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1 de febrero de 2022

La magia negra y su lavado de imagen

“Ni la magia blanca ni la magia negra son como las entiende la superstición popular”
(H.P. Blavatsky, “¿Qué es la Teosofía?”)


Para la mayoría de nosotros, el término “magia negra” evoca inmediatamente imágenes de brujas o cultos demoníacos, o de ciertos individuos realizando conjuros o rituales de toda clase con tal de dañar o controlar a otros. Es cierto que este tipo de procedimientos constituye magia negra, pero hay muchos otros de los que, aún siendo tal, no estamos realmente conscientes de su naturaleza.

De hecho, miles de personas decentes o bienintencionadas en el mundo son en realidad magos negros sin darse cuenta de ello. Muchas enseñanzas espirituales populares y prácticas corrientes pertenecen completamente al ámbito de la magia negra. Pero ¿qué queremos decir con esto?

La definición de lo que constituye realmente la magia negra es: el uso y aplicación determinados de la fuerza espiritual con un propósito egoísta o material. En contraposición, la magia blanca es simplemente el uso y aplicación determinados de la fuerza espiritual únicamente para bendecir o beneficiar a otros.

Esta definición y postura sobre la magia negra no es única de la Teosofía, sino que es tal y como se ha explicado y considerado a lo largo de los siglos. Cualquier aspirante espiritual que fuese sorprendido intentando usar poderes mentales o espirituales para atraer riqueza, posesiones o cumplir metas de realización personal, era expulsado sin contemplación del templo, monasterio, ashram o la comunidad espiritual que fuese.

Siempre se ha supuesto que el verdadero progreso en la vida espiritual, el camino del desarrollo interior y del alma dependen de la caridad, el altruismo, la humildad y la dedicación de vida sólamente para beneficio de la humanidad, sin mencionar las normas éticas más nobles y la pureza conductual. Todo esto lo encontramos expuesto claramente en las enseñanas de Buda, Krishna, Jesús, Hermes, Shankaracharya, Tsong Kha-pa, Lao-Tsé, H.P. Blavatsky y otros Maestros Espirituales o Reformadores mundiales que han aparecido en todas las épocas.

Durante siglos, las enseñanzas y prácticas tales como la “ley de atracción” y “manifestación deseosa” se mantuvieron en secreto con un manto de oscuridad y recato. Finalmente y como la humanidad ya había alcanzado la cúspide del egoísmo y la obsesión con las ganancias materiales, dichas enseñanzas comenzaron a tener aceptación pública y popularidad, comenzando en el siglo XIX, y expandiéndose con gran rapidez y entusiasmo a medida que avanzaba el siglo siguiente.

Debido a que el egoísmo y el deseo de poder y posesiones son aspectos muy arraigados en la psique occidental, a la gran mayoría de la gente con inclinaciones espirituales no le parece que puede haber algo malo o cuestionable en intentar “atraer una gran casa”, “una pareja hermosa” o “ser millonario” mediante la visualización, la afirmación, el “pensamiento de prosperidad”, los “paneles de sueños” y demases. Y sí, hay algo malo y dudoso sobre eso, porque representan la verdadera definición de lo que es la magia negra.

Básicamente, no hay nada malo en una persona que aspira a grandes cosas en la vida, pero cuando intenta aplicar definitivamente las fuerzas mentales o espirituales con tal de obtener o adquirir las cosas ya mencionadas, entonces deviene mago negro.

No estamos acusando a Rhonda Byrne o a sus colaboradores en el libro “El Seceto” (Bob Proctor, Catherine Ponder, Charles Fillmore, Wallace Wattles, Ernest Holmes, Joseph Murphy, “Abraham-Hicks”) o al ismo del “Nuevo Pensamiento” y otros de ser personas o grupos siniestros o malos deliberadamente. Lo que decimos y basándonos en la autoridad tradicional de la Sabiduría Antigua es que las enseñanzas y prácticas que promueven no son sino magia negra, a pesar de cuánto traten de encubrirla con tal de que parezca algo inocuo o inocente.

Incluso el más leve atisbo o aspecto de autorealización o deseo personal, se manifiesta en algún tipo de ejercicio espiritual concerniente a la magia blanca o negra. Un antiguo proverbio tibetano citado por Helena Blavatsky dice que la línea que separa el camino de la mano derecha (magia blanca) del de la mano izquierda (magia negra) es “tan delgada como el hilo de una telaraña”.

Como vemos, todo el asunto reside en la importancia de que el individuo haya alcanzado un estadio de total y absoluto inegoísmo y ausencia de deseo*, para el fin exclusivo de ayudar y servir a la humanidad. Y después de todo, ¡de eso se trata llevar una vida espiritual!

*Entiéndase por “ausencia de deseo” la consciencia plena que debemos desarrollar para que nuestros deseos naturales no se conviertan en obsesiones o malas conductas. En este sentido, el DISCERNIMIENTO es clave para determinar si nuestros anhelos son necesarios, egoístas o altruistas. De aquí que la expresión “ausencia del deseo” implique tácitamente el eventual descarte del mismo antes de actuar (N.del T.).

“Todo sufrimiento es causado por el deseo. Todo deseo se origina en la ignorancia. La muerte y sacrificio del deseo es la meta de todo esfuerzo espiritual”**. Éste es el mensaje de vital importancia perfectamente resumido por el Señor Buda en sus enseñanzas y filosofía, y anteriormente también por Krishna.

**Ver nota anterior.

Existe otro camino en el que está transitando mucha gente en la actualidad y de manera inconsciente, hacia el abismo de la magia negra, y ése es el ámbito de las prácticas sexuales tántricas.

Desde que ha sido astutamente “blanqueado” por sus principales exponentes (como otras formas de hechicería), muchos occidentales ingenuos se han hecho la idea de que el tantra sexual es una parte integral de las religiones orientales, como el hinduismo. Se sorprenderían de saber que esa práctica es vista con desaprobación e incluso repulsión por la gran mayoría de hindúes, y que en ningún caso es representativa de esa noble religión.

El neoerista promedio que dice tener interés en el tantra, sin duda reaccionaría con horror si supiera lo que es realmente. La evidente condena del hinduismo como conjunto hacia el tantrismo está probada en el hecho de que no se encuentra señalado en los seis darshanas o las seis ramas de la filosofía hindú.

Helena Blavatsky meramente se hizo eco de los grandes Maestros Espirituales de todos los tiempos cuando enseñó que el tan llamado “uso espiritual” del cuerpo físico (o mejor dicho, el uso del cuerpo físico como instrumento para propósitos metafísicos) pertenece únicamente al área de la magia negra. La utilización del cuerpo material es considerada – y con justa razón- totalmente irrelevante por los magos blancos o los Adeptos del camino de la mano derecha, pues sabemos que el cuerpo físico no es nada más que una cobertura externa.

El verdadero esoterismo oriental sostiene que todos los contenidos del sistema reproductivo tienen una conexión espiritual directa con sus antetipos cósmicos, siendo de esta forma objetivos poderosos para la magia negra en el plano físico, y dichas metas, por ende, son consideradas impuras.

No hay nada malo con dos personas que busquen unión sexual (aunque la Teosofía sugiere que el único propósito del sexo es la procreación y no para búsquedas sensuales o egoístas, lo cual produjo la caída y destrucción de la Atlántida y sus habitantes mediante la degradación del acto sexual y con ello el surgimiento del “placer solitario”), pero cuando se realiza con el objetivo de utilizar las fuerzas o fluidos sexuales para fines “espirituales”, deviene magia negra con todas sus letras. Este tipo de práctica, según Blavatsky, “es el más terrible de los pecados kármicos”. Cualquier tipo de “magia sexual” se convierte automáticamente en hechicería.

Ahora bien, el lector que ha llegado hasta esta parte del artículo puede haberse formado la opinión de que los teósofos tienen por pasatiempo espiritual ser “aguafiestas”. Sin embargo, este no es el caso pues el artículo se ha escrito con una preocupación genuina y sincera por la humanidad. Mientras las raíces del deseo, la ambición personal, el egoísmo y la sensualidad sigan su loca carrera, sería muy poco realista esperar que mucha gente preste atención o considere los aspectos que se han expuesto aquí. No obstante, si incluso una sóla alma se salva de ser presa de la magia negra luego de la lectura, estaremos satisfechos de que nuestros esfuerzos no han sido en vano.


APÉNDICE
(de la revista “Theosophical Movement”, junio 2009, sección “Questions and Answers”)
 
Pregunta: ¿Qué es la “magia negra inconsciente”?
Respuesta: Helena Blavatsky define la magia negra como el abuso o mala utilización de los poderes psíquicos o de cualquier “secreto de la naturaleza”, es decir, emplearlos para propósitos egoístas o malignos. Podríamos llamar “mago negro” a un hipnotizador que pone en trance a un sujeto, interfiere con su libre albedrío y utiliza el poder de la “sugestión” para lograr que esa persona robe o cometa crímenes de toda clase. Con respecto a la mala utilización de los “secretos de la naturaleza”, Blavatsky da el ejemplo de las “inyecciones animales” preparadas por el doctor Brown-Sequard, quien fue un fisiólogo y neurólogo francés pionero en endocrinología y neurofisiología. Se dice que éste se “rejuveneció” por inyecciones subcutáneas de un fluido preparado a partir de testículos de perros y cobayas recién sacrificados. Comparando el “sistema de rejuvenecimiento” de Brown-Sequard con los males del hipnotismo (U.L.T. Pamphlet No. 19), Blavatsky señala que en el último caso la “sugestión” una vez implantada no se borra completamente, y de aquí que, como una semilla, dicha incidencia criminal puede permanecer dormida en la mente del sujeto a veces por años, para despertarse repentinamente por alguna circunstancia imprevista que fuerce a ese individuo a cometer un delito. 

Blavatsky comenta que esto es tan malo en el plano moral como es -en el ámbito físico- la introducción artificial de materia animal en la sangre humana (por el doctor Brown-Sequard), lo cual ella describe como magia negra inconsciente. En nuestros tiempos, bien puede ser catalogado como tal el uso de medicinas como el Viagra que otorgan un “vigor juvenil” para el goce sexual.

En su artículo “Occultism versus the Occult Arts”, Blavatsky también clasifica la vivisección como magia negra. Otorgando otra definición sobre esta práctica, sostiene que la hechicería es cualquier tipo de influencia maligna ejercida sobre otro que hace que éste sufra en consecuencia. En el artículo “Have Animals Souls?”, Blavatsky escribe que la vivisección es la “especialidad de los mataderos científicos” donde el animal es torturado por días, semanas e incluso meses, y que ese suplicio se aplica a los tejidos y músculos de la misma víctima una y otra vez hasta que la abandonan el aliento de vida y la sensibilidad.

Siempre existe un peligro de ejercer magia negra inconsciente mediante nuestros pensamientos. En “Dialogues Between the Two Editors”, Blavatsky señala que muchas de nuestras cogitaciones “no nacen para morir”, sino que existen emanaciones mentales silenciosas y potenciales. La autora cita el caso extremo de una persona que desea intensamente la muerte de otra. Si el emisor es un dugpa o adepto del “sendero izquierdo”, entonces la víctima morirá, pero si no es dugpa entonces tal pensamiento o deseo regresa a ella y puede causar su propia muerte. Es como arrojar una pelota que si no penetra el objeto rebotará causando daño a quien la lanzó.

Se podría preguntar “¿y qué hay si una persona no es dugpa, pero tiene voluntad fuerte?” La respuesta es que la “voluntad fuerte” por sí sola no es suficiente. Éste puede ser un individuo con capacidad para el mal de ojo, es decir, que posee un enorme poder de imaginación que opera involuntariamente y es usado inconscientemente para malos propósitos. Tal persona, sin darse cuenta, crea una corriente que tiene potencialidad para crear infortunios o accidentes, por lo que todo particular que entra en contacto con esa influencia recibe daños. Blavatsky continúa diciendo que un individuo que practica el “mal de ojo” no necesita una imaginación poderosa o intención maligna, y puede producir esa corriente destructiva incluso si está naturalmente atraída por contemplar hechos sensacionalistas como asesinatos, ejecuciones, accidentes, etc., o incluso leer sobre ellos. Tan pronto como esa persona piensa en el daño que se avecina sobre alguien, esta corriente causará daño.

Puesto que no tenemos un estándar comparativo para diferenciar entre un pensamiento inefectivo y otro silencioso aunque potencial, debemos ejercer una vigilancia constante y tampoco debemos arrojar un mal de ojo sobre otro deseándole daño, sin importar cuál sea la situación. Tenemos que recordar que como una persona avanza en el camino espiritual, sus pensamientos adquieren gran poder y en realidad podrían causar perjuicio colateral. Incluso aquéllos que se esfuerzan por llevar una vida moralmente pura no deben caer en la complacencia, porque a veces las causas triviales podrían producir un desastre, como el primer paso en una montaña resbaladiza puede enviarnos precipitadamente a los brazos de la muerte. El Señor Buda dice: “No pienses livianamente del mal, ni digas 'esto no me va a pasar'. Incluso un pote de agua se llena por la caída constante de gotas, y así un tonto puede llenarse de maldad si la acumula poco a poco” (Dhammapada, verso 121).

Cuando alguien intenta producir influencia psicológica personal e indebida en una persona, se convierte en magia negra inconsciente. Por el sólo hecho de estar vivos influenciamos a otros a nuestro alrededor, para bien o para mal. Sin embargo, enorme sería el karma de alguien que deliberadamente y con premeditación influencia a cientos o miles de personas, desorientándolas con una ideología equivocada.

Blavatsky menciona la “oración de la voluntad” en donde la actitud interna es “hágase tu voluntad en la tierra como en el cielo” y no existe elemento personal o egoísta. Parece ser que en tal plegaria la mente se libera por un breve tiempo y se convierte en una con lo divino, y es así como pueden estar disponibles las potencialidades y poderes de la naturaleza espiritual, traduciendo nuestros pensamientos y deseos en acciones. Pero si no hay pureza, entonces únicamente enviamos ondas de deseos personales hacia nuestra parte divina, lo cual puede desencadenar resultados desastrosos. Helena Blavatsky escribió que cuando un individuo declara “hágase tu voluntad y no la mía” y aún así envía ondas de determinación para propósitos egoístas y perversos, deviene magia negra, abominación y hechicería espiritual.