The Theosophical Movement, parte 1, diciembre 2019
En astronomía y astrología, el Zodíaco es una "faja" celeste que se prolonga nueve grados a cada lado de la eclíptica -recorrido aparente del Sol por las constelaciones a lo largo de un año-, y comprende también las órbitas de la Luna y los planetas principales. Una constelación es un grupo de estrellas que forma paternas imaginarias en el cielo nocturno, que normalmente representan criaturas, dioses u objetos inertes, y puesto que la mayoría simboliza animales, los griegos hablaban del zodiakos kyklos o "círculo" análogo. A medida que la Tierra gira en torno al Sol, éste semeja transitar por diversos conjuntos estelares y cada uno de los doce signos ocupa 30 grados de dicho círculo, correspondiendo más o menos a las doce constelaciones reales.
De acuerdo con ciertos academistas, el Zodíaco no es muy viejo al ser concebido por los griegos bajo el período macedonio, y creen que los hindúes u otros pueblos orientales nunca conocieron el sistema hasta que lo "prohijaron" de aquéllos, dudando asimismo sobre su antigüedad egipcia. Helena Blavatsky nos remite al Libro de Job, considerado el más pretérito del canon hebreo -anterior a Moisés- que narra “la creación de 'Arturo, Orión y las Pléyades (Ash, Kesil y Cimah) y las cámaras del Sur' (ix. 9); de Escorpio y los Mazzaroths, los DOCE SIGNOS (xxxviii, 31, 32) [lo que implica] el conocimiento del Zodíaco incluso entre las tribus beduinas”. De hecho, ese texto bíblico menciona varios datos astronómicos, y basándose en ellos, J.S. Bailly demostró que esta ciencia existió alrededor del 3700 a. de C., fundada por un pueblo primitivo y prediluviano; así, los griegos no pudieron inventarla durante esa época. Además, si era conocida en los días de Job, ¿cómo pudieron los hindúes civilizados y filosóficos permanecer ajenos? (Doctrina Secreta, vol. 1, p. 647-48).
El Zodíaco estuvo presente en India y Egipto por tiempo incalculable, cuyos sabios (magos) practicaron un conocimiento mucho mayor que los expertos contemporáneos sobre la influencia oculta de estrellas y cuerpos celestes. En las cercanías de Ciudad de México se descubrió un bajorrelieve en una pirámide muy antigua, que representa a un personaje mirando astros por un "conducto largo" similar a los telescopios actuales, y en paralelo, las observaciones del Surya Siddhanta se remontan a unos 50.000 años (Le Lotus, septiembre 1886).
Los arios prístinos recibieron aspectos culturales maravillosos de la Cuarta Raza, como el Mayasabha descrito en planas del Mahabharata, construido por el místico atlante Mayasura (Asuramaya) en beneficio de los Pandavas. La cronología y los cálculos de iniciados brahmanes se sustentan igualmente en las obras de aquel sujeto.
Se piensa que Garga, el astrónomo indio con mayor historia, heredó su talento de Sesha, la serpiente de mil cabezas que transporta siete Patalas y al mundo, que también es Ananta ("infinito"), Sabiduría Divina y el “Ciclo Eterno” en esoterismo. Hay Estrofas remotas que atribuyen al sabio Narada el cómputo y registro de todos los ciclos cósmicos venideros, impartiendo esta erudición a la humanidad primitiva. Asuramaya -primer especialista del ámbito en el Aryavarta- empleó el trabajo de Narada a fin de determinar el lapso de períodos geológicos y cósmicos pasados, así como otros futuros, hasta el término de la Séptima Raza (DS, vol. 2, p. 49).
William Judge declaró: “No creáis que los astrónomos harían otra cosa que un desastre con el zodíaco, si los antiguos caldeos [y babilonios] no hubieran transmitido el que usamos hoy", ya que perdimos la clave para comprender el Bhagavad-Gita y el susodicho "círculo de animales", dos grandes "depósitos de conocimiento”. El origen y trasfondo real/oculto zodiacales seguirán constituyendo un misterio ante la persona común, excepto entre los Iniciados genuinos.
En Isis Develada su autora muestra que los doce signos refieren a los doce patriarcas judíos y la evolución del Universo. La Enseñanza Atemporal dice que éste último no se "crea", sino reviste un continuo desarrollo a partir de una Sustancia o Materia Primordial, y nuestro Espacio cósmico es sólo uno en medio de una serie interminable de otros. El "crecimiento" de todo mundo, incluida la Tierra, comporta doce transformaciones que comienzan con la índole metafísica y suprahumana, hasta llegar a la parte física del Cosmos y nuestra especie. Aplicado al globo tangible que habitamos, después de los primeros seis cambios aquél y todo lo que contiene es material y burdo, mientras que durante los siguientes se tornan finos y espirituales. De este modo, el concepto fue resumido en el diseño pictórico del Zodíaco para aprendizaje de los legos.
Al principio sólo eran públicos diez signos: Aries, Tauro, Géminis, Cáncer, Leo, Virgo-Escorpio, Sagitario, Capricornio, Acuario y Piscis, ya que había dos de carácter sibilino. Cuando fue preciso hacerlos exotéricos, se separó el dúo Virgen-Alacrán y apareció Libra, por lo cual éste último y Escorpio ocultan las denominaciones reales. Los símbolos arcanos tienen la clave de todo el secreto de la Creación, el origen del "bien y el mal" y los cambios paulatinos del mundo, desde su estrato espiritual/subjetivo al sublunar/“bisexual”. Estos doce emblemas se distribuyen en dos grupos: los primeros seis ascendentes o línea del Macrocosmos (ámbito del Espíritu), y los restantes figuran el tramo descendente o Microcosmos (reino secundario y reflejo de su contraparte superior). Libra cumple el rol de "interpósito" entre la Divinidad y el ser humano o la materia; su diseño de "balanza" recuerda a un punto de equilibrio e inflexión, mostrando que en el curso evolutivo los mundos llegan al sitio más bajo y los humanos se vuelven autofílico-materialistas, por lo que el Espíritu comienza a ascender y expresarse a través de índoles tangibles. La báscula también evidencia el contrapeso eterno entre fuerzas centrípetas y centrífugas, oscuridad y luz.
Se nos dice que los patriarcas de la Biblia -idénticos a los Sephiroth y Prajapatis ("progenitores") hindúes- son simplemente los signos zodiacales, refiriendo al progreso espiritual y físico de razas humanas. A lo largo del ascenso eran colectivos puros que nacían sin vínculo sexual, hasta llegar a Virgo-Escorpio, Jehová u hombre hermafrodita. El "divorcio" entre éstos produjo ambos sexos, historia "camuflada" en el símil de Caín y Abel. Sagitario corresponde a Seth, la última parte de la Tercera Raza en que advino ese episodio. Libra o Enoch es mitad humano divino y mitad terrestre; luego, la línea degresiva ilustra las razas reproducidas mediante bisexualismo. Con esta glosa, Blavatsky señala que sólo dio "una vuelta a la llave", y para asimilar el misterio íntegro quedan aún otras siete (Isis, vol. 2, p. 455-463).
En su artículo que aborda el tópico, Subba Row escribió que los nombres dados a los "domicilios zodiacales" no tienen nada que ver con la forma de las constelaciones, e intenta esclarecer el origen de esos apelativos con la filosofía subyacente. Desde una óptica, simbolizan diversas etapas en la evolución de lo Desconocido hasta el Universo físico y objetivo de panchamahabhutas o cinco elementos. El autor anexa los términos sánscritos respecto a dichos signos y sugiere cuatro reglas para obtener su trasfondo recóndito: a) investigar la sinonimia de cada uno; b) determinar el valor numérico de las letras que componen el vocablo; c) revisar sus enlaces con mitos o alegorías antiguas, y d) permutar las sílabas de la palabra, examinando nuevas mezclas.
Aries equivale al sánscrito Mesha o "carnero". Uno de sus sinónimos es Aja, "no nacido", la Realidad Única, la Causa Sin Causa, Parabrahman u origen autoexistente, perpetuo y autosuficiente de todo. Le sigue Rishabham, el "toro", pero se utiliza en varios sectores de los Upanishads y Vedas designando al AUM o Pranava. El Glosario Teosófico dice que "Taurus" denota la constelación más encubierta e indica el Aleph o primera letra del alfabeto hebreo. El toro implica la fuerza y el poder procreador del Logos, y bien puede aludir al Sabda Brahman, Logos Inmanifestado o las vibraciones etéreas que llenan el Espacio.
Parte 2, enero 2020
Volviendo al texto en Isis Develada, vemos que AUM apunta al primer Triuno. Parabrahman es Causa Eterna, Principio sin principio, infinito, Omnipresente, Omnipotente e Inmutable. Durante el Pralaya o “Noche de Brahma” estuvo en un sueño "eterno" desde la perspectiva humana, y periódico respecto a "Ello". Al concluir ese lapso e iniciarse la manifestación, Su Esencia irradia el poder activo y sempiterno de Aditi, que es femenino en el comienzo y se torna andrógino como “Padre/Madre Aditi”, pues cuando asume el papel creador tiene carácter "masculino". Junto con Parabrahman compone así la Tríada abstracta, el Triángulo Superior que encierra el Nombre Inefable. En filosofía cabalística equivale al En-Soph (Parabrahman), Sephira y Adam Kadmon, y a su vez estos son uno bajo dos aspectos (Isis, vol. 2, p. 266-67).
En Transactions (p. 2-4) leemos que la primera diferenciación se consideraba femenina según todas las cosmogonías mundiales, siendo "Madre Inmaculada" y “Padre-Madre Eterno” en las Estrofas de Dzyan por ser andrógina, homóloga con la Aditi védica, el Mulaprakriti del Vedanta y el Svabhavat budista. Allí surge el Logos Inmanifestado o Narayana; ende, el Triángulo Superior consta de Parabrahman y el Andrógino Infinito, es decir, Mulaprakriti y el Logos sin exteriorizar.
Géminis o Mithunam describe a los "gemelos", y en un nivel cósmico es el Andrógino Divino o Ardhanareeshwar, el Sephira bisexual-Adam Kadmon antes de polarizarse en masculino/femenino. Esotéricamente representa la energía cósmica unitaria, verbigracia, Brahmaprajapati, Ormazd, Adam Kadmon, etc., y aquí el nexo Espíritu-materia (Purusha/Prakriti, andrógino) es símil al calor y el fuego, permaneciendo inseparables. Tauro compete al Logos Inmanifestado, que después ingresa en el Huevo Áureo o Mundano (Hiranyagarbha/esfera de nuestro Universo, primera exteriorización y Materia Primordial) y termina por aflorar en calidad de Brahma andrógino.
Cáncer (Karkataka) tiene vínculos con el Tetragrama, cuando las sílabas sánscritas se convierten en números afines. "Tétrada" quiere decir "cuatro", y hay dos clases: “La verdadera Tetraktys pitagórica era (...) la Mónada invisible, que genera los tres primeros puntos, y luego se retira a oscuridad y silencio eternos; en otras palabras, la Tetraktys es el primer Logos” (Transactions, p. 90-91). “En geometría oculta y pitagórica se dice que la Tétrada combina dentro de sí toda la materia que integra el Cosmos (...). Kether o Sephira (...) emite a Chochmah y Binah -sinónimos de Mahat en los Puranas hindúes-, y este trío, descendiendo a lo físico, origina el Tetragrammaton o Tetraktys, como también el cuaternario inferior”. En la metafísica hindú, Brahma escinde su cuerpo en dos y a través de la mitad femenina (Vach) creó el polo "masculino” (Viraj). Se piensa que Cáncer atañe a Parabrahmadharaka ("portador de Parabrahman"), idea propuesta por Subba Row en el sentido de ser un reflejo de Aquéllo en el plano de las emanaciones.
El "cangrejo sideral" connota a Pranava resuelto en cuatro entidades, comparativas a igual número de Matras. La Voz del Silencio lo nombra el "Gran Pájaro", Kala Hansa o Cisne. La vocal A se considera el "ala derecha", U la "izquierda", M su "cola", y el Ardha-matra ("medio metro") la "cabeza". El Cisne fuera del Tiempo y el Espacio se empareja con Parabrahman, mientras que dicha figura aviar inserta en ellos alude a Brahma o el Logos manifiesto (p. 5-6). El simbolismo canceriano engloba además los cuatro Avasthas y estados de conciencia (vigilia, sueño, dormir profundo sin sueños y Turiya), agregando las condiciones o formas cuádruples de la Palabra Sacra (Vâch/"discurso mistérico y creativo de los Rishis"): Para, Pashyanti, Madhyama y Vaikhari, que en cierto modo constituyen las voces y sonidos místicos que escucha el Yogi en varias fases meditativas. Las tres primeras se captan sólo mediante sentidos espirituales plenos, y Vaikhari es la aptitud de oír con el órgano físico.
En la base de toda palabra existe pensamiento, y así nuestro lenguaje es un logos de la mente ("expresión externa" o "efecto de causas ocultas"); ítem, en el plano superior el Logos Manifiesto presenta a la Divinidad. El plan para el Universo fenoménico reside en la Mente Egregia, revelándose por vía de Brahmâ y Vâch/Saraswati (logos masculino/femenino). Subba Row consigna: "Parabrahm es el aspecto Para de Vach (...). Pasyanti concuerda con el Logos o Chit [Conciencia]; Vaikhari, emblema del Cosmos visible, es Achit; y Madhyama (luz del Logos [Fohat]) se llama Chidachit (...). [Patanjali habla sobre ésta a guisa de] nexo entre la idea del Universo o arquetipo mental (en el Logos) y exhibida en el plano tangible [Cosmos objetivo] (...) cuando esta fuerza transmite su imagen o impulso a la materia cósmica".
La cuarta casa zodiacal resume las índoles de Brahma que son Vaiswanara, Hiranyagarbha, Pragna e Iswara. Conforme a Subba Row, se tratan de principios en el Cosmos material, subroga al tercero con Mulaprakriti -"velo de Parabrahman"- y con este cimiento los tres restantes hacen posible la existencia del Sistema Solar. Vaiswanara es el "mundo objetivo" y la única base de su inicio; más allá se encuentra Hiranyagarbha o "soporte" del plano astral, luego Eswara/Sutratma en cuanto Karan Sarira cósmico, y finalmente Parabrahman (Notes on the Bhagavad-Gita). Esto puede homologarse con los atributos universales Eterno (desde donde evoluciona el Preexistente) y Fenomenal o "sombra" de aquél (DS, vol. 1, p. 278). El Universo perenne igualaría al Akasa o plano nouménico cuyos arquetipos se invierten en la Luz Astral (ámbito de imágenes subjetivas), que a su vez devienen concretos en el mundo corpóreo.
Leo tiene a Simha por palabra afín, la que encierra muchos conceptos esotéricos, y además empareja con Hari y Panchasyama (los cinco Brahmas, a saber, Isanam, Aghoram, Tatpurusham, Vamadevam y Sadyojatam, o incluso los Dhyani-Budas quíntuples). Hay doce grandes Poderes Creativos en los signos zodiacales; de ellos, siete revisten carácter misterioso, y el septenario manifiesto se conecta con igual número de planetas sacros. Dicho grupo creador integra seres espirituales, semiespirituales y etéreos, en tanto su orden oculta sólo se describe con los guarismos "4" y "3", donde las jerarquías principales conforman el Cuaternario, incumbente a los “cuatro cuerpos y tres facultades de Brahma” y al Panchasyama (DS, vol. 1, p. 213). A guisa de metáfora, los "cuatro cuerpos" de Brahma son Amanecer (que engendró el colectivo humano), Noche (origen de Asuras, los primeros en ser concebidos), Día (dioses pasivos o de bondad negativa) y Crepúsculo (venero de Pitris), mientras sus "cualidades" refieren a Sattva, Rajas y Tamas (DS, vol. 2, p. 58-60).
Parte 3, febrero 2020
El vocablo Hari engarza con Jivatma o "progenie de Paramatma", el Cristo real en nosotros (Espíritu puro) y Atman como rayo de Aquél. En los estratos vegetal y animal Jivatma equivale al principio de vida, si bien a nivel cósmico es Purusha expresado en Brahma del "huevo de oro" para convertirse en Viraj, el Universo.
Virgo (Kanya) personifica Sakti o Mahamaya, y al ocupar la sexta posición, indica fuerzas primarias sintetizadas en la Luz Astral o "virgen celeste" según los filósofos cabalistas y herméticos: (1) Para-Sakti (Poder Supremo), (2) Jnanasakti (Sabiduría), (3) Icchasakti (Voluntad), (4) Kriyasakti (Pensamiento), (5) Kundalinisakti (corriente electro-espiritual zigzagueante) y (6) Mantrikasakti (vigor del lenguaje, el sonido o la música). Es llamativo que, de acuerdo al Glosario Teosófico, Akasa es el medio indispensable de toda Kritya u obra mágica, ya sea religiosa o profana.
Libra (Tula) encierra 36 Tattwas o fuerzas cuando se asignan valores a sus letras, según los métodos en antiguas obras tántricas. Así, la diferencia entre Jivatma y Paramatma es que el primero está comprendido (finito) en ese conjunto, y el segundo es libre. Los filósofos antiguos dijeron que si el Sol se encuentra en Escorpio o Vrischika, adopta el nombre de Vishnu, "aquéllo que se expande a semejanza del Universo". Reseña el tiempo en que éste permanecía como Idea Divina previo a existir en el plano físico. Sagitario (Dhanus) encarna los nueve Prajapatis (Sephiroth), asistentes del Demiurgos (Brahma/Logos manifiesto) que participan en la construcción del Universo material.
Capricornio (Makaram) señala al Macro y Microcosmos. En sánscrito, Ma es "cinco" y kara "manos" o "flancos", indicando el pentágono. El término dasadisa explica que el Universo está circunscrito con esa figura, y Subba Row dice: “Si tomamos los pentágonos como regulares (...) la forma del Universo será un dodecaedro, modelo geométrico seguido por el Demiurgo [Logos creativo]" al edificar el mundo concreto (DS, vol. 1, p. 344).
El Sol llega a Capricornio en diciembre o el solsticio de invierno. Sin embargo y excepto los Iniciados, nadie conoce el verdadero vínculo místico entre Kumara y Makara, éste último anagrama del anterior. Conforme a Blavatsky, los teósofos debieran empezar el año un 4 de enero, ya que desde tiempos inmemoriales la fecha era consagrada para Mercurio-Budha o Thoth Hermes, dios de sabiduría. Se afirma que los Kumaras/Manasaputras (Seres Divinos) encarnaron en nuestra especie bajo el décimo signo zodiacal cuando ella careció de intelecto, pero poseía un cerebro mayor que otros animales; así, el humano adquirió autoconciencia y el poder de reflexionar y elegir. Helena agrega: "(...) Makaram o Panchakaram significa 'pentágono', la estrella de cinco puntas que delinea las cinco extremidades corporales (...). Manas es el quinto principio (...) del Hombre pensador y consciente" (DS, vol. 2, p. 576 nota al pie).
En Egipto, Sekhem o Se-khen es la residencia de Khem u Horus-Osiris, sinónimo con Devachán, y los muertos se transformaban en el cocodrilo Sebakh/Sevekh o “Séptimo”. Gerald Massey evidenció que esa criatura era la Séptima Alma, es decir, el segmento espiritual de la Mente Superior se une con Atma-Buddhi durante el proceso devachánico de asimilación, y el Ego retorna al planeta más "enriquecido" en la vida posterior (DS, vol. 1, p. 219-20).
Epilogando este "circuito sideral", Acuario (Kumbha) equivale a 14 lokas o "áreas", en tanto que Piscis (Meenam) recuerda los cinco elementos. Y Subba Row advierte: “El velo sabiamente puesto sobre una parte del misterio relacionado con los signos (zodiacales) por filósofos antiguos, nunca será abierto para recreo o enseñanza del público”.
Los efectos gravimétricos del Sol, la Luna y los planetas en el "bulto" ecuatorial terrestre hacen que el eje mundano oscile en sentido horario y describa un círculo paulatino, a manera de las peonzas que tambalean antes de caer. El axis traza un "cono" de radio angular de 23½ grados perpendiculares a la órbita por espacio de 25.868 años, y esta precesión cambia el sitio de varias estrellas o polos sidéreos, que se convierten a su vez en "faro boreal" astronómico. En la época que los egipcios construían sus Pirámides, la estrella del Polo Norte era Alpha Draconis (Draco) y hoy tenemos a Polaris (Osa Menor). La próxima será Al Deramin y después Vega (Lyrae) en 14.000 d. de C.
Los monumentos se edificaron “'cuando Dhruva (Estrella Polar) estaba en su punto más bajo y Krittika (Pléyades) miró encima de su cabeza (en igual meridiano) para observar la faena de los gigantes'. Como las primeras pirámides aparecieron al comienzo de un año sideral, bajo Dhruva (...) debió tener lugar hace 31.105 años" (DS, vol. 1, p. 435).
Durante un equinoccio vernal, el Sol semeja "retroceder" en torno al ecuador celeste y cruzarlo en el mismo punto transcurridos 25.868 años o Gran Año Sideral. Si comienza en Aries, se mueve un grado cada 72 años en el cinto zodiacal. Un signo ocupa 30 grados de la línea, y el sitio demora 2155 años en atravesar un "domicilio" (Ciclo Mesiánico samaritano y judío/72 x 30= 2160). Luego el equinoccio se mueve a Piscis y tarda otros 2160 para transitarlo, llegando hasta Acuario y así sucesivamente.
En 2410 a. de C. el equinoccio pasó al Carnero, hacia 255 a. de C. se alojó en Piscis y en 1898 marcó el comienzo de la Era Acuariana donde "los psicólogos tendrán un trabajo adicional, y las idiosincrasias psíquicas humanas sufrirán grandes cambios” (H.P.B., "The Esoteric Character of the Gospels"). Robert Crosbie explicó que ello refiere a una susceptibilidad sugestiva -buena, mala o indiferente-, de modo que hoy millones de personas veneran a falsos "mesías" deseñando el imperativo de discriminar entre bien y mal, verdades y mentiras (The Friendly Philosopher, p. 151). También han surgido nuevas y mútliples enfermedades psíquicas, y las terapias alternativas vienen complementándose con métodos que incluyen limpieza del aura, equilibrio de chakras, hipnotismo, etc.; ídem, desde los años '40 el campo de la Parapsicología recibe atención gradual de científicos ortodoxos.
William Judge consigna: “Se dice que el último año sideral terminó hace 9868 años, bajo una violenta catástrofe o serie de hecatombes planetarias, y las naciones se redistribuyeron. El fin de este gran período lleva a la Tierra hasta nuevos lugares del Cosmos” (El Océano de la Teosofía, p. 129).
Parte 4, marzo 2020
El ciclo de 25.868 años puede ayudarnos a definir la etapa en que se levantó la Gran Pirámide de Giza: "Suponiendo que el largo y estrecho pasaje degresivo se dirigía a la estrella polar de los constructores egipcios (...) los astrónomos prueban que Alpha Draconis (...) estaba en la posición requerida alrededor del 3350 y 2170 a. de C. (Proctor, cita por Staniland Wake); con todo, el sitio relativo de ésta y Alcyone 'es extraordinario, y no podría volver a ocurrir durante todo un año sideral” (ibídem). En resumen, y puesto que el zodíaco en Dendera muestra el paso de tres años siderales, la Gran Pirámide debió fabricarse 78.000 años atrás, o en cualquier caso, dicho resquicio merece estudio al menos tan fácilmente como la fecha posterior de 3350 a. de C." (DS, vol. 2, p. 432).
Situado 60 kms. al norte de Luxor (orilla occidental del Nilo), Dendera fue el principal centro de culto a Hathor, diosa de fertilidad, las mujeres y el parto. Su edificio actual data del periodo ptolemaico (305-330 a. de C.) siendo concluido por Tiberio (14-37 d. de C.), pero se asienta en bases previas que remontan a Keops, segundo rey de la Cuarta Dinastía (c. 2613-2494 a. de C.). Los célebres zodíacos interiores plantean grandes enigmas al tener estrechos nexos con ciclos siderales, y numerosos estudios ofrecen hipótesis abordables.
El templo alberga dos panorámicas del cielo: un techo circular y otro diseño rectilíneo en la sala hipóstila. El diagrama redondo muestra las constelaciones de emblemas astrológicos griegos, junto con perfiles variopintos, y a lo largo del borde desfilan los "espíritus" o estrellas de 36 decanatos [12 signos x 3 gajos cada uno] que aparecían antes del amanecer, correspondientes a las semanas egipcias de 10 días o lapso que tardaba un astro nuevo en hacerse visible al alba.
Según Heródoto, los sacerdotes egipcios declararon que sus registros cronológicos eran antiquísimos y hubo una época en que "el Sol salía dos veces por donde se oculta", y otras dos "desapareció en el punto de amanecida", un período de dos precesiones ó 51.736 años (DS, vol. 1, p. 435). Este zodíaco, con su "Virgo triple" entre Leo y Libra, justificó la enseñanza iniciática de que: a) los polos planetarios y la eclíptica coincidieron anteriormente, y b) desde que comenzaron sus cálculos, esos extremos geográficos estuvieron tres veces dentro del plano eclíptico.
"(...) 'Y en el cuadro que presenta los polos en ángulos rectos, sus marcas prueban que 'no fue la última vez que mostraron dicha posición, sino la primera', tras confeccionar los zodíacos (...). Capricornio aparece en el Polo Norte, y Cáncer dividido cerca de su mitad en el austral; de resultas, originalmente era invierno cuando el Sol moraba en el Cangrejo, pero Leo y la Virgen son las características principales de este monumento conmemorativo del primer turno que el polo definió ese sitio' (A Mystery of the Zodiac, parte 2 [Sampson Mackey])" (DS, vol. 2, p. 431).
Las pinturas triples de Virgo (por ejemplo, una amamantando a su retoño y otra con una espiga o símbolo de primavera) pertenecerían a los tres colectivos finales de la cuarta subraza de la Quinta Raza-Raíz, con un tiempo de vida respectivo entre 25.000-30.000 años [~25.868]. La inversión del eje se ratifica en el comentario de Mackey sobre algunos zodíacos que exhiben la cola de Leo arriba y con cabeza de ofidio, por cuanto la quinta casa estuvo al revés (DS, vol. 2, p. 433), mientras el cambio de 0 a 180° tomaría cerca de 11,6 millones de años. En un año sideral los trópicos se alejan del polo cuatro grados en cada vuelta desde los puntos equinocciales, conforme el ecuador transita las constelaciones astrológicas (ibídem, vol. 2, p. 331), pero la ciencia no admite el hecho. Estas y otras perspectivas no son categóricas, y existe una amplia literatura para quienes deseen elaborar mayores análisis.
Al principio y final de ciclos largos, como también su empalme, hay cambios polares y cataclismos que se expresan en terremotos, incendios y crecidas. “Si el período sideral se divide por cuatro, tenemos 6450 años o fase de cinco mil con el crepúsculo y amanecer. Los egipcios enseñaban que con cada cuarto del 'gran círculo solar' había secuelas físicas por alteración de polos, y se originan otras espirituales debido al desarrollo interno del colectivo humano (...) las trasformaciones interiores causan aquéllas materiales a través de (...) los movimientos de grandes astros" (W.Q.J. Series n° 7, p. 21).
Hay vínculos indisolubles entre el ser humano y toda contingencia en la Tierra: los vaivenes climáticos, continentales o glaciares, vulcanismos o rebalses prematuros se hallan sujetos a nuestras actividades y relacionan con el eje planetario. La filosofía oculta dice que, aparte del daño antropogénico al medioambiente, existen eslabones entre pensamientos humanos y desastres naturales. Beroso declaró que las profecías de episodios globales se realizaban mediante el Zodíaco, los que precipitan al renovarse el tiempo de 25.868 años; así, la bonanza y miseria de países tienen conexión íntima con el inicio y término de dicha fase (DS, vol. 2, p. 330).
Egipto y Grecia contemplaron ciclos brahmánicos, siendo Saros y Neros en aquél, de los cuales se sabe muy poco (Isis, vol. 1, p. 303). Hacia el fin de un “gran año” la Tierra experimenta grandes vuelcos; en “Ancient Doctrines Vindicated by Modern Prophecy” Blavatsky asevera que este periodo mayor consta de 21.000 años variables -o seis saros caldeos de 3500- repartidos en una mitad de 10.500 o "cúspide" con catástrofes menores, y la segunda conlleva trastornos geológicos universales y terribles. A lo largo de ese año "heliacal" (cuyo invierno fue llamado "diluvio" y el verano ecpyrosis) hubo enormes destrucciones y la zona fría/polar tuvo desplazamiento gradual al paralelo 0 con plantas frondosas y vida silvestre. Las culturas populares sostienen que el mundo se "quemó e inundó" de manera alterna, un hecho conocido además por babilonios y sacerdotes egipcios. En cuanto al cambio total de climas en trópicos y polos, durante el Mioceno Groenlandia y Spitzbergen -restos del Segundo Continente o Hiperbóreo- gozaron de calidez y comportaban árboles como robles, álamos, nogales y secuoyas (DS, vol. 2, p. 11).
El cálculo de saros y neros es secreto, y sin embargo ciertos matemáticos y arqueólogos fijan los últimos en "600 años", creyendo que la eclíptica y el ecuador coincidirán en 6000 cuando haya "hecatombes por fuego". Dicen que para otras diez nerosis el Sol estará emplazado al Hemisferio Sur produciendo "desatres hídricos"; los seis milenios próximos atestiguarán convergencia de dichos planos con "desolamientos ígneos", y los 6000 años postremos verán al Astro Rey en la mitad norte del globo como ahora, lo que causará "estropicios por agua". Todo ello completaría 24.000 años o un ciclo sidéreo aproximativo, pero esos números se equivocan íntegramente (Isis, vol. 1, p. 33-34).
Parte 5 y final, abril 2020
La astronomía era sinónimo de astrología en tiempos remotos. Tras culminar seis etapas, los sacerdotes egipcios recibían una cruz Tau y el título de Astronomos-Sanadores en el séptimo nivel, previa enseñanza relativa a los signos zodiacales en un baile circular que imitaba el curso de los planetas, también comparable a la danza mítica de Krishna y las Gopis (Glosario Teosófico). D.F.J. Arago escribe que Hipócrates demostró gran confianza en el predominio de aquéllos sobre criaturas y sus enfermedades, y advirtió no consultar médicos ignaros de astronomía, subrayando sus profundos nexos con la química y los estudios sibilinos del empíreo.
La astrología exotérica define la obra de cuerpos interplanetarios en asuntos mundanos, y vaticina ocurrencias a partir de posiciones singulares. El horóscopo es un "mapa" sidéreo dentro del lugar y la hora en que nace un individuo, y otorga ideas sobre su carácter, atributos o hechos críticos del porvenir. Las coordenadas básicas son el cenit (punto cimero o más alto), nadir (sector opuesto), ascendente (rumbo este) y descendente (sentido oeste), los cuales trazan líneas imaginarias que reparten el círculo en cuatro cuadrantes de tres "casas", y se cuentan empezando con la que figura en ascenso, sin importar el orden tradicional. La primera es afín con Aries y gobierna la cabeza; el segundo gajo corresponde a Tauro que rige la garganta, etcétera.
La carta astrológica incluye lazos entre planetas, de acuerdo con sus aspectos provechosos o perjudiciales, y las áreas que ocupan en el gráfico. Varios autores observan que la posición solar describe el carácter moral del nativo, mientras la Luna da pistas acerca de rasgos profanos. Alan Leo declara que el ascendente brinda la hechura de nuestro cuerpo material, el vehículo que utiliza la personalidad efímera con tal de cumplir los anhelos del Espíritu, aunque casi siempre "distraídos" por ella.
Los planetas se oponen cuando presentan distancia de 180° vistos desde la Tierra o en un horóscopo, y conjuntan si aparecen "en fila" o "acopladura". Blavatsky comentó que es raro distinguir dos orbes armónicos, inusual si son tres e insólito al haber cinco. En 2449 a. de C. los astrólogos chinos predijeron desgracias en su país tras un fenómeno de dicha clase inaudita, y hubo guerras civiles junto con otras penurias durante 500 años. Al margen de los charlatanes y oportunistas que se creen "expertos", Helena preguntaba por qué hay tanto descrédito contra las gobernanzas seráficas y sus corolarios en la Tierra.
A propósito de Piscis, Blavatsky señaló que la palabra dagon significa "pez", y connota las ideas de "profeta" o "mensajero". Los cristianos tratan de unir este signo con Jesucristo y datan su Venida al momento en que "el Sol marcó la duodécima casa", pero la constelación análoga representa a todos los místicos -pasados, presentes y futuros- que traen luz para disipar las tinieblas. Kepler afirmó que los planetas se hallaron conjuntos dentro de la misma y algunos cabalistas le nombraron “asterismo del Mesías", que además contuvo la "estrella de los Magos"; aun así, ningún ocultista perspicaz aprueba el aserto (DS, vol. 1, p. 653-54).
Las esferas cósmicas actúan a modo de "punteros" que dicen cuál será su influencia sobre personas, países o el mundo, y dependiendo del arreglo particular los astrólogos pueden establecer predicciones, pero ni éstos ni aquéllas prefijan el destino. Cada Ego porta un "atraso kármico" que debe ajustarse en una vida concreta, y así el gráfico natal es producto de causas hechas por el consultante. Los humanos están vinculados por medio del Ser Inmortal que nos enlaza a todo el Universo, y porque nuestros actos y mente crean ondas que inciden en Akasha; ergo, los sabios determinan sus pronósticos al conocer las leyes que rigen esa dinámica de energía. El trabajo interpretivo de horóscopos se basa en mezclas casi infinitas entre sus componentes, llevando a tomar muy en serio la perspicacia matemática, intuición y honradez del profesional.
Es trascendental comprobar que muchos advenimientos cósmicos se anuncian por las posiciones estelares circunscritas en los doce signos. Una reseña poética del futuro Pralaya o "muerte" solar cuenta que “se escuchan ruidos extraños (...) el Sol viene en pos del trigésimo grado de Makara (Capricornio) y no seguirá alcanzando Minam (Piscis). Ahora los maestros de pagodas [que vigilan el rasi-chakra (zodíaco)] pueden destruir sus artefactos y palestras, pues de ahora en adelante son inútiles” (DS, vol. 1, p. 376). La décima casa apunta al invierno boreal o fase en que "la vida duerme", resurgiendo en primavera con la diosa Ostara o Piscis, y luego de ese Pralaya el Astro Rey no ingresará en dicho asterismo. Sin embargo, Capricornio simboliza el arribo del "microcosmos" espiritual una vez desaparezca el Universo tangible. Los Kumaras, en cuanto "nacidos de la mente de Siva", atañen a procesos destructivos y de regeneración (DS, vol. 2, p. 579).
Los sabios hindúes fraccionaron el Zodíaco en veintisiete nakshatras de 13° 20', yendo desde Ashwini en el punto cero de Aries hasta Revati a los 30 de Piscis. Para el momento de llegar al mundo, la astrología del sur de India considera el grupo estelar que indica la Luna (...). El Vishnu Purana anticipa que la Edad de Oro o Krita Yuga volverá cuando Delta Cancri, nuestro satélite natural, el Sol y Júpiter sean vistos en el octavo nakshatra.
"La estrella bajo la cual nace una entidad humana (...) seguirá siendo la misma por siempre, a lo largo de todo el ciclo de sus encarnaciones en un Manvantara, pero ésta no es su 'luminaria' astrológica. Esta última se relaciona con los principios humanos mortales, y la primera con su Individualidad [Ego Reencarnante]" (DS, vol. 1, p. 572-73). Existen órdenes divinos séptuples que gobiernan el Universo, presididos por Dhyani-Budas o "ángeles" de esas lumbreras que guían los renacimientos de la Mónada y "son parte de su Esencia".