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11 de febrero de 2022

Diseño y evolución de las especies (18 de 18)

David Pratt
Mayo 2004, última revisión enero 2019


Contenidos:

-El ser humano, reservorio de todos los tipos
-Evolución astral y física


El ser humano, reservorio de todos los tipos

La primera raza-raíz de la humanidad en la cuarta ronda comenzó a desarrollarse a mediados del Paleozoico; estas formas protohumanas eran seres altos, ovoides, semiastrales y sin autoconsciencia que no se reproducían sexualmente, sino por fisión (como hacen hoy las células). Durante los siguientes millones de años se materializaron con lentitud, declinaron en tamaño y asumieron la forma humana actual. Paralelamente, se afirma que la reproducción sexual en el reino humano se originó en la segunda mitad de la tercera raza-raíz o lemuriana, hace unos 18,5 millones de años, y en la escala de tiempo teosófica esto ocurrió a fines del Jurásico de la Era Mesozoica o "edad de los reptiles".

La segunda (terminal) y tercera raza-raíz (inicial) se reproducían por gemación, un método asexual todavía utilizado por algunos organismos unicelulares (por ejemplo bacterias, levaduras y protozoos) y en ciertos animales multicelulares (hidras, medusas y ascidias). En ciertos periodos muchas células vitales dejaban el cuerpo paternal, y mientras que muchas perecían, otras se desarrollaban exitosamente para devenir en otros seres. Si se originaban desde la porción del cuerpo paternal que fue el asiento de los órganos reproductores podían reproducir otro humano, pero si emanaban desde alguna otra parte del cuerpo y el ambiente era favorable, a menudo daban origen a las primeras formas mamíferas, las cuales entonces procedieron a su crecimiento y especialización a lo largo de caminos individuales (...).

Actualmente los 40 billones de células que componen nuestros cuerpos están tan firmemente agrupados en el tipo dominante de la entidad humana interior que las tendencias inherentes de las células han llegado a ser recesivas, pero en aquellas épocas remotas y antes que el despertar de la inteligencia autoconsciente adquiriese fuerza en la última tercera raza-raíz el predominio de la esencia mental o fluido de vida era mucho más débil sobre las células y los átomos de vida que componían sus cuerpos primitivos y más etéricos, y cuando alguna de las células se liberaba de ese control, seguía instintivamente el camino de la autoexpresión según su fase de desarrollo. Una razón adicional de por qué las células se desarrollaron a lo largo de senderos propios fue que todas las entidades se encontraban en el arco descendiente, que es el periodo de evolución de la materia y la involución del espíritu, y de esta forma todas las reservas de los "humanos" inferiores se hallaban bajo el impulso natural de evolucionar hacia nuevas formas corporales.

Las primeras criaturas pertenecientes a la clase mamífera aparecen en el registro fósil del Mesozoico inicial y supuestamente evolucionaron de los terápsidos, reptiles parecidos a mamíferos que se originaron en el Carbonífero del Paleozoico, pero no existe rastro fósil continuo que conduzca de reptiles a mamíferos. Éstos últimos comenzaron a aparecer en números más grandes durante el Cretácico y en el Jurásico, hacia el final de la tercera raza-raíz, y experimentaron una enorme radiación y diversificación a comienzos del Terciario o periodo atlante prístino, siguiendo a las últimas extinciones cretácicas.

De esta forma, según la Teosofía los orígenes de los mamíferos pueden trazarse a prototipos astrales que datan de la segunda raza-raíz tardía e inicios de la tercera, a fines del Paleozoico y comienzos del Mesozoico cuando los humanos eran andróginos y todavía no habían sido separados en dos sexos ni se habían convertido en mamíferos. Los cuerpos animales se hicieron completamente físicos antes que los de la humanidad astral, y de esta forma se separaron en macho y hembra desde el estado andrógino precedente y con anterioridad al reservorio humano. Entre los vertebrados, machos y hembras poseen los órganos reproductivos rudimentarios del otro sexo, y esto apunta a la existencia de antiguos "mamíferos" hermafroditas o más bien mamíferos ancestrales.

Todas las reservas situadas bajo el nivel de los mamíferos (invertebrados, peces, anfibios, reptiles y aves) se derivaron del reservorio humano primitivo en la precedente ronda planetaria (tercera), hace cientos de millones de años en el Precámbrico, mucho antes que la Tierra alcanzara su grado actual de densidad física. Así, en lo que concierne a nuestra cuarta ronda actual, sólo los mamíferos pueden ser vinculados a prototipos otorgados por el ser humano. "Anfibios, aves, reptiles, peces, etc., son los resultantes de la tercera ronda; las formas fósiles astrales se almacenaron en la envoltura áurica de la Tierra y se proyectaron en la objetividad física subsecuente a la deposición de las primeras rocas laurentinas" (4), esto es, antes del comienzo de la cuarta ronda.

Las primeras fases de desarrollo por las que pasan los embriones mamíferos, incluyendo los humanos, son muy similares. A este respecto, Blavatsky escribe:

"Cuando se tiene en cuenta que todas las formas que ahora pueblan la Tierra son tantas variantes de tipos básicos originalmente provistos por el HUMANO de la tercera y cuarta ronda, se desestabiliza el argumento evolucionista que insiste en la 'unidad del plan estructural' que caracteriza a todos los vertebrados. Los tipos básicos referidos eran muy pocos en número comparados con la multitud de organismos a los cuales finalmente dieron origen; pero una unidad general de tipo ha sido preservada a lo largo de las eras (...) El tipo humano es el repertorio de todas las formas orgánicas potenciales, y el punto central desde donde estas últimas irradian (...) [Los mamíferos son] post-humanos, y en consecuencia es fácil explicar el parecido general entre sus fases embrionarias y aquéllas del ser humano, quien necesariamente abarca en sí mismo y sintetiza en su desarrollo los rasgos del grupo que él originó" (5).

El embrión humano parece adquirir formas parecidas a plantas, peces y reptiles durante su desarrollo (6). Bajo este aspecto, debiera notarse que en las rondas más antiguas, cuando la Tierra y sus habitantes eran aún muy etéricos, las mónadas después se manifestaron en forma humana completa, pasando relativamente rápido a través de los reinos inferiores y recapitulando las fases de desarrollo por las cuales transcurrieron durante encarnaciones previas en la Tierra. Además, como ya se indicó, los grupos animales inferiores a los mamíferos se originaron del "hombre" en las rondas iniciales. No obstante, el término "hombre" aquí se refiere a las formas etéricas protohumanas que no mostraban parecido con los humanos autoconscientes de hoy.


Referencias

3. H.P. Blavatsky, La Doctrina Secreta, TUP, 1977 (1888), 2:184; ver "Sex and sexuality", secciones 2 y 5, http://davidpratt.info. 

4. "La Doctrina Secreta", 2:684.
5. Ibídem, 2:683-4.
6. Ibídem, 1:184, 2:187-9, 258-9.


Evolución astral y física

Según la doctrina darwinista de la descendencia común, todas las especies que han vivido alguna vez provienen directamente de otras, pero la Teosofía niega que esto sea cierto:

"Ningún ocultista puede aceptar la propuesta irracional de que todas las formas ahora existentes, 'desde la ameba sin estructura al ser humano', son todas descendientes lineales directas de organismos que vivieron hace millones y millones de años antes del nacimiento del humano, durante las épocas presilúricas [Precámbrico, en terminología moderna] en el mar o la tierra".

Para los innumerables tipos de vida no hay necesidad de representar a los miembros de una serie progresiva, pues constituyen "los productos de divergencias evolutivas variadas y diferentes, teniendo lugar en una dirección o en otra".

"En un sentido, la 'unidad del tipo común' a todos los reinos humanos y animales no es (...) una prueba de la consanguinidad [ancestralidad común] de todas las formas orgánicas, sino un testimonio de la unidad esencial del 'plan básico' que la naturaleza ha seguido al moldear sus criaturas" (1).

La insistencia de Darwin en el cambio evolutivo gradual fue cuestionada por muchos de sus contemporáneos, como St. George Mivart:

"Encontramos una ausencia importante (e inexplicable en términos darwinistas) de formas transicionales minuciosamente gradadas. Todos los grupos más marcados (...) aparecen de una sola vez en escena (...) Todas estas dificultades son evitadas si admitimos que nuevas formas de vida animal en todos los grados de complejidad aparecen de tiempo en tiempo con relativa brusquedad que evolucionan de acuerdo a las leyes dependientes tanto de las condiciones circundantes como de las interiores" (2).

Aunque se han descubierto varios fósiles "transicionales", la Teosofía rechaza la hipótesis de que son vínculos en una secuencia más o menos continua de transformaciones corporales como pretenden todavía muchos darwinistas, ya que todavía existen grandes brechas en el registro fósil, por ejemplo, entre invertebrados e vertebrados y entre las varias clases de vertebrados que apuntan a la existencia de prototipos y procesos evolutivos etéricos.

Blavatsky afirma que los factores físicos que influencian la evolución (en los cuales está enraizado el darwinismo) sólo entran en juego después de "la fisicalización de los primeros tipos raíces animales fuera del astral" (4), pero no es posible ningún cambio subsecuente y significativo en la forma física a menos que hayan sido preparados en el nivel astral o formativo. Estas transformaciones pueden permanecer latentes e inexpresadas hasta que las circunstancias externas sean apropiadas para su manifestación, resultando así en grandes y súbitas variaciones o la aparición de una nueva especie, lo cual estaría acompañado de mutaciones genéticas de gran alcance, pero guiadas y coordinadas desde dentro en vez de ser azarosas.

Puede ser el caso que, en el pasado, los individuos de una especie hayan dado nacimiento a descendientes que pertenecían a un género o familia distintos, pero "descendencia con modificación" parece una idea menos probable para el origen de nuevos órdenes, clases, filos y reinos. Como dice Blavatsky, "el abismo reconocido entre los sistemas de reproducción de los ovíparos vertebrados y los mamíferos constituye el calvario para aquéllos que, junto a los evolucionistas, buscan relacionar todas las formas orgánicas existentes en una línea de descendencia continua" (6). Nuevos géneros, familias y órdenes de criaturas han continuado apareciendo desde mediados de la tercera raza-raíz, cuando la materia perdía su naturaleza previamente plástica y etérea y comenzaba a asumir su densidad actual. Si nuevas familias u órdenes de mamíferos no son descendientes modificados o grupos pertenecientes a otras familias y órdenes, pueden concebirse varios escenarios alternativos (involucrando la "generación espontánea").

En algún punto, una nueva especie que astralmente haya tomado forma -basado en los diseños de especies previas, pero no descendiente de ellas en términos físicos- podría manifestarse abruptamente como una materialización concreta. Esto sería análogo a la concreción de formas humanas completas que ocasionalmente fueron reportadas en sesiones de espiritismo, y uno de los casos más famosos durante el apogeo de dicho movimiento en el siglo XIX fue la materialización de una mujer aparentemente de carne y hueso conocida como Katie King por la médium Florence Cook (7). Blavatsky citaba a Katie como ilustración del modo en que la raza lemuriana etérica asumió una forma física completa (8), sólo que el último proceso tomó millones de años en lugar de un minuto o dos en el caso de las sesiones mediúmnicas. El reino animal experimentó un proceso gradual parecido de materialización y se hizo completamente físico antes de los humanos de la tercera raza. Sin embargo, una vez que los reinos humano y animal adquirieron una fase totalmente material, cualquier proyección o precipitación de formas etéricas en la visibilidad física debe haber ocurrido súbitamente.

Alternativamente, sólo las semillas o los huevos de miembros de las nuevas especies podrían ser precipitados en algún medioambiente viable donde puedan desarrollarse, y dichas criaturas no tendrían padres a menos que tales hábitats incluyeran cuerpos de otras criaturas, pero si por ejemplo un reptil depositara un huevo del que saliera un ave (como una vez sugirió Otto Schindewolf), ¡sin duda debe haber dejado bastante perplejos a los padres!

En conclusión, la razón de por qué generalmente faltan formas transicionales en el registro fósil es porque nunca existieron tales seres físicos. Según el darwinismo, se esperaría que el mayor de algún subfilo fuese más parecido al más bajo de otro subfilo superior; sin embargo, usualmente son los representantes inferiores (o más antiguos) en cada filo los que se asemejan más en los rasgos primitivos. Según la Teosofía, la razón de que todas las estirpes mamíferas y premamíferas se aproximan en tipo y carácter cuanto más las trazamos hacia el pasado es porque emanaron de una fuente común, en este caso el "hombre" prehumano etérico.

Todos los reservorios animales tienden a divergir desde el "almacén" humano primitivo y desarrollan especializaciones de órganos y funciones particulares tales como alas, trompas, garras, cuernos o branquias. Los animales tienen poca capacidad de avanzar constantemente a lo largo de líneas psicológicas, pero hubo muchas oportunidades para ellos de desarrollar variaciones fisiológicas. Por ejemplo, los monos y simios antropoides poseen una anatomía mucho más especializada que los humanos, demostrando que son producto de un desarrollo posterior en lugar de constituir nuestros ancestros; según la Teosofía, se originaron de una cruza humana-animal (9) (...).

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De acuerdo a un antiguo axioma cabalístico, "la piedra se convierte en una planta; la planta, en un animal; el animal, en un hombre, y el hombre, en un dios". Esto no significa que una forma mineral evoluciona a una vegetal, luego a otra animal, después humana, etc., según las líneas darwinistas; más bien significa que una mónada experimenta innumerables encarnaciones en cada reino a la vez al comenzar con los tres ámbitos elementales y siguiendo luego en los dominios mineral, vegetal, animal y humano, para finalizar en los tres niveles espirituales. Comenzamos cada gran ciclo planetario como chispas divinas no autoconscientes, y si corremos la carrera exitosamente, la completaremos como dioses autoconscientes y habiendo logrado relativa perfección para el sistema planetario en cuestión, pero ningún estado de consciencia puede durar para siempre, ya que luego de un periodo de reposo nirvánico comienza otra etapa de actividad que implica fases similares de desarrollo evolutivo, y de este modo siempre hay nuevas esferas de experiencia en las cuales podemos convertirnos en maestros autoconscientes de la vida.


Referencias

1. H.P. Blavatsky, La Doctrina Secreta, TUP, 1977 (1888), 2:259-60, 258, 737.
2. St. George Mivart, On the Genesis of Species, London: Macmillan, 2da edición, 1871, p. 161-2; citado en La Doctrina Secreta, 2:697.

4. La Doctrina Secreta, 2:648-9.
6. La Doctrina Secreta, 2:735.
7. Ver "Visitantes paranormales", parte 1.
8. La Doctrina Secreta, 2:737.
9. "Orígenes humanos: el mito científico del mono ancestral" (parte 10).

Diseño y evolución de las especies (17 de 18)

David Pratt
Mayo 2004, última revisión enero 2019


Contenidos:

08. Teosofía y evolución interior
-Darwin vs. diseño
-Ritmos evolutivos


08. Teosofía y evolución interior

Darwin vs. diseño

"Todas las cosas tienen su principio en el espíritu, y la evolución comenzó originalmente desde lo superior y ha procedido en descenso, en lugar de lo contrario como se enseña en la teoría darwinista" (1).

"No es contra los descubrimientos zoológicos y antropológicos basados en los fósiles humanos y animales que todo místico y creyente en un alma divina se rebela internamente, sino sólo contra las conclusiones gratuitas construidas sobre teorías preconcebidas y forzosamente calzadas con ciertos prejuicios" (2).

El darwinismo está enraizado en la aserción materialista de que el Universo consiste sólo de materia-energía física, que los organismos vivos no son más que máquinas complejas y que la mente y la consciencia son simplemente un subproducto del cerebro. Postula también que un organismo físico puede ser transformado en otro completamente distinto mediante la acumulación de mutaciones favorables determinadas por azar ciego, sin ninguna dirección general, propósito innato o motivo interno.

Por otro lado, la Teosofía describe el mundo físico como la cobertura externa de mundos interiores (astral, mental y espiritual), y de forma similar, todo organismo físico es animado por "almas" o "cuerpos" sutiles e internos, incluyendo un cuerpo astral-modelo, una mente instintiva o autoconsciente (de muchos grados de desarrollo) y un ego espiritual-divino o mónada. La evolución implica el despliegue de poderes y capacidades latentes en respuesta a los impulsos internos y los estímulos externos y el desarrollo de formas físicas viables mediante las cuales se pueden expresar dichas facultades, y así el cambio evolutivo tiene lugar en todos los planos de la realidad, incluyendo cada nivel de nuestra constitución.

Según la Teosofía, los órganos se desarrollan y los organismos evolucionan en respuesta a su impulso y dirección interior. Tal y como las expresiones físicas de la creatividad humana y la inventiva existen primero como ideas etéricas o formas-pensamiento, también cada órgano u organismo físico son una expresión de un prototipo etérico preexistente. En otras palabras, "no se puede dar ninguna forma a algo, sea por la naturaleza o el ser humano, cuyo tipo ideal no exista ya en el plano subjetivo".

"Ni la forma del humano, ni aquélla de ningún animal, planta o piedra han sido alguna vez creadas, y es sólo en la dimensión humana que esto comenzó 'siendo', es decir, objetivizándose en su materialidad presente o expandiéndose desde dentro hacia el exterior a partir la esencia más sublime y supersensorial dentro de su apariencia más densa. De esta manera, nuestras formas humanas han existido en la Eternidad como prototipos astrales o etéreos" (3).

Helena Blavatsky sostiene que es infantil suponer que células ciegas e indiferentes puedan disponerse en órganos, o que las maravillosas complejidades del cuerpo humano se produzcan sin la "presencia supervisora de un impulso cuasi-inteligente" o "inteligencia subconsciente que impregna la materia"; esta inteligencia instintiva y directora "finalmente se puede encontrar como una reflexión de la sabiduría divina y dhyani-chohánica" (4). "Dhyani-chohans" (literalmente, "señores de la meditación") es un término general para entidades espirituales cuya consciencia colectiva compone una "mente universal", ya sea la de un planeta, estrella, galaxia, etc. Blavatsky también escribe:

" (...) asimismo hay centros de poder creador para cada RAÍZ o especie original de las múltiples formas de vida vegetal y animal. Ésta no es tampoco una 'creación especial' ni hay 'diseño' alguno, excepto en el 'plano de proyección' general señalado por la Ley Universal. Pero hay seguramente 'diseñadores', aunque no sean omnipotentes ni omniscientes en el sentido absoluto del término. Ellos son simplemente Constructores o Masones que obran bajo el impulso que les da el Maestro Masón siempre desconocido (en nuestro plano): la VIDA y LEY ÚNICAS. Por tanto y perteneciendo a esta esfera, no tienen ellos intervención ni posibilidad de actuar en ninguna otra, por lo menos en el presente Manvantara. Que obran ellos por ciclos y en una escala de proyección estrictamente geométrica y matemática, es lo que demuestran con amplitud las especies animales extintas; y que actúan con un fin en los detalles de las vidas menores (junto a eventos de orden animal, etc.), es suficientemente probado por la historia natural. En la 'creación' de especies nuevas que a ratos se apartan mucho del tronco padre, según acontece en la gran variedad del género felino (como el lince, el tigre, el gato, etc.), los 'diseñadores' dirigen la nueva evolución, añadiendo a esos tipos ciertos apéndices o privándoles de ellos porque sean necesarios o dejan de serlo, en el nuevo medioambiente. Así, cuando decimos que la Naturaleza provee a todos los animales y plantas de lo que necesitan, ya sean grandes o pequeños, hablamos correctamente, porque estos espíritus terrestres son los que forman la Naturaleza integral; la cual, si falla algunas veces en su concepción, no se debe considerar 'ciega' ni 'culpable del fracaso', puesto que, perteneciendo a una suma diferenciada de cualidades y atributos, es sólo en virtud de esto condicionada e imperfecta" (5).

Existen "diseñadores" de muchos grados, pero no debe pensarse en ninguno de ellos como "dioses omniscientes", "omnipotentes" o "autoconscientes" que pueden "crear" lo que ellos quieran. Su trabajo en nuestro plano es predominantemente instintivo y automático, reflejando las necesidades kármicas de las entidades en evolución y los ciclos más amplios de actividad planetaria.

La naturaleza es "un conglomerado de fuerzas manipuladas por seres semi-inteligentes (elementales) guiados por altos espíritus planetarios (dhyani-chohans) cuyo agregado colectivo forma (...) la MENTE del Universo y su LEY inmutable" (6). Tal y como muchos de nuestros propios procesos corporales como la respiración, circulación sanguínea, digestión, crecimiento y curación son regulados por nuestra voluntad automática (sistema nervioso autónomo), el cual en un sentido es una reflexión del yo consciente, también las operaciones regulares o "similares a la ley" de la naturaleza pueden ser consideradas como procesos automáticos e instintivos de la voluntad y consciencia de seres superiores en nuestro plano; de esta forma, las "leyes" naturales son más parecidas a "hábitos" (...).

Como muchas religiones mundiales, la Teosofía habla de jerarquías de poderes creativos en diferentes grados que proveen los impulsos internos para los trabajos y procesos externos del mundo físico. Esos escalafones incluyen a "arquitectos" y "constructores" y a las fuerzas semiconscientes de la naturaleza o elementales en los rangos inferiores. El concepto general es que, en cualquier sistema de mundo jerárquico determinado, las formas más evolucionadas de consciencia-sustancia guían e informan a las menos progresadas. La Teosofía de esta forma niega la existencia del diseño en el sentido de una "creación especial" por un creador sobrenatural; sin embargo, postula un anteproyecto evolutivo general o plan básico resultado de eras evolutivas pasadas, "almacenado" en los planos más sutiles (astral y akásico) y que es puesto en vigor por una serie de agentes no físicos. Cada ciclo evolutivo se construye sobre aquél que se hallaba anteriormente y utiliza patrones y prototipos preexistentes, los cuales son modificados y adaptados según dicte la necesidad, significando con ello que nada tiene que ser creado completamente desde cero y ciertamente tampoco a partir del "vacío".


Referencias

1. H.P. Blavatsky, La Doctrina Secreta, Pasadena, CA: Theosophical University Press (TUP), 1977 (1888), 2:170.

2. Ibídem, 1:636-7.
3. Ibídem, 1:282; también 1:58, 2:660.
4. Ibídem, 2:299 pie de página, 648-9.
5. Ibídem, 2:732.
6. Ibídem, 1:277-8.


Ritmos evolutivos

De acuerdo con la Teosofía, nuestro planeta actual es la reincorporación de una Tierra anterior (la Luna es el remanente de su cuerpo astral) y las diferentes clases o reinos de mónadas que se forman y evolucionan en nuestro globo prosiguen un viaje evolutivo que no tiene comienzo ni tendrá fin absolutos. En cada gran ciclo de evolución, que incluye muchos millones de años, las mónadas se reencarnan en cada reino a la vez, desde los subminerales (elementales) a los superhumanos (dhyani-chohánicos).

La Tierra actual y sus formas de vida se originaron hace unos 2 mil millones de años en una condición altamente etérica y se materializó y condensó de forma gradual durante el "arco descendiente" de la evolución planetaria, el cual perduró hasta mediados del periodo de vida terrestre (hace unos 4,5 millones de años), en mitad de la cuarta ronda vigente de actividad evolutiva, y a partir de ese entonces se dio comienzo al "arco ascendente" de la eterealización o espiritualización (1).

Se afirma que el globo donde vivimos es el más material de los siete que componen la cadena planetaria terrestre; las otras esferas están situadas en planos más etéricos y espirituales, y de esta forma no las podemos observar. Los diferentes reinos u ondas de vida monádicas realizan siete rondas a través de todos los globos en sucesión durante las encarnaciones de una cadena planetaria y permanecen muchos millones de años en cada uno, y en estos periodos las mónadas adoptan formas físicas viables y pasan mediante diferentes fases de desarrollo. En cualquiera de esos globos y en cualquier momento, un reino es el predominante y el grueso de sus mónadas se reencarna en ese globo. Cuando una onda de vida abandona una esfera, deja atrás a sus representantes más avanzados (a menudo referidos por el término sánscrito shishtas, que quiere decir "remanentes"), y al volver a ese globo en la ronda siguiente, dicho efluvio "reactiva" estas semillas etéricas de vida que entonces se materializan y diferencian en una variedad de reservorios apropiados para la evolución de ese reino en particular. 

Fig. 8.1. Cronología de las eras geológicas. Según la Teosofía, los periodos científicos son demasiado largos al incorporar un factor de entre 2 y 9, debido a las falsas aserciones en las que está basada la datación radiométrica (2).

La cuarta ronda de nuestro planeta comenzó a fines del Precámbrico, hace unos 320 millones de años (la cifra "científica" correspondiente es de 640 millones de años). La aparición de los primeros fósiles de metazoos (animales multicelulares) hace unos 600 millones de años y su repentina proliferación hace 530 millones de años en la espectacular "explosión cámbrica" resultó de la "reactivación" de los tipos astrales raíces por las mónadas que llegaron a nuestro globo desde el precedente.

Los científicos creen que los metazoos simples se originaron mucho antes en el Precámbrico y que eventualmente aparecerán fósiles más antiguos y primitivos. Se ha encontrado evidencia controversial de que una flora terrestre y fauna de insectos avanzadas pueden haber existido durante el Cámbrico o incluso el Precámbrico, pero los científicos ortodoxos la rechazan puesto que no encaja con sus postulados (3). La Teosofía indica que las formas de vida etéricas existieron en rondas más remotas, pero ya que estas criaturas invertebradas a lo más habrían dejado sólo una huella fosilizada, y considerando que los científicos no esperan encontrar grandes fósiles que daten de dicho periodo, esto reduce ostensiblemente la posibilidad de que se reconozca tal evidencia por lo que realmente es.

En la explosión cámbrica entraron en escena muchos de los filos animales o diseños anatómicos básicos presentes en el registro fósil reconocido, pareciendo "salir de la nada", y también muchos otros filos evolucionaron durante este tiempo, pero que desde entonces se han extinguido. Ninguna nueva clase de animales ha aparecido desde el Paleozoico intermedio, y tampoco surgió ningún orden nuevo desde las radiaciones de mamíferos y aves a comienzos del Terciario siguiendo a la muerte de los dinosaurios. La tendencia general ha sido hacia un número en aumento de especies basadas en planes básicos corporales cada vez menores. Por ejemplo, hoy existen unas tres millones de especies de insectos vivos, pero sólo tres diseños de artrópodos básicos comparados con los más de 20 que hubo en el Cámbrico medio.

Desde el comienzo de la cuarta ronda hasta mediados del ciclo de vida planetario, hace unos 4,5 millones de años, la tendencia evolutiva fue de descenso en la materia, resultando en una profusión de nuevas especies que desarrollaron los diseños fundamentales activados al comienzo de la ronda y en una variedad de direcciones especializadas. Sin embargo, el punto medio del ciclo marcó el comienzo del "arco ascendente" hacia el espíritu, y en adelante más y más mónadas animales tenderán a pasar a un reposo nirvánico inferior pues no serán capaces de evolucionar suficientemente a lo largo de líneas más psicológicas y espirituales.

Los tipos de organismos que emergieron durante la explosión cámbrica testifican la elevada creatividad en esa época. Fue un periodo de asombrosa experimentación, cuando los elementos de diferentes planes corporales básicos podían mezclarse en un organismo, y hoy eso ya no es posible pues existe un plan corporal de vertebrados completamente diferente, otro plan de angiospermas y de moluscos, etc. La variabilidad limitada de plantas y animales con las que actualmente los criadores tienen que lidiar es otro síntoma del potencial creativo menor que prevalece ahora que el arco descendiente ha terminado. La mayoría de las mutaciones al presente son dañinas, pero en épocas anteriores habrían exhibido rasgos constructivos, creativos e intencionales.

El desarrollo de la vida en la Tierra ha estado lejos de ser estable y lineal. En lugar de ello, la aparición y diversificación de nuevas reservas y la extinción de las ya existentes tienden a suceder bastante rápida y abruptamente (...).

Desde un punto de vista teosófico, nada aparece de ninguna parte sin ninguna razón o propósito. Cuando se requiere un nuevo tipo de vehículo físico para el desarrollo de una mónada, un prototipo viable es otorgado por los patrones de ciclos evolutivos previos almacenados en el campo de memoria de la Tierra. Asimismo, las especies animales o vegetales que sean incapaces de adaptarse suficientemente a condiciones medioambientales cambiantes, o no suministren más vehículos viables para la experiencia evolutiva de las mónadas reencarnantes en ese reino, finalmente se extinguen y su lugar es ocupado por formas más apropiadas. Este proceso puede ser acelerado por cambios medioambientales y desastres naturales, incluyendo erupciones volcánicas, terremotos e impactos de cometas, pero estos son sólamente mecanismos que subyacen en causas más profundas.


Referencias

1. Ver "Evolution in the fourth round", http://davidpratt.info.
2. Ver "Geocronología teosófica vs. científica".
3. Ver Michael A. Cremo, Human Devolution, Los Angeles, CA: Bhaktivedanta Book Publishing, 2003, p. 43-54; Richard L. Thompson, Mechanistic and Nonmechanistic Science, Los Angeles, CA: Bhaktivedanta Book Trust, 1981, p. 191-2.

Diseño y evolución de las especies (16 de 18)

David Pratt
Mayo 2004, última revisión enero 2019


Contenidos:

-Dios y la "imperfección"
-Monoteísmo vs. poderes creativos


Dios y la "imperfección"

A comienzos del siglo XIX el sacerdote anglicano William Paley sostenía que si encontráramos un reloj extraviado por primera vez, pensaríamos que sus partes han sido diseñadas y ensambladas para un propósito, y sostuvo que también los sistemas vivientes altamente complejos deben haber sido diseñados. Los exponentes del movimiento moderno del diseño inteligente (DI) argumentan que esta idea constituye la mejor explicación y causalmente más adecuada para la información en la célula, porque sólo los móviles inteligentes han demostrado el poder de generar grandes cantidades de información funcionalmente específica.

El biotecnólogo Matti Leisola escribe: "En nuestra experiencia cotidiana encontramos que los intermediarios inteligentes crean nueva información (libros, letras de canciones, discursos o softwares) y nunca presenciamos fuerzas irracionales que generan datos novedosos. Los experimentos de laboratorio, el modelado por computadora y las matemáticas de probabilidad confirman que esta experiencia uniforme probablemente sea el caso universal, y de este modo la información es producto de la mente. Basándonos en esta combinación de experiencia, experimentación y análisis matemático podemos inferir que el mejor esclarecimento para la información biológica es el diseño inteligente" (1). Leisola también describe este paradigma como "una ciencia histórica de la detección del diseño" y lo compara con la búsqueda de inteligencia extraterrestre (SETI), arqueología y criptografía (2).

Michael Behe afirma que la selección natural y las mutaciones azarosas juegan un rol en la evolución, pero que el "diseño es evidente cuando ciertos componentes separados e interactuantes se ordenan de tal manera que cumplen una función que va más allá de las partes individuales" (3). El diseño inteligente también es propuesto para explicar la vasta cadena de "coincidencias" que hacen posible la vida en la Tierra, como por ejemplo, las injerencias relativas de las cuatro fuerzas físicas, la tasa entre enlaces químicos fuertes y débiles y las propiedades térmicas del agua y de la atmósfera terrestre, puesto que si las "leyes de la física" hubieran sido sólo ligeramente distintas, la vida basada en el carbono no sería viable (4). Los darwinistas rechazan la hipótesis del diseño inteligente como improbable e imposible de refutar, y de esta manera la consideran "pseudociencia". Sin embargo, el mismo defecto puede ser esgrimido contra la creencia neodarwinista de que todo el mundo viviente se originó mediante mutaciones y selección natural accidentales.

Oficialmente, la iglesia cristiana acepta la historia darwinista y ortodoxa de que la evolución es un proceso ciego y no guiado, mientras se adhiere a la creencia de que el mundo fue creado por un Dios sobrenatural. Según esta perspectiva, la ciencia es dominio del conocimiento racional mientras que la religión pertenece a la fe. Muchos miembros de los cleros judío, cristiano y budista han respaldado la teoría neodarwinista de evolución como una "verdad científica fundamental" y critican a los adláteres que desafían esa hipótesis (5), pero es retrógrado aceptar sin reflexión las creencias materialistas e irracionales no comprobadas como "verdad científica" con la esperanza de que los científicos "dejen la religión en paz".

El movimiento DI deja abierta la pregunta acerca de la identidad del "diseñador" o "diseñadores", si ellos son naturales o "sobrenaturales", y cómo sus creaciones son impresas en la materia. Los defensores del DI discrepan sobre la realidad de la ancestralidad común, ya que muchos de ellos son teístas cristianos (algunos de los cuales también son creacionistas) y creen que existe sólo un diseñador/creador, el hipotético Dios omnipotente y omnisciente de la teología ortodoxa cristiana. Los creacionistas bíblicos aceptan que la variación genética (microevolución) está teniendo lugar constantemente, pero rechazan la macroevolución y la teoría de la descendencia común pues no aceptan que Dios intervenga al planear y dirigir las mutaciones para llevar a cabo cambios evolutivos a gran escala. Según ellos y en varias épocas pasadas Dios creó cada nueva clase de criatura de la nada por medios sobrenaturales, por lo que estos seres recién concebidos aparecieron en la Tierra abruptamente y se desarrollaron a completitud. Una encuesta de 2012 determinó que el 46% de los estadounidenses creía que "Dios creó los seres humanos en su forma presente en algún momento durante los pasados 10.000 años" (6).

Los darwinistas contraatacan diciendo que, al existir defectos en los diseños de las criaturas que vemos en la Tierra, esas fallas no pueden ser el producto de un ser inteligente, y esto se conoce como el "argumento de la imperfección". S.J. Gould lo resumía así: "Las disposiciones estrambóticas y soluciones divertidas son la prueba de los senderos evolutivos que un 'Dios sensato' jamás transitó, y por ende se infiere forzosamente un proceso natural obligado por la historia". Su ejemplo favorito era el pulgar del panda gigante, que esta especie usa para manipular los tallos de bambú que forman su dieta principal. Sin embargo, su pulgar no es uno de los cinco dedos de la pata normal de los mamíferos, y en lugar de eso constituye un miembro extra producido a partir de un hueso de muñeca transformado, junto con reestructuración apropiada de la musculatura. Gould piensa que un diseñador le habría dado al panda un pulgar oponible real, y concluye que en este caso dicho dedo debe haber evolucionado por medios darwinistas (7).

Sin embargo, es imposible desaprobar el diseño inteligente sobre la base de aserciones improbables acerca de cómo actuaría o no una entidad hipotética. Como dice Behe, el "diseñador" podría tener múltiples motivos y a menudo la excelencia de la ingeniería natural es relegada a un rol secundario, y además, el hecho de que los sistemas vivos no sean perfectos no prueba que no haya ningún diseño o que la evolución azarosa darwinista sea real. Nótese que Gould falla al proveer una explicación darwinista adecuada de cómo evolucionó el pulgar del panda:

"Simplemente establece que un sólo cambio en un gen regulador que controla la acción de muchos genes estructurales fue responsable del desarrollo complejo total del hueso y del músculo, pero no especifica qué gen regulador cambió, y tampoco explica cómo una transformación del homeobox orquestaría esta importante fase. En resumen, no ofrece nada más que la explicación tradicional y vaga de la varita mágica" (8).

Los proponentes del DI, incluyendo los creacionistas, responden al argumento de la imperfección intentando demostrar que los supuestos diseños "imperfectos" son en realidad hazañas de sofisticada ingeniería, o las consideran como el producto de degeneración de un diseño original beneficioso y racional. Por ejemplo, considerando el ojo humano, los darwinistas arguyen que este órgano en los vertebrados es un "esquema fallido" ya que está cableado hacia atrás, pues los fotoreceptores se hallan en dirección opuesta de la luz y resultando así en un "punto ciego". Los proponentes del DI puntualizan que la posición de los nervios en frente de las células retinianas sensibles a la luz asegura el máximo suministro de sangre a la retina y de esta manera la mayor sensibilidad. Si el ojo es o no perfecto, de todas formas permanece el siguiente hecho: "La literatura científica no contiene evidencia de que la selección natural que incide en una mutación pueda producir ya sea un ojo con un punto ciego o sin él, un párpado, cristalino, retina, rodopsina o retinaldeído" (9).

Robert Wesson presta atención a muchos rasgos extraños y aparentemente ilógicos en el mundo viviente. El cuerpo humano, a su juicio, está mal adaptado en muchas maneras:

"El cuerpo es un fardo de imperfecciones, con vientres aflojados, pechos caídos, protuberancias inútiles sobre las ventanas de la nariz, dientes cariados con terceros molares propensos a problemas, pies que duelen, glúteos abultados, espaldas que se tuercen fácilmente y piel suave desnuda sujeta a cortes, picaduras de insectos y quemaduras solares. Somos pobres competidores en la carrera de la vida y sólo un tercio tan fuertes como los chimpancés más pequeños que nosotros" (10).

No obstante, estos defectos relativamente menores no prueban que el cuerpo surgió a partir de mutaciones y selección natural fortuitas. Desde un punto de vista teosófico, las entidades que se encarnan en formas físicas adoptan el cuerpo que necesitan para adquirir las experiencias y lecciones necesarias para su progreso evolutivo. Al progresar, es ilógico que las almas imperfectas tengan cuerpos absolutamente perfectos, y el mal uso humano del libre albedrío es la causa raíz de una gran cantidad de enfermedades.

Los evolucionistas señalan que los miembros anteriores de tortugas, caballos, humanos, aves y murciélagos no están perfectamente adaptados porque se transformaron a partir de una estructura heredada y no diseñada de materias completamente "primigenias" para un propósito específico, pero el solo hecho de que las extremidades de los vertebrados sean modificaciones del mismo diseño básico no es prueba de nada y ciertamente es compatible con el diseño inteligente, pues ¿por qué los "diseñadores" (que no necesariamente son "omnipotentes") no debieran producir nuevos rasgos en organismos por modificación de los ya existentes?

Michael Behe, que se describe como "un católico romano bastante convencional", cree que existe un sólo diseñador inteligente y "más allá de la naturaleza", pero que también es responsable por haber creado "un torrente de dolor" e "indecible miseria humana" y se pregunta: "¿Son los virus y parásitos parte de alguna estrategia natural brillante y hasta ahora inapreciada, o reflejan las improvisaciones de un diseñador incompetente y falible?" (11). Otros creyentes en un diseñador inteligente benévolo predicen que los estudios genéticos revelarán que las bacterias virulentas son sistemas degenerativos resultantes de la pérdida de información genética original (12).

También suelen citarse aquellos rasgos que no tienen ningún uso aparente como evidencia contra el diseño; por ejemplo, menos del 5% del ADN en muchas plantas y animales codifican proteínas, mientras que el restante originalmente fue catalogado como "ADN basura" o "pseudogenes". Los darwinistas sostienen que este ADN no funcional confirmaba que los genes mutaban por azar, resultando en un genoma lleno de información inútil, errores y genes rotos. No obstante, se ha sabido por décadas que muchas secuencias no codificantes sí tienen importantes funciones, tales como codificar moléculas de ARN implicadas en la regulación de la expresión genética. Además se ha sugerido que una parte de este ADN puede consistir en genes ancestrales "redundantes" que no siguen expresándose o que puede contener información para futuros eventos evolutivos. El proyecto Encyclopedia of DNA Elements (ENCODE) infiere que al menos el 80% del ADN humano sirve para algún propósito bioquímico, aunque muchos darwinistas continúan alegando que la cifra está más cerca del 10% (13).


Referencias

1. Matti Leisola y Jonathan Witt, Heretic: One scientist’s journey from Darwin to design, Seattle, WA: Discovery Institute Press, 2018, edición Kindle, capítulo 5.

2. Ibídem, cap. 8.
3. Michael J. Behe, Darwin’s Black Box, New York: Free Press, 1996, p. 194.
4. Michael J. Denton, Nature’s Destiny: How the laws of biology reveal purpose in the universe, New York: Free Press, 1998.

5. "The Clergy Letter Project", theclergyletterproject.org.
6. gallup.com/poll/21814/evolution-creationism-intelligent-design.aspx.
7. Stephen Jay Gould, The Panda’s Thumb, London: Penguin Books, 1990, p. 20.
8. Sri Ramesvara Swami (ed.), Origins: Higher dimensions in science, Los Angeles, CA: Bhaktivedanta Book Trust, 1984, p. 47.

9. James P. Gills y Tom Woodward, Darwinism under the Microscope: How recent scientific evidence points to divine design, Lake Mary, FL: Charisma House, 2002, p. 151-9; Darwin’s Black Box, p. 224.

10. Robert Wesson, Beyond Natural Selection, Cambridge, MA: MIT Press, 1994, p. 95.

11. Michael J. Behe, The Edge of Evolution: The search for the limits of Darwinism, New York: Free Press, 2008, p. 228, 232, 237-8.

12. Stephen C. Meyer, Signature in the Cell: DNA and the evidence for intelligent design, New York: HarperOne, 2009, p. 490-1.

13. Stephen C. Meyer, Darwin’s Doubt: The explosive origin of animal life and the case for intelligent design, New York: HarperOne, 2013, p. 400-2; Jonathan Wells, Zombie Science: More icons of evolution, Seattle, WA: Discovery Institute Press, 2017, edición Kindle, p. 129; Rupert Sheldrake, A New Science of Life: The hypothesis of formative causation, London: Icon Books, 3era edición, 2009, p. 180; en.wikipedia.org/wiki/Junk_DNA.


Monoteísmo vs. poderes creativos

Mucha gente es incapaz de reconciliar la idea de un creador omnisciente, omnipotente y perfecto con el sufrimiento, las imperfecciones y desperdicios en la naturaleza. Por ejemplo, los gnósticos argumentaban que Dios debe haber sido una "deidad inferior", un constructor que recibió sus "órdenes" de los arquitectos divinos; que las variadas imperfecciones e incompletitudes obvias en el sistema cósmico incluso para nosotros establecen que no podrían ser el trabajo de una Deidad todo-perfecta y cósmicamente omnipotente, pues para los gnósticos sólo desde una completa perfección puede emanar un trabajo perfecto e íntegro.

Los monoteístas podrían alegar que Dios eligió crear un universo potencialmente perfecto, pero que dotó a cada alma con una medida de libre albedrío que puede ser usado para bien o mal. No obstante, esta explicación es insuficiente ya que si Dios determina el carácter y las circunstancias del nacimiento de cada nueva alma que supuestamente crea, también Él sería responsable por las numerosas y aparentes injusticias en los mundos humano y animal, lo cual seguramente no lo dejaría en buena posición.

La idea teísta de un "Dios infinito" fuera del Universo ilimitado es ilógica, pues no hay espacio para dos infinitudes. Tiene más sentido adoptar la visión panteísta de que la deidad misma es "naturaleza infinita" y comprende reinos tanto físicos como no físicos. Tal divinidad es una abstracción y no un ser que piensa, diseña y crea. De esta manera, concebir al Creador como una existencia externa al cosmos es ilógico, y la idea de que produjo el universo y todo dentro de él literalmente de la nada es simplemente absurdo, ya que nada proviene de la nada, y así la infinita naturaleza debe haber existido siempre, sin importar cuánto protesten los creacionistas o los cosmólogos del Big-Bang (2).

En vez de haber un sólo Dios creador y supremo, las formas de creacionismo más sofisticadas sostienen que un amplio rango de seres espirituales y otros no físicos están involucrados en el proceso de "creación" (3), y en contraste con el creacionismo estricto otros investigadores y tradiciones místicas proponen que existe un proceso evolutivo físico, pero al mismo tiempo van más allá del darwinismo estándar al afirmar que dicho desarrollo es dirigido por ciertas jerarquías de entidades parafísicas.

Alfred Russell Wallace, naturalista del siglo XIX, terminó discrepando con Charles Darwin, su contemporáneo, luego de concluir que la selección natural no asistida era incapaz de explicar la forma física de los humanos y que la acción conductora de "inteligencias superiores" era una "parte necesaria de las grandes leyes que gobiernan el universo material" (4). También Robert Broom, antropólogo del siglo XX, creía que varios agentes espirituales y psíquicos guían y controlan la evolución, algunos benevolentes y otros maléficos (5).

Alexander Mebane propone que una variedad de diseñadores subdivinos dirige el proceso de la evolución saltacional, y además sugiere que la abundancia de formas y estilos de vida extrañamente fantásticos indica que los diseñadores siempre han competido unos con otros (6). Robert Gilson plantea que la fuente divina principal "omnisciente y todopoderosa" delega una buena parte del trabajo creativo a una vasta jerarquía de poderes subordinados, pero ampliamente autónomos. Estos agentes no físicos producirían mutaciones genéticas, aunque los rangos más bajos pueden inducir a errores (7), y así tanto Mebane como Gibson parecen implicar que los diseñadores trabajan predominantemente en forma autoconsciente.

El filósofo Thomas Nagel reconoce que el paradigma del darwinismo materialista y reduccionista ha fracasado al tratar de explicar el origen y la evolución de la vida, y la existencia de la consciencia, la cognición y nuestro sentido moral únicamente en términos de leyes físicoquímicas sin propósito y una larga serie de accidentes. Rechazando la idea de una fuerza inteligente externa al orden natural, Nagel espera que en algún momento se descubran nuevos "principios" que son "más teleológicos que mecanicistas" (8). Ciertamente parecen haber procesos con propósito funcionando en la naturaleza, pero invocar principios teleológicos abstractos no ayuda a explicarlos; aún cuando dichos eventos son reales, igualmente se necesitan inteligencias, entidades, energías o fuerzas principalmente no físicas.

La tradición de la Sabiduría Antigua postula una serie interrelacionada de ámbitos y entidades inmateriales tras los eventos del mundo físico, como se plantea en muchos sistemas religiosos y filosóficos. Por ejemplo, el cristianismo habla de ángeles, arcángeles, dominios, principados, etc., y en el primer verso del Génesis se dice que "en el principio Dios creó los cielos y la tierra"; en este pasaje, la palabra normalmente traducida como "Dios" en realidad es un vocablo plural, elohim, que significa "dioses" (el significa "dios", eloh quiere decir "diosa" y el sufijo -im es la terminación masculina plural) (...). Claramente, los elohim no equivalen a la "infinitud ilimitada" referida en el segundo verso como "el profundo" (tehom) que corresponde al Ayn Soph de los cabalistas, el Shunyata de los budistas y al Parabrahman de los hindúes.

La presentación más detallada y accesible de la Sabiduría Antigua se encuentra en la Teosofía moderna, y las enseñanzas dadas sobre la evolución desde que la Sociedad Teosófica se formó en 1875 son solamente un panorama general de la información que posee la Hermandad de los Adeptos (10). Se dice que estos antecedentes fueron compilados y verificados reiteradamente por incontables generaciones de sabios y videntes, cuyos poderes ocultos les dan acceso a los ámbitos internos de la naturaleza y les permiten leer los registros de la historia de la Tierra por clarividencia.


Referencias

2. Ver "Cosmología: cuestionamientos y nuevas tendencias".
3. Michael A. Cremo, Human Devolution: A Vedic alternative to Darwin’s theory, Los Angeles, CA: Bhaktivedanta Book Publishing, 2003.

4. Citado en H.P. Blavatsky, La Doctrina Secreta, TUP, 1977 (1888), 1:339.
5. R. Broom, The Coming of Man, London: H.F. & G. Witherby, 1933, p. 11-2, 196-8, 220-5.

6. Alexander Mebane, Darwin’s Creation-Myth, Venice, FL: P&D Printing, 1994, p. 69-70.

7. Robert J. Gilson, Evolution in a New Light: The outworking of cosmic imaginism, Norwich: Pelegrin Trust, 1992, p. 99-109, 122.

8. Thomas Nagel, Mind and Cosmos: Why the materialist neo-Darwinian conception of nature is almost certainly false, Oxford: Oxford University Press, 2012.

10. Ver "The mahatmas", http://davidpratt.info.

Diseño y evolución de las especies (15 de 18)

David Pratt
Mayo 2004, última revisión enero 2019


Contenidos:
 
07. Azar, creación y diseño
-Los "accidentes milagrosos"
-Complejidad irreductible


07. Azar, creación y diseño

Los "accidentes milagrosos"

Los darwinistas creen que un tipo de criatura eventualmente puede evolucionar hacia otra forma distinta a través de cambios genéticos totalmente accidentales y sin propósito. Consideremos, por ejemplo, la transición de los reptiles terrestres a los peces:

"Ya que los reptiles terrestres comunes se aventuraron en el agua (...) necesitaron colas similares a los peces. En forma servicial y sin ningún conocimiento posible de este requerimiento, las mutaciones 'accidentales' y 'casuales' alteraron el aparato genético increíblemente complejo que había dado origen a los reptiles, de tal manera que se crearon colas de pez maravillosamente diseñadas y funcionales en un saurio que hasta entonces se movía con torpeza en el agua. De forma similar, patas y extremidades ya no siguieron siendo útiles para la propulsión en ese medio, y así el vasto complejo de genes que codificaban todas las estructuras en miembros, por una mutación aquí y otra allá, de algún modo fue transformado 'milagrosamente' en el sorprendente conjunto génico requerido para codificar tendones, vasos sanguíneos, sistema nervioso, músculos, huesos y otras estructuras, todos dispuestos en una forma precisa para constituir los 'remos' orgánicos altamente eficientes para la propulsión en el ambiente hídrico. Es evidente que, a pesar de las fervientes negativas, los evolucionistas creen incluso en los milagros" (1). 

"Para transformar un reptil en un mamífero se necesitarían toda clase de cambios radicales. Los darwinistas creen que esta transición está muy bien documentada por el registro fósil, el cual muestra a ciertos terápsidos (reptiles parecidos a mamíferos) convirtiéndose gradualmente en individuos parecidos a mamíferos en el transcurso del Triásico. Los reptiles tienen múltiples huesos mandibulares y uno solo en el oído, mientras que los mamíferos tienen un solo hueso mandibular y tres en el oído. La reconfiguración escalonada de estas estructuras, a través de la fase intermedia de una doble articulación mandibular, es atribuida a una larga serie de mutaciones azarosas de las cuales muchas fueron dañinas, pero otras produjeron 'casualmente' los cambios requeridos, por lo que las criaturas supervivientes podían continuar masticando y oyendo... sólo que el extremadamente complicado órgano de Corti es esencial para la audición en los mamíferos y el reptil no lo posee. Al mismo tiempo tuvieron que inventarse muchos otros 'nuevos' y 'maravillosos' órganos y procesos anatómicos y fisiológicos tales como un flamante modo de reproducción, glándulas mamarias, regulación de temperatura, pelo y una forma novedosa de respiración que incluía un diafragma. Además, el pelo se desarrolla a partir de folículos complejos a profundidad en la dermis, bastante diferente de las escamas reptilianas, sus presuntos ancestros; las glándulas mamarias (origen del nombre "mamífero") supuestamente evolucionaron a partir de las glándulas sudoríparas (ausentes en los reptiles) y la leche del sudor, aunque no está claro qué pasó con los bebés mamíferos durante la lenta e hipotética transición de una solución acuosa, ligera y salada de urea y otras toxinas, a un líquido espeso, nutritivo y rico en proteínas, azúcar, grasas y anticuerpos" (2).

Fig. 7.1. El órgano de Corti contiene filas de epitelios sensoriales que generan impulsos nerviosos en respuesta a las vibraciones sonoras (3).

Para que el sistema reproductivo mamífero funcione apropiadamente, todos los siguientes rasgos deben estar presentes, entre otros: ovarios y testículos para fabricar óvulos y espermios, cada uno de los cuales debe tener sólo la mitad del número normal de cromosomas; que el cuerpo masculino posea un mecanismo para implantar el esperma en el cuerpo femenino; que las células espermáticas tengan la habilidad e instinto de buscar al óvulo que aguarda; que éste acepte un sólo espermio y bloquee la entrada de cualquier otro; la célula espermática debe unirse con el óvulo de manera que asegure la combinación ordenada de los genes y cromosomas nucleares; el gameto fertilizado debe iniciar la división y proliferación celular; después el embrión en desarrollo adquiere una placenta y cordón umbilical para conducir sangre y productos de desecho entre él y la madre; que el feto sea expulsado del útero cuando termine el periodo, y que existan glándulas mamarias para suministrar nutrición líquida al recién nacido. Todos estos rasgos difícilmente podrían ser el resultado de una lenta acumulación de contratiempos en la copia genética. Parafreaseando a Gould, ¿de qué sirve la mitad de un pene o un espermio sin cola? De otra forma, el sistema reproductivo completo tendría que aparecer de una sóla vez y trabajando en perfecta armonía.

Como se indicó anteriormente, muchos darwinistas ahora han recurrido a los genes reguladores como solución mágica a todos los problemas; por ejemplo, Michael Schwartz señala que:

"Si las aletas se convierten en miembros especializados sólo a través de la activación de genes homeobox en nuevas ubicaciones y la inserción de una corta secuencia molecular en un gen regulador determinado, entonces la evolución de manos y pies en los primates sería incluso una hazaña evolutiva más simple" (4).

En otras palabras, "un gen regulador es activado por aquí y otro ajustado por allá, y ¡magia, aparecieron manos y pies!" Nuevamente, el origen del propio sistema de genes homeobox y cualquier mutación que éstos o los genes estructurales experimenten son atribuidos a la "suerte ciega".

El mundo viviente presenta infinitos y fascinantes ejemplos de diseños ingeniosos que exponen la idiotez supina de las explicaciones darwinistas estándar. Por ejemplo, la mariposa comienza su vida como un pequeño huevo de cáscara dura, dentro del cual crece un embrión que se convierte en una oruga que al poco tiempo comienza a alimentarse de vegetación. Cuando está completamente crecida, la oruga muda su piel por última vez y cambia a una pupa o crisálida conteniendo una masa amorfa de tejidos, que de alguna forma se reconfigura en una estructura totalmente diferente y con un estilo de vida muy distinto. Seguramente es un insulto a nuestra inteligencia insistir en que la misteriosa metamorfosis de una oruga en una mariposa podría haberse originado por mutaciones genéticas fortuitas, pero como dice Michael Behe: "En algunas maneras, los científicos adultos son tan propensos al pensamiento deseoso como los niños pequeños" (5).
 
La anguila eléctrica, que comúnmente alcanza una longitud de hasta 2 mts., tiene tres pares abdominales de órganos que producen electricidad y se extienden por cuatro quintos del largo de su cuerpo. Estos órganos se componen de 5000 a 6000 electrocitos apilados y pueden producir un shock de hasta 500 voltios, y todos los constituyentes deben estar presentes para que el sistema funcione; sin la capa de grasa aislante, por ejemplo, la anguila se electrocutaría. El mismo Darwin admitió: "Los órganos eléctricos de los peces ofrecen otro caso de dificultad especial, y es imposible concebir por qué fases se han producido estas maravillosas estructuras" (6).

El escarabajo bombardero, de unos 3 cms. de largo, está equipado para su defensa con lo que puede compararse con un motor de cohete en miniatura a combustible líquido. Este insecto almacena hidroquinonas y peróxido de hidrógeno en un reservorio interno, desde el cual las mezclas pueden ser bombeadas a una cámara de reacción que contiene enzimas; la válvula se cierra y la reacción explosiva a 100°C fuerza el chorro hacia el exterior mediante un orificio tipo torreta en el extremo trasero del cuerpo, el cual lo envía en cualquier dirección deseada. Este complejo mecanismo de defensa junto con los instintos requeridos para operar difícilmente podrían ser resultado de evolución gradual o azarosa.

El platelminto llamado Microstomum también tiene un destacado sistema defensivo. Cuando se siente atacado, se descargan células llamadas nematocistos que están justo bajo la superficie del lomo del gusano, y las cuales pican al atacante. Dicha especie obtiene sus nematocistos de las hidras y normalmente las evitan, pero cuando requieren más nematocistos las comen y digieren todos sus tejidos excepto estas peculiares unidades. Después que dichas estructuras urticantes se almacenan dentro de ciertas células del platelminto, se digieren aquéllas diseñadas para disparar hilos enrollados o pegajosos y las que lanzan cerdas ponzoñosas son transportadas a sitios ubicados bajo la capa externa del lomo del animal, donde son orientadas para que los aguijones disparen hacia arriba. Las células formantes de la capa externa del platelminto devienen muy delgadas sobre los nematocistos, proveyendo así de "portillas" para el lanzamiento de los aguijones, y finalmente, las células que encapsulan nematocistos experimentan importantes cambios que les permiten actuar como mecanismos de accionamiento (7).

También existen incontables y enigmáticos ejemplos de imitación en los mundos animal y vegetal. Por ejemplo, el proteles o lobo de tierra se asemeja a la hiena rayada, un agresivo animal que muchos depredadores evitan. Aquél posee una melena eréctil a lo largo de su lomo que hace que parezca mucho más grande y le permite imitar a una hiena, e incluso las similitudes se extienden a la anatomía interna de esta particular especie. Entonces cabe preguntarse nuevamente, ¿cómo es que las mutaciones y la selección natural azarosas consiguieron llevar esto a cabo?

Fig. 7.2. El proteles (arriba) imita a la hiena rayada (debajo) (8).

Fig. 7.3. El pez rape filipino, simulando ser una roca o concha, agita una pieza de cebo parecida a un pequeño pez que se encuentra en esa región. El cebo, que constituye parte de su cuerpo, tiene aletas, cola y manchas negras que asemejan ojos, y así la carnada atrae a otros peces lo suficientemente cerca para comerlos (9).


Referencias

1. Duane T. Gish, Evolution: The fossils still say no!, El Cajon, CA: Institute for Creation Research, 1995, p. 104-5.

2. Ibídem, p. 167-73; John D. Morris y Frank J. Sherwin, The Fossil Record: Unearthing nature’s history of life, Dallas, TX: Institute for Creation Research, 2010, p. 154.

3. "Ear, human", Encyclopaedia Britannica, CD-ROM 2004.
4. Jeffrey H. Schwartz, Sudden Origins: Fossils, genes, and the emergence of species, New York: John Wiley, 1999, p. 38.

5. Michael J. Behe, Darwin’s Black Box: The biochemical challenge to evolution, New York: Free Press, 1996, p. 23.

6. Balázs Hornyánszky e István Tasi, Nature’s I.Q., Badger, CA: Torchlight Publishing, 2009, p. 66; http://en.wikipedia.org/wiki/Electric_eel.

7. Richard L. Thompson, Mechanistic and Nonmechanistic Science: An investigation into the nature of consciousness and form, Los Angeles, CA: Bhaktivedanta Book Trust, 1981, p. 193-5.

8. William R. Corliss (compilación), Biological Anomalies: Mammals I, Glen Arm, MD: Sourcebook Project, 1995, p. 17.

9. William R. Corliss (compilación), Science Frontiers: Some anomalies and curiosities of nature, Glen Arm, MD: Sourcebook Project, 1994, p. 154.


Complejidad irreductible

En tiempos de Darwin se creía que la célula era un "glóbulo homogéneo de protoplasma", pero ahora se sabe que contiene sistemas de complejidad que dejan perplejo a cualquiera. Algunas células se trasladan usando un cilio, estructura parecida a un pelo y que golpea como látigo. Los cilios son máquinas moleculares muy complejas que constan de unas 200 clases diferentes de partes proteicas, y este es un ejemplo de lo que Michael Behe denomina "sistema de complejidad irreductible", es decir, un conjunto que deja de funcionar si se remueve cualquiera de sus partes interrelacionadas. Behe sostiene que tales sistemas no se pueden producir en la manera gradual que Darwin visualizaba y tendría que aparecer de una sóla vez.

Otro sistema irreduciblemente complejo es el flagelo rotatorio, una especie de motor fuera borda que ciertas bacterias usan para movilizarse, y algunos flagelos giran a más de 1000 revoluciones por segundo. El aparato incluye las siguientes partes: una larga cola que actúa como propulsor; la región del codo, que une el propulsor al eje de conducción; el motor, que usa un flujo de ácido externo de la bacteria llevándolo al interior para dar energía al giro; un estator, cuya función es mantener la estructura estacionaria en el plano de la membrana mientras gira el propulsor, y material espeso para permitir que el eje conductor funcione a través de la membrana bacterial. No se produce ningún flagelo o éste no funciona en ausencia de codo, motor, propulsor o eje, o si falta alguno de los más de 40 tipos de proteínas necesarios para la construcción y operación de dicha extremidad (1). 

Fig. 7.4. Ilustración de un flagelo bacteriano que muestra filamento, codo y motor incrustados en las membranas celulares interna y externa, y la pared celular (2).

Otros casos de complejidad irreductible incluyen la visión, la coagulación sanguínea y el sistema de transporte intracelular de proteínas. Behe subraya que esencialmente la literatura técnica permanece silenciosa cuando tiene que explicar en detalle cómo tales conjuntos intrincados podrían haber evolucionado en una modalidad darwinista, ya que muchos de los informes en revistas de biología molecular conciernen al análisis secuencial de ADN. Sobre el tema del flagelo, Simon Conway Morris escribe:

"Al tiempo que no podríamos subestimar la dificultad en explicar cómo podría haberse generado tal motor flagelar, todo lo que sabemos sobre la evolución indica que el camino a su construcción implica los procesos paralelos de desprolijidad e incorporación con al menos algunas de las proteínas agrupadas en formas muy sorprendentes, y a partir de alguna otra función en un sector diferente de la célula" (3). Dicho de otro modo, Morris no tiene nada más que ofrecer sino una efímera esperanza.

Darwin admitió que la creencia de que un órgano tan perfecto como el ojo podría haber sido formado por selección natural es "suficiente para dejar atónito a cualquiera", pero entonces apeló al enorme periodo disponible. Incluso más asombrosa es la creencia actual de que los ojos en cámara (como los humanos) evolucionaron accidental e independientemente al menos siete veces. Como Darwin, Richard Dawkins piensa que el ojo evolucionó gradualmente por una serie de fases intermedias, pero nota que las mejoras en la estructura ocular son inútiles a menos que fueran paralelas con un proceso neural mejorado, e incluso el "punto sensitivo a la luz" que Dawkins toma como su punto de partida es un órgano multicelular, cada una de cuyas unidades hace que la complejidad de una motocicleta o televisor parezcan insignificantes. Así, Dawkins sólamente agrega sistemas complejos a otros sistemas complejos y lo denomina una "explicación", y acerca de esto Behe comenta:

"Esto puede compararse a contestar la pregunta '¿de qué está compuesto un equipo de música?' con la respuesta 'al conectar parlantes a un amplificador, agregar un reproductor de CD, receptor de radio y una casetera'" (4). 

Fig. 7.5. Corte transversal del ojo humano. La retina tiene 130 millones de bastones y conos sensibles a la luz, los cuales causan reacciones fotoquímicas que transforman la luminosidad en impulsos eléctricos. Cerca de mil millones de impulsos son transmitidos al cerebro cada segundo por medios que siguen siendo mal comprendidos.

Behe también ilustra la complejidad de la visión con la siguiente secuencia más bien técnica, pero altamente simplificada: cuando un fotón golpea la retina, ésta interactúa con una pequeña molécula orgánica llamada cis-retinal, causando que su forma inclinada se enderece. Esto cambia la forma de la proteína rodopsina, la cual se une a la anterior y expone un "sitio de anclaje" que permite a la proteína trasducina adherirse a ella. Parte del complejo trasducina ahora se disocia e interactúa con otra proteína denominada fosfodiesterasa que adopta la habilidad de seccionar la molécula GMP cíclica (guanosín monofosfato) y la convierte en GMP-'5. Una parte de éste se adhiere a la proteína de canal-iónico que normalmente permite iones de sodio en la célula, pero cuando la concentración de GMP cíclica decrece por acción de la fosfodiesterasa, el guanosín adherido finalmente cae, causando un cambio en la forma que obtura el canal. Como resultado, los iones de sodio no siguen ingresando en la célula, su concentración de sodio disminuye y el voltaje a lo largo de la membrana celular cambia. Eso, a su vez, provoca una onda de polarización eléctrica que es enviada mediante el nervio óptico y de aquí al cerebro. Posteriormente el sistema tiene que regenerarse y volver al punto inicial, preparándose para el siguiente fotón entrante (5), y cuando las señales eléctricas son procesadas, integradas e interpretadas por el cerebro (y la mente), entonces resulta la visión.

No obstante, Michael Schwartz cree que al invocar a los genes reguladores desaparece la necesidad de una elaborada explicación del origen y complejidad del ojo: "Las razones yacen en saber que existen genes homeobox para la formación de este órgano, y que cuando uno de ellos, en particular el gen Rx, es activado en el lugar y el tiempo adecuados, el individuo posee una estructura ocular" (6). ¡Es difícil imaginar una "explicación" darwinista más vacía!


Referencias

1. Michael J. Behe, William A. Dembski y Stephen C. Meyer, Science and Evidence for Design in the Universe, San Francisco: Ignatius Press, 2000, p. 123-4, 134-5; Michael J. Behe, The Edge of Evolution: The search for the limits of Darwinism, New York: Free Press, 2008, p. 261-8.

2. Michael J. Behe, Darwin’s Black Box, New York: Free Press, 1996, p. 71.
3. Simon Conway Morris, Life’s Solution: Inevitable humans in a lonely universe, New York: Cambridge University Press, 2003, p. 111.

4. Darwin’s Black Box, p. 39.
5. Science and Evidence for Design in the Universe, p. 117-9; Darwin’s Black Box, p. 18-22.

6. Jeffrey H. Schwartz, Sudden Origins: Fossils, genes, and the emergence of species, New York: John Wiley, 1999, p. 362.

Diseño y evolución de las especies (14 de 18)

David Pratt
Mayo 2004, última revisión enero 2019


Contenidos:
 
-Simbiosis
-Autorganización y autoingeniería
-Campos mórficos


Simbiosis
 
Se piensa que los primeros organismos vivos en la Tierra fueron bacterias, las cuales consisten en una sola célula procariótica (célula sin núcleo) y que han seguido evolucionando en parte por mutaciones azarosas y por transferencia de genes de una a otra (conocido como recombinación de ADN). Hace unos dos mil millones de años aparecieron células eucarióticas más grandes y complejas (células nucleadas); de esta forma, los protistas fueron los primeros organismos eucarióticos unicelulares, y posteriormente los individuos multicelulares -esto es, animales, plantas y hongos- poseyeron células eucarióticas en su estructura.

Lynn Margulis atribuyó estas mayores innovaciones evolutivas a la simbiosis o tendencia extendida de diferentes organismos para vivir en cercana asociación con otros, y a menudo dentro de otros (como las bacterias en nuestros intestinos). La forma más íntima de simbiosis es la incorporación e integración de los genes de una especie (principalmente bacterias y otros microbios) en el genoma de otra dando lugar a un tipo nuevo, proceso conocido como simbiogénesis. Margulis consideró a la simbiogénesis como la principal avenida de la evolución y dijo que los neodarwinistas han "sobrenfatizado dogmáticamente" las mutaciones genéticas accidentales que son "casi siempre inconsecuentes o perjudiciales hacia el proceso como un todo" (1).

La autora piensa que las mitocondrias, verdaderas centrales eléctricas de muchas células nucleadas, en un comienzo fueron bacterias que flotaban libremente y que en el pasado lejano una célula más grande engulló una bacteria o fue invadida por ella, pero en lugar de digerirla o ser eliminada por ésta, comenzaron a cooperar y la célula invasora terminó convirtiéndose en una mitocondria. Esta proposición fue ridiculizada en un comienzo, pero ahora es holgadamente aceptada aunque nunca se ha puesto a prueba en términos experimentales. Margulis también sugirió que los flagelos o fimbrias usados por las eucariotas para trasladarse a través del agua fueron antaño las rápidas bacterias nadadoras llamadas espiroquetas, las cuales se adhirieron por accidente a otras procariotas y progresivamente perdieron sus rasgos distintivos; y que los cloroplastos en las células vegetales solían ser cianobacterias que por alguna razón fueron reservas digestivas para ancestros de plantas. Supuestamente estas alianzas azarosas y "estimuladas" por presiones medioambientales dieron origen a células eucariotas internamente elaboradas, las que entonces se diversificaron mediante variación y selección al azar, creando eventualmente alianzas simbióticas con otras unidades y produciendo de esta forma los primeros organismos multicelulares.

Nótese que, como las mutaciones genéticas, se cree que todos los cambios involucrados en la integración de los genes de un organismo en el genoma de otro tienen lugar "azarosamente", esto es, sin ninguna guía general o propósito. Michael Behe levanta una objeción adicional: "La esencia de la simbiosis es la unión de dos células o sistemas separados, y ambos ya están funcionando (...) Ni Margulis ni nadie más ha ofrecido una explicación detallada de cómo se originaron las células preexistentes" (2), y también Ernst Mayr puntualizó: "No hay indicación de que alguna de las 10.000 especies de aves o las 4.500 de mamíferos se originaran por simbiogénesis". De esta manera, el intercambio de material genético a gran escala y no dirigido entre individuos no relacionados es incapaz de explicar la historia de la vida en la Tierra al igual que otros mecanismos azarosos.


Referencias

1. Lynn Margulis y Dorion Sagan, Acquiring Genomes: A theory of the origins of species, New York: Basic Books, 2002, p. 15.

2. Michael J. Behe, Darwin’s Black Box, New York: Free Press, 1996, p. 189.
3. Prefacio de Acquiring Genomes, p. xiii.


Autorganización y autoingeniería

Stuart Kaufmann, destacado proponente de la teoría de la complejidad, asevera que los orígenes de la vida, el metabolismo, los programas genétcos y los planes corporales se encuentran más allá de la explicación darwinista, pero pueden surgir espontáneamente a través de la autorganización. Esto se refiere a la tendencia de los sistemas complejos para organizarse con libertad en patrones ordenados, y a veces las "perturbaciones" de un sistema pueden causar que se cambie desde un patrón a otro. Es cierto que muchos sistemas parecen organizarse "espontáneamente" en ocasiones, pero decir que la autorganización es conducida por "leyes de complejidad" es inútil ya que las leyes científicas no causan o explican los fenómenos naturales y sólamente los describen

La teoría de la complejidad es densamente matemática y está desconectada de la química de la vida real, pues ningún defensor de dicho postulado ha ido alguna vez al laboratorio para mezclar una amplia variedad de químicos en un tubo de ensayo y verificado si las rutas metabólicas autosustentables se organizan espontáneamente. Muchos científicos del origen de la vida ya han intentado tales experimentos sin ningún éxito notable, por lo que no existe evidencia que la información biológica o las estructuras anatómicas complejas puedan surgir sólo de la química y la física. La autorganización permanece como un concepto vago y borroso y la teoría sobresale principalmente al recurrir a gráficos computacionales en vez de explicar cualquier cosa, y así los críticos han acusado a Kauffman de practicar "ciencia desprovista de hechos" y complacerse en "ciberfantasías". 

Robert Wesson reconoce que la evolución implica más que sólo variabilidad y selección natural azarosas, afirmando que también involucra autoorganización y que el surgimiento de una nueva especie es dirigida por "factores internos". También Wesson dice que la esencia de la autorganización es un "atractor" que de alguna forma dirige el desarrollo de un nuevo órgano o instinto en un sentido determinado, por lo que concluye que pensar en estos términos "hace más entendibles las extraordinarias adaptaciones" (1), pero la verdad es que "atractores" sigue siendo sólamente una palabra vacía hasta que pueda determinarse el mecanismo causal que denota. 

Como Wesson y sus "atractores", muchos otros científicos han recurrido a toda clase de nuevas "leyes" y "principios organizantes" para explicar la asombrosa diversidad, creatividad e inventiva de la vida. Por ejemplo, Michael Denton habla de un "patrón preordenado, escrito en las leyes de la naturaleza desde el principio" (2). Por su parte, Paul Davies dice que además de las leyes físicas existen "principios organizantes generales que supervisan el comportamiento de sistemas complejos en niveles organizacionales superiores" (3). Fritjof Capra, teórico de sistemas, cree que hay una "tendencia inherente" en la naturaleza hacia "la aparición espontánea de orden y complejidad en aumento" (4), pero como ya se habrá notado, las "leyes de la naturaleza", los "principios organizantes" y las "tendencias inherentes" son términos puramente descriptivos y no solucionan nada.

El biólogo molecular James Shapiro echa mano de la "ingeniería genética natural" para explicar cómo se crea la novedad en el transcurso de la evolución (5), rechazando la postura tradicional de que el genoma es un sistema de memoria de "sólo lectura" sujeto a cambios por daño accidental y copia de errores, y muestra en gran detalle que las células son capaces de "reescribir" sus propios genomas, especialmente en respuesta a presiones medioambientales:

"Las células vivas y los organismos son entidades cognitivas (sintientes) que actúan e interactúan con propósito para asegurar la supervivencia, el crecimiento y la proliferación, poseyendo correspondientes capacidades sensorias, de comunicación, procesamiento de información y de toma de decisiones. Las células están construidas para evolucionar; tienen la habilidad de alterar sus características hereditarias rápidamente a través de ingeniería genética natural y procesos epigenéticos bien definidos, como también por combinación celular. La novedad evolutiva surge de la producción de nuevas estructuras celulares y multicelulares como resultado de sus funciones de automodificación y fusión" (6).

De acuerdo a Shapiro, "el registro de ADN definitivamente no apoya la menor acumulación de cambios graduales y accidentales transmitidos por patrones restringidos de tipo vertical" (7). Existe abundante evidencia de que la transferencia del ADN horizontal ha jugado un rol clave en la evolución, pues los organismos pueden elegir rápidamente estructuras de otros y rediseñarlos, y sobre esto escribe que: "Sorprendentemente, los datos están a favor de la escuela saltacionista que postulaba cambios genómicos mayores en momentos evolutivos clave" (8), pero Shapiro no explica el origen de las primeras células o de las habilidades "cognitivas" celulares.

Muchos biólogos se oponen firmemente al concepto de ingeniería genética natural y a la idea de "cognición celular, toma de decisiones y función orientada a un objetivo", porque sienten que implica un "ingeniero" y de esta forma apoya el diseño inteligente. William Dembski, un proponente de esta última hipótesis, destaca:

"Los organismos que pueden elaborar su propia ingeniería genética natural son maravillas en sí mismos, e inclusive necesitamos ser ingenieros para entenderlas. Más aún, las hazañas que llevan a cabo en este sentido eclipsan con creces a las proezas tecnológicas humanas. Entonces, ¿por qué debiera ser forzado pensar que tales sistemas son el resultado de un agente?" (9).

Shapiro rechaza la idea de una "inteligencia guía externa a la naturaleza", como también lo hace la visión general teosófica, puesto que nada puede estar fuera de la naturaleza infinita y reconoce que el universo está impregnado por mente e inteligencia que se manifiestan en muchos grados diferentes en todas las formas de vida (incluyendo las células), pero que la consciencia no puede ser reducida a las operaciones de la materia física.


Referencias

1. Robert Wesson, Beyond Natural Selection, Cambridge, MA: MIT Press, 1994, p. 170.

2. Michael J. Denton, Nature’s Destiny, New York: Free Press, 1998, p. 282.
3. Paul Davies, The Mind of God, New York: Simon & Schuster, 1992, p. 182.
4. Fritjof Capra, The Web of Life, London: Flamingo, 1997, p. 222.
5. James A. Shapiro, Evolution: A view from the 21st century, Upper Saddle River, NJ: FT Press Science, 2011; Casey Luskin, "James Shapiro’s Evolution: A View from the 21st Century offers a stunning look at biological complexity and non-Darwinian evolution", 29 de agosto de 2011, evolutionnews.org; James A. Shapiro, "Is James Shapiro a design theorist?: James Shapiro replies", 16 de enero de 2012, evolutionnews.org.

6. Evolution: A view from the 21st century, p. 143.
7. Ibídem, p. 126.
8. Ibídem, p. 89.
9. William A. Dembski, "Borderline heretic: James Shapiro and his 21st century view of evolution", 2012, designinference.com.


Campos mórficos

Rupert Sheldrake va un paso más allá al reconocer la necesidad de factores causales no físicos, a los cuales llama campos mórficos, que incluyen otros de tipo morfogenético (desarrollo y mantención de los cuerpos de los organismos), motor (organizadores de movimiento), conductual (comportamiento habitual e instintivo), mental (asociado con la actividad psíquica consciente e inconsciente), social y cultural. Sheldrake afirma que los sistemas naturales a todos niveles de complejidad, desde los átomos a los organismos y sus conjuntos, están animados, organizados y coordinados por estos ámbitos y que a su vez contienen una memoria inherente. Los sistemas naturales heredan esta memoria colectiva de todas los elementos previos de su clase por "resonancia mórfica", y de esta manera, lo que suceda en las formas posteriores dependerá de lo que ha sucedido en el pasado.

Durante la embriogénesis, los grupos de células relativamente no especializadas actúan como "gérmenes morfogenéticos" que se sintonizan con las esferas morfogenéticas que dirigen el desarrollo de estructuras corporales particulares. Comúnmente, un tipo determinado de morfogénesis sigue un sendero de desarrollo particular, pero también puede encaminarse hacia la forma final desde diferentes gérmenes morfogénicos y por variadas vías, como está demostrado por la habilidad de los organismos para regenerarse después de un daño, y si las condiciones medioambientales imprevistas o los cambios genéticos alteran suficientemente la estructura de un germen, éste puede asociarse con un ámbito morfogenético diferente o con ninguno. El patrón de la actividad génica controlada por los homeobox afecta a un camino completo de morfogénesis y las mutaciones en esas unidades inciden en la sintonización de estas simientes morfogenéticas con campos particulares de igual índole, tal como la alternación de un transistor o condensador en un circuito de sintonización podría causar que un televisor muestre un canal diferente o pierda la habilidad de recepcionar cualquier otro.

Sheldrake asevera que la evolución "comprende más de un cambio en las frecuencias génicas porque implica la selección natural y la estabilización de patrones organizadores generados por campos mórficos que evolucionan en sí mismos" (1). También explica que el origen de nuevos entornos de ese tipo podría estar adscrito al azar, a la creatividad inherente en la naturaleza o a un agente creativo trascendente. Este autor piensa que los campos mórficos nunca se desvanecen completamente cuando muere la especie o entidad que organizan, sino que continúan existiendo como "potenciales patrones organizacionales de influencia", y que esto explica por qué los mismos caminos evolutivos a veces se repiten.

Hasta cierto punto, los campos concebidos por Sheldrake corresponden a los cuerpos sutiles e internos o "almas" referidos en las tradiciones místicas, mientras que el ámbito mórfico correspondiente a Gaia [Madre Tierra] equivale a los planos más sutiles (astral y akásico) que interpenetran a nuestro globo físico, pero el concepto de este autor sobre los campos mórficos es extremadamente vago, ya que los describe como "entornos de información" que no constituyen un tipo de materia o energía y son detectables sólo por sus efectos sobre sistemas materiales. Sin embargo, si los campos mórficos fueran absolutamente inmateriales, serían la nada misma y de esta forma estarían desprovistos de algún poder explicatorio. Es más lógico concebirlos como patrones más finos y no físicos de energía-sustancia, demasiado etéricos para ser detectables por instrumentos científicos (2).

En lugar de un mundo físico organizado por "campos" nebulosos e inmateriales, la Teosofía propone la existencia de un espectro completo de fuerzas y entidades parafísicas que van desde las injerencias elementales de la naturaleza hasta las inteligencias espirituales. La idea de que existen energías y entidades más sutiles en juego hace más sentido que la creencia de que hay "leyes" abstractas y "principios" que flotan en derredor, creando mágicamente el orden del caos o que la suerte y la espontaneidad sólo son creativas por accidente. Desde un punto de vista teosófico, el mundo físico y todo dentro de él está organizado y guiado desde el interior hacia el exterior y son autorganizantes sólo si el prefijo "auto-" se considera para incluir niveles suprafísicos de su constitución.

La noción de planos internos de existencia, claro está, no "explica" hechos en el sentido de ofrecer una "última respuesta"; después de todo, podríamos entonces averiguar las propiedades de estos estados más sutiles de energía-sustancia, las características de las diversas entidades que pueblan los ámbitos invisibles y la manera en que estos factores suprafísicos interactúan con el mundo material y lo influencian. El punto es simplemente que, si de hecho vivimos en una realidad multinivelada como dejan entrever muchos fenómenos "anómalos", entonces las fuerzas y entidades parafísicas inevitablemente también jugarán un rol en la evolución. El principio básico es que cualquier evento en un plano definido está influenciado por agentes sutiles conectados más con planos internos que con "campos", "leyes" o "principios" absolutamente inmateriales (3).


Referencias

1. Rupert Sheldrake, The Presence of the Past: Morphic resonance and the habits of nature, New York: Vintage, 1989, p. 285.

2. Ver "Rupert Sheldrake: a theosophical appraisal", http://davidpratt.info.
3. Ver "Worlds within worlds", http://davidpratt.info.