar nuevos recursos internos, resiliencia y madurez a raíz de haber sobrevivido a una experiencia dolorosa o abusiva. La distorsión ideológica es confundir peligrosamente justificar al agresor con reconocer la fortaleza propia adquirida a través de la adversidad. Un terapeuta riguroso diría: "El abuso fue injustificable, la culpa es del agresor, pero celebro los recursos, la astucia y fuerza que tú desarrollaste para sobrevivir y salir de ahí", pero el discurso dogmático impone: "Si sientes que aprendiste algo o 'esto te hizo más fuerte', estás perdonando al agresor y sufriendo de alienación patriarcal".

De esta suerte, se arrebata a la víctima su soberanía narrativa. Ya no sólo fue violentada por agresores, sino que ahora su propia mente y sus mecanismos de integración del dolor son vigilados y juzgados moralmente por el "tribunal ideológico". Si no procesa el dolor bajo el canon estricto de la "víctima perpetuamente herida e indignada", se la acusa de "complicidad con su opresor".


05. La "gran revelación" de los anarcoprófagos celestiales

Al desplazarnos hacia los extremos del anarcocapitalismo (ancap) y anarcocomunismo (ancom), las peroratas "psicológicas" de redes sociales se radicalizan y vuelven totalizantes.

En estas corrientes, el Estado y las instituciones no se consideran sólo ineficientes o injustos, sino se patologizan como fuentes primordiales de toda neurosis, trauma y enfermedad mental. Ambos polos utilizan el therapy-speak ya mencionado para justificar una demolición sistémica, pero proyectan fantasías psicológicas completamente opuestas.


A. El discurso anarcofachito

El anarcocapitalismo en redes (muy influenciado por la escuela austríaca popularizada, el libertarismo radical y figuras de la "manosfera" o el mundo cripto) lleva la hiperresponsabilidad individual al terreno de la supervivencia darwinista y la psicología de soberanismo absoluto.


El Estado como "maltratador narcisista" y el Síndrome de Estocolmo

La analogía clínica utiliza recurrentemente la figura del maltrato intrafamiliar. El Estado no es un ente político, sino un "padre abusivo", "parásito" o "psicópata narcisista" que roba tus recursos (impuestos), haciéndote creer que "te cuida". Quien defiende la salud pública, los impuestos o la regulación social es diagnosticado con Síndrome de Estocolmo o "amar a su captor", padecer "indefensión infantil" o tener un "trauma de castración" que le impide valerse por sí mismo.


Patologización de la envidia y empatía colectiva

La psicología del resentimiento sigue lecturas simplificadas de Nietzsche o Ayn Rand, arguyendo que cualquier demanda de justicia social es en realidad "patología emocional encubierta". Alguien que pida redistribución no sufre por la desigualdad, sino porque padece un "complejo de inferioridad" ante el éxito ajeno. Bajo este prejuicio, la persona "saludable" es descrita a fuer de un ente "100% racional", "hiperproductivo", "emocionalmente blindado" y "autosuficiente". Toda muestra de fragilidad o necesidad de interdependencia comunitaria es tratada como "fallo de carácter" o "pereza moral".


El halago del "despierto" vs. el "borrego domesticado"

Estos influenciadores apelan intensamente a la validación narcisista del seguidor (a menudo hombres jóvenes descontentos). Venden la idea de que su soledad o fracaso no se origina en problemas de habilidades sociales o precariedad estructural, y les llaman "leones rodeados de ovejas castradas". La psicoterapia en este marco se convierte en un entrenamiento para cortar con toda empatía hacia quienes no adopten la mentalidad de mercado absoluto.


B. El discurso anarcozurdito

Tiene raíces en la antipsiquiatría radical, la sociología del conflicto, el abolicionismo penal y la politización extrema de la neurodivergencia. Aquí, el dolor individual se interpreta como "prueba irrefutable" de la violencia del capital y la jerarquía.


La jerarquía como generadora automática de trauma

Toda estructura vertical (Estado, empresas, familia tradicional, religiones/misticismo, relación asimétrica médico-paciente) es "ontológicamente violenta" y genera trauma complejo. Se afirma que trastornos como depresión, ansiedad o TDAH no son condiciones biológicas o psicológicas que tratar clínicamente, sino "respuestas sanas y rebeldes frente a un mundo enfermo". Bajo este prisma, intentar adaptarse funcionalmente al entorno laboral o académico es visto a modo de "sumisión al orden burgués".


La apropiación del "cuidado colectivo" y fiscalización del daño

Hay desconfianza contra la psicología profesional por considerarla "represora" o "punitivista". En su lugar, se proponen asambleas de "escucha mutua", "justicia transformativa" o "procesos comunitarios de sanación". Respecto a los ambientes digitales, semejantes espacios suelen caer en una fiscalización extrema del malestar: los roces interpersonales o desacuerdos ideológicos se tachan de "agresivos", "vulneraciones del espacio seguro" o "muestra de microfascismo interiorizado".

También promueve "rendición de cuentas" comunitaria, que con frecuencia termina en linchamientos digitales o cancelaciones disfrazadas como "proceso de reparación terapéutica", donde los aludidos deben someterse a confesiones públicas de culpa para no ser expulsados del colectivo.


Comunión utópica y paranoia moral

Apelan a personas profundamente alienadas, solas o traumatizadas por la rigidez del sistema actual, ofreciéndoles promesas de grupos con "aceptación incondicional". La trampa surge cuando el coste de pertenecer a esa comunidad exige una hipervigilancia constante de palabras, pensamientos y relaciones personales para no reproducir ninguna "lógica opresora", induciendo estados crónicos de ansiedad y paranoia moral.


06. Señales de alerta para identificar a estos triple malditos

Los profesionales éticos de salud mental (hoy especies en riesgo de extinción) buscan fomentar autonomía, pensamiento crítico y capacidad de introspección, reconociendo la complejidad de la experiencia humana sin encasillarles en dogmas.

Es motivo de desconfianza cuando un (a) influencerdo (a):

-Emite diagnósticos psiquiátricos a personas que no conoce (políticos, colectivos, figuras públicas).

-Asegura que suscribir ciertas leyes, partidos o posturas morales es requisito indispensable para "estar sano".

-Reduce problemas multifactoriales (depresión, ruptura social, etc.) a una sóla causa política o biológica simplista.

-Estimula el desprecio o la deshumanización del grupo antílogo, bajo la excusa de "higiene mental".

-Vende cursos, libros o mentorías prometiendo "curarte/reiniciarte" o "despertarte" del engaño ideológico que los demás supuestamente padecen.

La psicoterapia rigurosa, entonces, se sitúa en una posición equidistante y dialéctica. Frente al solipsismo de derecha, reconoce que el dolor del paciente muchas veces proviene de injusticias reales, violencia, precariedad o entornos genuinamente tóxicos que no son "espejo de su psique", sino realidades externas que requieren límites firmes, confrontación, indignación sana o cambio de ambiente. Sobre el dogmatismo de izquierda, admite que sin importar cuán hostil o injusto haya sido el entorno, el paciente conserva una esfera irreductible de responsabilidad y agencia personal; y sobre todo, defiende que la persona tiene el derecho inviolable de dar el significado que desee a su propia biografía (incluido el aprendizaje tras el dolor), sin tener que rendir cuentas a ninguna ortodoxia política.

¿Te suena todo esto cuando encuentras bombardeos zurdifachos en Instagram, Tik Tok o Facebook? ¿Tienes ahora alguna idea de cuánto ganan económicamente dichas sanguijuelas a costa de envenenarte diariamente? ¿Te puedes preguntar ahora cómo es que se mantienen "incólumes" a pesar de su circo de contradicciones?

Francamente, te pasarías de imbécil si continúas creyendo en su infalibilidad. Bueno, como dice un chiste explícito, "te dejo cortar el hilo de saliva para que tragues bien lo que botaste".

Aquila in Terris

5 de febrero de 2022

La psicología de la ética


El tema de la psicología en la ética está directamente relacionado con la construcción del carácter, y la Teosofía pone un gran énfasis en él porque nuestra naturaleza moral pertenece al aspecto permanente de nuestro ser que, después de la muerte, puede ser asimilado por la Tríada Divina Superior: Atma, Buddhi y Manas. En su libro “El hombre para sí mismo”, el filósofo social Erich Fromm (nacido en Alemania) menciona que la personalidad es el conjunto de las cualidades psíquicas heredadas y adquiridas que son características de un individuo y lo hacen único. En general, la diferencia entre los aspectos heredados y adquiridos es sinónimo de la diferencia entre el temperamento y el carácter. Si bien las diferencias de temperamento no tienen mucha importancia ética, las desemejanzas de carácter constituyen el verdadero problema de la ética, y para entender por qué es ésta última lo que causa la diferencia, debemos distinguir claramente entre “carácter” y “temperamento”.

Según Fromm, el temperamento se refiere al modo de reacción y es constitucional, mientras que el carácter está formado esencialmente por las experiencias de una persona, especialmente las de la vida temprana, y es en cierta medida cambiante por la percepción y el nuevo tipo de vivencias. Por ejemplo, si alguien tiene un temperamento colérico su modo de reacción es "rápido y fuerte", pero su forma de actuar depende de su carácter, pues puede ser rápida y tajante acerca de una causa "justa" o "injusta", y así la manera en que reacciona a ello refleja su talante. Podemos preferir una persona con temperamento espontáneo en lugar de otra con idiosincrasia práctica, pero si ambas son deshonestas desde el punto de vista del carácter, las dos son igualmente indeseables.

La teoría del carácter propuesta por Fromm no se basa en la idea del individuo principalmente aislado, sino en la relación del ser humano con los demás, con la naturaleza y consigo mismo; para él, la forma en que se relaciona con el mundo constituye el núcleo de su carácter. Este autor distingue entre dos tipos básicos de carácter: la orientación no productiva y la orientación productiva. 

La primera incluye cuatro tipos: 

(1) Receptivo: donde la persona siente que la fuente de todo lo bueno está fuera y lo que desee vendrá de fuentes externas; no quiere hacer mucho esfuerzo, sino que espera recibirlo del exterior y por lo tanto se vuelve dependiente. 

(2) Explotacional: similar al anterior, pero en lugar de sólo esperar recibir, el individuo desea quitar a los demás por la fuerza o la astucia, ya sea el afecto de otra persona o las posesiones materiales; aquí tenemos un elemento de envidia implícito en tal carácter.

(3) Acaparador, donde la persona tiene poca fe y mucha inseguridad sobre cualquier cosa que reciba del mundo exterior, y por ende todo lo que consigue lo atesora y ahorra; acumula posesiones, energía e ideas, y es tan celosamente posesivo que impide que sus seres queridos ("posesiones") sean compartidos con otros.

(4) Mercaderista, donde está implícita la idea de que en cualquier mercado ciertos productos están en demanda, y del mismo modo, ciertas cualidades se exigen en el mercado de la personalidad. Por ejemplo, ciertos tipos de personalidad que se esfuerzan por tener éxito en la vida tienen un alto requerimiento y así las personas aprenden cómo venderse en el mercado, es decir, cómo expresar mejor sus personalidades. Además, en este tipo la "identidad" no se refiere al yo, sino a la opinión de otras personas sobre ese ego. En tal persona, la identidad no emerge conociéndose a sí misma, sino al ser conocida por los demás. Otros individuos también son percibidos como productos básicos, pues no son ellos, sino sus partes vendibles las que reciben importancia.

Al discutir el carácter productivo, Fromm investiga la naturaleza del "carácter plenamente desarrollado", que es el objetivo del progreso humano y, a la vez, el ideal de la ética humanista. La productividad se entiende generalmente en términos de generación sólo materialista, pero la orientación productiva de la personalidad se refiere a una actitud fundamental y un modo de relación en todos los ámbitos de la experiencia humana. Podríamos decir que la productividad es el logro humano de las "potencialidades" que son características en nosotros y el uso de sus poderes. Por esto, la capacidad de un individuo para hacer uso productivo de sus facultades es la "potencia", mientras que la incapacidad es su "impotencia".

Para emplear sus capacidades, el ser humano debe ser libre y no depender de los demás, y saber además qué son estos poderes y cómo utilizarlos, lo cual implica el uso de la razón. Con esta racionalidad (y podríamos decir también intuición) la persona puede penetrar y comprender la esencia de las cosas. Con el poder del amor puede demoler la pared que separa a una persona de otra, y con la imaginación visualiza las cosas que aún no existen, pudiendo planificar y así comenzar a crear. Cuando alguien carece de la capacidad de hacer un uso productivo de sus poderes, su relación con el mundo se pervierte en un deseo de mandar y ejercer dominio sobre los demás, tratándolos como si fueran cosas (ver artículo "Mediocridad y ética"). 

Los sistemas de pensamiento o las obras de arte son creados por la productividad humana, pero el objetivo más importante de la productividad es el individuo mismo. Después del nacimiento, el desarrollo físico es automático; no obstante, las potencialidades emocionales e intelectuales sólo pueden realizarse mediante actividades productivas, y en este contexto según Fromm la cualidad que determina nuestro carácter es la "productividad". Como ya podemos concluir, si una persona hace uso provechoso de sus capacidades, se puede decir que tiene un carácter productivo, y si no, entonces posee un carácter improductivo.

En el capítulo dieciséis del Bhagavad Gita, el Señor Krishna también distingue dos tipos básicos de carácter llamados divino y demoníaco, describiendo cualidades que determinan si una persona tiene carácter místico o es un personaje perverso; entonces, en ambos casos el énfasis está en las cualidades adquiridas por un individuo.

La pregunta es cómo se adquieren estas características que determinan nuestro carácter. Existen fuerzas dentro y fuera de nosotros que contribuyen a la construcción del carácter, pues no nacemos con un talante "totalmente integrado", y de este modo algunas cualidades pueden estar presentes y otras faltan. En consecuencia, el carácter debe construirse poco a poco comenzando en el plano de la mente, porque los pensamientos son las semillas del Karma, ya que ellos determinan la forma de relacionarnos con los demás, la Naturaleza y uno mismo. Entonces, ¿quién y qué es lo que moldea nuestro pensamiento?

Cuando un niño nace, su primer contacto con el mundo exterior es con la madre y luego su familia. Sus pensamientos y acciones influyen en gran medida en el carácter del infante, porque durante los próximos siete años éste es confiado, receptivo y dependiente, sin ofrecer resistencia y además es imitativo en sus acciones. A medida que comienza a crecer y entra en contacto con otras personas y objetos, es probable que se vea influenciado por ellos de manera consciente e inconsciente. Asimismo, la escuela y sus maestros tienen un papel muy importante a desempeñar en la construcción de su carácter porque durante la mayor parte del día y en un lapso de 10 a 12 años estará en contacto cercano con ellos. Helena Blavatsky escribió: "La formación escolar es de la mayor importancia en la formación del carácter, especialmente en su orientación moral".

Pero si una escuela enfatiza actitudes incorrectas como la competencia en lugar de la cooperación (donde se enseña al estudiante a acumular sus conocimientos en lugar de compartirlo), o si se le enseña a desarrollar los aspectos "vendibles" o comerciales tales como ambición, agresividad y confianza excesiva (en lugar de fe, caridad y honestidad), entonces ese ambiente se convierte en una fuerza perjudicial para la construcción del carácter. En la mayoría de las escuelas contemporáneas, el conocimiento es sinónimo de hechos científicos y datos técnicos, y a este respecto Gandhi señalaba que el fin de todo conocimiento debe ser la construcción del carácter. Éste será integrado si a los niños se les enseña que el propósito de la vida es avanzar hacia la meta de la perfección cooperando con nuestros compañeros peregrinos, ayudándoles y sirviéndoles en todo momento, y entendiendo la ley de nuestro propio ser con tal de vivir en armonía con la Naturaleza. Por lo tanto, es necesario enseñar a los más pequeños los conceptos básicos de la vida, qué es y cómo vivirla, etc.

Además de las influencias escolares y familiares, las vidas de los grandes personajes, las obras literarias clásicas y otros escritos inspiradores contribuyen a la construcción del carácter. Por encima de todo esto, las grandes y mejores escrituras mundiales han mostrado el camino para desarrollar un talante totalmente integrado, pero el esfuerzo debe ser realizado por uno mismo. La filosofía antigua sostiene que la índole de un individuo es la expresión externa de sus pensamientos internos, y ésa también es la enseñanza de todos los grandes Maestros. En otras palabras: la mente es el jardín y el hombre es su propio jardinero.

La ley equitativa del Karma produce el ajuste necesario, y a medida que se generan las causas correctas y el altruismo se practica cada vez más, lentamente nos liberamos de la dependencia tanto de la vida como de la muerte.

Lo que debemos recordar es que el personaje no puede construirse de la noche a la mañana, ya que este un proceso constante y continuo tanto en el plano físico como mental. William Judge aconsejaba: “Puedes solidificar tu personaje atendiendo a pequeñas cosas y atacando pequeñas faltas y en cada pequeña ocasión, una por una; y esto despertará la actitud interior de atención y precaución. El personaje se fortalece cuando se conquistan las fallas nimias y las mínimas ocasiones". El carácter de la nación y de la Sociedad son un reflejo de sus individuos; por lo tanto, somos responsables no sólo de construir nuestro propio talante, sino también de guiar a otros hacia las fuentes correctas que los ayudarán a construir su carácter.

“El alma debe comenzar luchando contra sí misma y para despertar en ella una poderosa contienda; la parte del alma debe ganar la victoria sobre las otras que son más numerosas. Es una pelea de uno contra dos, donde la única parte se esfuerza para ascender y las otras para descender, y así se da mucho conflicto entre ellas. No importa si gana un lado u otro, porque un sector se esfuerza por alcanzar el Bien y el otro hace su hogar entre los males; uno anhela la libertad y los otros se contentan con la esclavitud. Si las dos partes son vencidas, permanecen en silencio y sometidas a la parte dominante; pero si una es vencida, es llevada como cautiva por las otras y la vida experimentada en la Tierra es de tormento punible. Tal es el concurso sobre el viaje al mundo superior. Y así, hijo mío, debes comenzar ganando la victoria en este proceso y luego, habiendo ganado, asciende” (Hermes Trismegisto). 

("The Theosophical Movement", octubre 2011).