14 de agosto de 2022

Enigmas al interior de la Tierra (12 de 12)

David Pratt
Mayo 2001, última revisión abril 2016


Contenido (final Parte D):

04. Reinos al interior del planeta


04. Reinos al interior del planeta

Como sucede con las historias sobre una matriz paradisíaca de la humanidad en el Polo Norte, también son frecuentes las alusiones a redes de cavernas y túneles o ámbitos internos en muchas religiones y costumbres folclóricas globales. Los rasgos atribuidos al submundo van desde celestes a infernales, y sus habitantes son egregios o subhumanos. Generalmente esas tradiciones encarnan múltiples niveles de significado, y en esa línea el "inframundo" puede representar planos no físicos de realidad.

Durante sus viajes por Asia, Nicolás Roerich pasó mucho tiempo estudiando el folclore local que incluía narraciones de tribus perdidas o habitantes subterráneos. Numerosas leyendas en Asia Central "describen la misma historia de cómo las mejores personas abandonaron la 'tierra de traición' y buscaban salvarse en países incógnitos, donde adquirieron nuevas fuerzas y conquistaron poderosas energías" (1). Mientras cruzaban el paso del Karakorum, su guía ladakhi le dijo: "¿Sabéis que en las cuevas subterráneas están ocultos muchos tesoros, y que en ellas vive una tribu maravillosa que repudia el pecado de la tierra?"

"Y de nuevo cuando nos acercábamos a Khotan, las pezuñas caballares sonaron huecas como si nos internáramos en cuevas pretéritas, y nuestros caravaneros concitaban interés diciendo '¿escucháis la oquedad de estos parajes?' A través de estos sitios, las personas familiarizadas con ellos pueden alcanzar países lejanos. Cuando vimos las entradas a dichas grutas los guías nos dijeron: 'Hace mucho tiempo vivían personas aquí; ahora han vuelto al hogar y encontraron un pasaje al reino subterráneo. Sólo en raras ocasiones algunos de ellos reaparecen en la superficie (...)".

"Grande es la creencia en el Reino del Pueblo Subterráneo. A través de toda Asia, el espacio de todos los desiertos y desde el Pacífico hasta los Urales, se puede escuchar igual relato maravilloso de esta población santa y desaparecida. E incluso mucho más allá de los Urales, os llegará el eco de la misma narrativa" (2).

Se rumorea que existe una amplia red de cuevas y túneles bajo tierra en Asia Central, con muchos senderos que parten desde el centro místico de Shambhala (3). Según la creencia popular, hay numerosos pasajes secretos bajo India cuyos accesos están custodiados por elementales que asumen la forma de piedras u otros objetos naturales. Por ejemplo, se afirma que Varanasi (Benarés; nombre antiguo Kashi) está conectado por un túnel a Gupta Kashi (gupta = secreto, desconocido), una ciudad subterránea en el Himalaya a 80 kms. de Badrinath (4), e incluso los Mahatmas teosóficos escribieron sobre "los huecos subterráneos e internos de L'Hassa" o capital del Tíbet (5).

Hay quienes sostienen que por largo tiempo Centro y Sudamérica han escondido laberintos de prolongados túneles, algunos de ellos con miles de kilómetros, desde Colombia en el norte y a través de Perú-Bolivia hacia Chile por el sur, abarcando además la selva amazónica oriental, y hasta ahora sólo se han descubierto algunas secciones (6). Blavatsky menciona un inmenso conducto que va de Cuzco a Lima (Perú) y luego abarca latitudes sureñas a partir de Bolivia (7). En Egipto se cree en la existencia de un sector bajo tierra desde las catacumbas de Alejandría al Valle de los Reyes en Tebas. Las criptas soterrañas de ésta última eran conocidas como "catacumbas de la serpiente", pues dicho reptil era símbolo de sabiduría e inmortalidad (8).

Muchos indígenas norteamericanos creen que sus ancestros provenían de un reino subterráneo dichoso, o se refugiaron en cavernas para escapar de cataclismos previos. Los cherokee hablan de un mundo interno parecido al nuestro, con montañas, ríos, árboles y personas (9); la cultura azteca atribuía el origen de sus predecesores a una tierra llamada Aztlán, y que tras escapar de su destrucción terminaron en la gruta Chicomoztoc o las "siete ciudades cavernarias de oro" donde vivían antes de emerger a la superficie (10). El semi-dios mexicano Votán describe un camino bajo tierra o "agujero de serpiente" que "termina en la raíz de los cielos", y se le permitió entrar en él porque era un "hijo de serpientes" (11).

Los hopi celebran sus rituales en una cámara subterránea conocida como kiva. "En su centro (...) a nivel del altar y directamente bajo la abertura del techo, se halla un fogón hundido donde encienden una llama en la ceremonia del fuego nuevo (...) pues la vida se inició con ese elemento ígneo. Adyacente se encuentra un pequeño agujero en el suelo llamado sipapuni, que etimológicamente deriva de las nociones que apuntan a 'ombligo' y 'camino inicial'; por lo tanto, denota el cordón umbilical que conduce a la Madre Tierra y representa el camino de la aparición humana desde el inframundo (...) La escalera simboliza la caña hasta donde subió el ser humano durante su nascencia" (12).

Los hopi sostienen que ha existido una serie de cuatro mundos: el primero fue destruido por el fuego, el segundo por cambio de polos y el tercero mediante inundaciones, por lo que resta esperar la suerte del actual. Algunos elegidos se ocultaron bajo tierra para escapar de los dos primeros desastres, y sobrevivieron a la hecatombe de la última civilización al ser "comprimida dentro de cañas huecas". Por su parte, los pima aducen que nuestra llegada al mundo se efectuó por un "agujero en espiral" que se alzaba hasta la superficie de la Tierra (13).

En África y Australia también hallamos orígenes ancestrales subterráneos. En dicha isla los nativos creen que sus antepasados salieron de la tierra, recorriendo toda la zona y crearon nuevas tribus, y "en última instancia viajaron más allá de los confines de su territorio, o desaparecieron otra vez bajo el suelo". De acuerdo con tradiciones en las islas Carolinas, Papúa Nueva Guinea y Malasia, una raza de gigantes pasó a la clandestinidad en periodos muy remotos; antaño pobladores del reino perdido de Chamat, algún día "emergerán para rehacer el mundo". En las islas Trobiand creen que sus predecesores aparecieron por un "agujero especial", y asimismo esta noción es compartida por etnias en Bengala y Birmania (Myanmar) (14).

La mitología hindú comporta muchos relatos acerca de los nagas, un pueblo semidivino de humanos-serpiente que gobernaba el distrito de Pâtâla colmado de riquezas inimaginables, y se afirma que es la más baja de las siete regiones del inframundo indio. Estos lugares se denominan colectivamente Bila-svarga o "cielo bajo tierra", delineados como parajes de gran belleza. El Sol y la Luna no pueden verse desde ahí, pero las joyas que adornan las capuchas de los nagas emiten un resplandor que ilumina todo el Bila-svarga. Pocos mortales tenían la posibilidad de ingresar a ese mundo, y asimismo habrían muchas entradas ocultas en las montañas de India y Cachemira (15). En Tíbet hay un importante santuario místico llamado Patala, supuestamente construido sobre un antiguo complejo de antros y túneles que se extienden a todo el continente asiático y se especula que abarcaría más territorios. Los nagas a su vez se relacionan con los râkshasas, un tipo de demonios subterráneos que posee una "piedra mágica" o "tercer ojo" en medio de la frente.

En China los Lung Wang ("reyes dragones") muestran semejanzas con los nagas en varios aspectos. Habitan en el "reino celeste" (estrellas y planetas) o bajo tierra, exhiben una "gema de poder" en la frente ("ojo místico" o punto de energía) y algunas de las entradas a sus palacios se encuentran bajo lagunas y ríos o detrás de cascadas (16). Según el registro arcaico llamado "Doce Ramas", todo lo que existe comenzó a germinar en los rincones ocultos del inframundo, y el relato de los "Diez Tallos" sostiene que en el noveno de éstos la luz comenzó a nutrir todas las cosas en escondrijos subterráneos (17).

El submundo egipcio de los muertos era llamado Duat/Tuat [imagen derecha], cuyo monarca era Osiris, y su seno albergaba "praderas de paz" que los griegos equipararon con los Campos Elíseos. En 
tiempos del Imperio Antiguo se creía que esa tierra podía localizarse bajo el suelo; a ella iban tanto bendecidos como condenados y estaba desprovisto de aire, agua y luz. El concepto popular situó al reino de Osiris en el poniente, donde el dios-Sol moría cada noche. Además, el Duat solía indicar la zona celeste dominada por las constelaciones de Orión, Tauro y Leo, y que cruzaba el "camino sinuoso de agua" o Vía Láctea.

El Duat también es descrito como el "mundo/espacio invertido" (19), y en los Textos de las Pirámides se lee: "Rey Osiris, soy Isis; he llegado al centro de esta tierra, en el lugar donde os encontráis" (20). El mencionado dios era el Fénix egipcio y "portador de la esencia o caminata que da vida, un concepto afín a nuestra idea de la magia que esta gran ave cósmica llevó a Egipto desde un país lejano y mirífico, allende el mundo terrenal". Este era la "isla de fuego"- otra alusión al Duat-, "el lugar de luz eterna más allá de los límites profanos, y desde aquí los dioses renacidos eran enviados al mundo" (21). Dicho "lugar oculto" en el inframundo se visualizaba como un "círculo divino" completamente hermético y formado por el cuerpo de Osiris. En su parte superior había una apertura a los cielos simbolizada por la diosa Nut, a través de la cual se llegaba a la "estrella imperecedera" o disco celeste (ver ilustración; 22). El dios egipcio Aker era "jefe de la puerta del abismo" o mundo inferior, que también constituía el "reino del Sol" (23).

Entre los celtas, el ámbito de ultratumba era conocido como "tierra de los muertos/vivos", "región multicolor/prometida", la "meseta apacible" y "Tierra de la Juventud/de verano" o "bajo la ola". En muchas historias se ilustra como un grato paraje submarino, pero en otras se encontraba debajo de colinas o se accedía a él por túmulos arcaicos (24). Al igual que otros pueblos, el inframundo celta se asocia con calderos: según el Mabinogion, la tierra de Annwn ("insondable", "sin fondo") o mundo soterrano galés contiene un caldero místico que puede resucitar muertos si se sumergían en él y lo enseñaban a otros (25).

El poeta griego Píndaro escribió: "Bienaventurado es quien, tras haber presenciado estos ritos [misterios de Eleusis], se encamina a la tierra hueca; porque él conoce el final de la vida y el comienzo de su bendición" (26). En Critias (120) Platón dice que la "santa morada de Zeus" se encuentra "en el centro del mundo" (27), y La República (parte 4) sostiene que Apolo, el intérprete tradicional de asuntos religiosos, otorga explicaciones "desde su asiento en el núcleo de la Tierra" (28). William Warren añade: "Su verdadero hogar está entre los 'hiperbóreos', en una tierra de luz casi perpetua (...) De acuerdo con Hecateo, Leto, madre de Apolo y su hermana Artemisa, nació en una isla del Océano Ártico, 'más allá del viento boreal'. Por otra parte, en esa isla (...) Apolo es adorado eternamente en un enorme templo circular" (29).

En Fedón, su autor habla de muchas cavernas y "regiones" paradisíacas en el planeta, y también flujos subterráneos de agua, barro y fuego. "Una de las cavidades terrenales no sólo es más grande que el resto, sino que perfora directamente de un lado al otro. Homero refiere a esto cuando dice 'lejos, muy lejos, donde se encuentra el abismo más profundo de la Tierra'; mientras que en otros pasajes tanto él como otros liristas lo identifican con el Tártaro" (30).

En Protágoras (320d) Platón escribe que cuando llegó el ciclo para formar "criaturas mortales", los dioses les moldearon a partir de lodo y fuego "en el interior de la Tierra" (31).

En la visión griega, el ámbito de los vivos se escindía del Tártaro -o inframundo- por barreras feroces como ríos, fuego y otros cuerpos de agua. El mayor de esos obstáculos era Océano, que no sólo comprendía todos los mares del globo, sino también era el más grande de los "ríos" que los griegos pensaron que se adentraba en esta especie de infierno, para salir al otro lado del planeta. Otros torrentes incluían el Leteo o "del olvido" y la mortal laguna de Estigia; asimismo, el Tártaro se hundía "al doble de distancia, tal y como ésta yacía bajo el cielo", y estaba limitado por muchos peligros. Además de ser el hogar de los Titanes destronados, contenía una variedad de regiones que iban desde los Campos Elíseos a múltiples grutas, cavernas y pozos de tormento reservados para los humanos perversos (32).

Séneca (siglo I) habló de personas que "se abrieron paso en las cavernas", llegando a las entrañas de la Tierra "que penetran hasta los escondites más profundos", donde vieron "grandes ríos y lagos todavía mayores"; en otras palabras, un mundo donde "se invertía la totalidad de la naturaleza. La tierra colgaba sobre esta gente, con los silbidos huecos del viento en la penumbra, y en las profundidades los ríos temibles llevaban a ninguna parte en una noche sempiterna y extraña" (33). También escribió: "Llegará un tiempo (...) cuando el océano desate los límites de las cosas, la Tierra inconmensurable se abra y [Ultima] Thule ya no sea el punto extremo entre las comarcas" (34), si bien está claro que nada en la superficie planetaria podría estar más al norte de dicha locación.

Los escandinavos y germanos previeron el mundo como un enorme tejo o fresno, cuyos limbos y raíces se extendían a diferentes "reinos" o planos de vida. El Yggdrasil o "árbol prístino" tenía hondas radículas en varios lugares subterráneos que circundaban un gran "vacío primordial" llamado Ginnungagap. Una de las raíces de Yggdrasil conducía a Niflheim o tierra de los muertos, y al igual que en el inframundo griego, muchas aguas fluían desde sus honduras y en la superficie. Niflheim también contenía el surtidor/río Hvergelmir ("caldero rugiente") que borbotaba y se revolvía sin parar; entretanto, los once afluentes del mismo concluían en Ginnungagap. La segunda raíz de Yggdrasil se internaba por las tierras maravillosas de Asgard y Vanaheim, y si bien solían describirse como zonas pletóricas en las ramas de dicho árbol, estas comarcas también eran subterráneas, y el único sitio de la cosmología nórdica que no lo era en cierto modo era Midgard ("tierra media" o de la superficie). El llamado Bifrost o "puente arcoiris" se expandía desde Midgard a través de Ginnungagap en Asgard (35).

El Yggdrasil, que crece en una montaña cósmica.

En la Edda Mayor, Odín sentencia: "Nadie ha conocido o sabrá jamás la inmensidad de las raíces de ese árbol antiguo", siendo ésta una alusión no únicamente al mundo creado y los cielos, sino también al profundo sistema de cavernas bajo la superficie. También desde las profundidades de ese árbol mítico salía la enorme "serpiente/faja del mundo" u ouroboros que rodeaba el planeta y sostenía la cola en su hocico. Se le conocía además por sus contorsiones bajo el mar que originaban tormentas y sismos. La entrada a la provincia nórdica oculta yacía en el norte -los griegos ubicaron uno de los ingresos al Tártaro mas allá de Hiperbórea-, y entre los finlandeses el pórtico al averno se encontraba al norte de Laponia, el lugar de reunión entre tierra y cielo.

La epopeya sumeria de Gilgamesh dice que el ámbito infernal era un lugar muy amplio y de grandes terrores, poblado por muchos seres tales como espíritus, muertos vivientes, humanoides y guardianes salvajes. En su búsqueda de la vida eterna, Gilgamesh llegó a la montaña de Mashu vinculada con el cielo y el inframundo, y tras ser autorizado a entrar descendió a las entrañas planetarias por "doce horas dobles de oscuridad", antes de alcanzar "un recinto divino" lleno de brillantez, e incluía un huerto elaborado completamente de piedras preciosas (36). Según Diodoro Sículo, los caldeos imaginaban la Tierra como un "bote circular" vuelto del revés y hueco por debajo (37).

La Biblia esboza el infierno subterráneo como "pozo sin fondo" (Apocalipsis 9:1-2) y "abismo" (Romanos 10:7), un lugar de castigo y miseria, la residencia de Satanás y sus demonios (Jesús lo identifica como "Edén" o Paraíso). Hay también otros sugestivos extractos:

-"(...) en el nombre de Jesús, que se doble toda rodilla en el cielo y la tierra, y debajo de ella" (Filipenses 2:10).

-"Y nadie en el cielo, ni en la tierra ni bajo ella, podía abrir el libro ni ver su contenido" (Apocalipsis 5:3).

-"Al decir: 'Él [Cristo] ascendió', ¿qué otra cosa podría significar, sino que también descendió a las partes más bajas de la tierra?" (Efesios 4:9).

-"Porque así como Jonás estuvo tres días y tres noches en el vientre de la ballena, así estará el Hijo del hombre tres días y tres noches en el corazón de la tierra" (Mateo 12:40).

-"Extiende el norte sobre el vacío, y cuelga la tierra en el abismo" (Job 26:7; algunos partidarios de la Tierra hueca interpretan este pasaje como un "agujero polar en el Ártico").

En la narrativa apócrifa de Enoc (38), el profeta habla de ir al "centro de la tierra" donde contempló "un lugar bendito, dichoso y fértil" (25:1, 26:1). Un ángel le muestra "los primeros y últimos secretos en el cielo y las profundidades de la tierra; en las extremidades celestes y sus fundamentos, y en el receptáculo de los vientos" (59:2-3), añadiendo que existían cavernas y "aguas poderosas" bajo el suelo (65:1, 87:5, 95:2). Asimismo, Enoc vio un precipicio "abierto en medio de la tierra, lleno de fuego" (89:34) y "en el lado derecho" del planeta, que según Blavatsky puede apuntar al septentrión. También hay una referencia a siete grandes ríos, cuatro de los cuales "se internan en la cavidad del norte" (76:6-7).

Los isleños de Rapa Nui cuentan que Make-Make fue el creador del mundo y la vida, y de acuerdo con sus tradiciones, el dios "amasó la tierra como una bola, metió la mano en su centro para hacer un agujero y luego sopló en él. Un joven llamado He Repa emergió de allí" (40).

Por último, La Doctrina Secreta ofrece varias declaraciones intrigantes acerca del extremo norte, y posiblemente la Tierra interior. Hablando de las montañas Kaf del leyendario persa, Blavatsky escribe:

"Sean lo que sean en su aspecto geográfico, ya fuesen las montañas caucásicas o de Asia Central, la leyenda coloca a los Devs y Peris muy lejos de éstas, hacia el norte, pues los segundos eran antepasados remotos de los Parsis o Farsis. La tradición oriental refiere siempre a un mar sombrío, glacial o desconocido y a una oscura región, en la que sin embargo están situadas las 'Islas Afortunadas', y donde corre la Fuente de Vida desde el principio de la existencia sobre el planeta. La leyenda asegura, además, que una parte de la primera 'isla seca' (continente) se desprendió del cuerpo principal y ha permanecido desde entonces más allá de los montes Koh–Kaf, 'el cinturón de piedra que rodea al mundo'. Un viaje de siete meses llevará al que posea el 'Anillo de Sulimán' a aquella 'fuente', si va directo hacia el norte como vuela un pájaro. Por lo tanto, al ir desde Persia en derechura al septentrión, llegará al grado 60 de longitud remitiéndose al oeste hacia Nueva Zembla; y desde el Cáucaso a los hielos eternos más allá del Círculo Ártico, arribará entre los 60 y 45 grados de longitud, o entre Nueva Zembla y Spitzbergen. Ello, por supuesto, si uno tiene el caballo dodecápedo de Huschenk o el Simorgh alado de Tahmurath/Taimuraz para atravesar el Océano Ártico.*

*[Los bardos del Cáucaso] dicen que un caballo veloz necesita siete meses para alcanzar el 'país seco' más alla de Kaf, manteniéndose en dirección al norte y sin desviarse nunca del camino.

Sin embargo, los trovadores vagabundos de Persia y Cáucaso sostendrán, aún hoy, que mucho más allá de las nevadas crestas del Kap hay un gran continente oculto para todos; sólo le alcanzan quienes pueden servirse de la progenie de doce patas del cocodrilo y el hipopótamo hembra, cuyas patas se convierten a voluntad en doce alas*, o los pacientes que aguarden que Simorgh–Anke desee cumplir su promesa de revelar a todos el continente escondido antes de morir, y lo haría de nuevo visible y con fácil acceso por medio de un puente que los Devs marinos construirán entre esa parte de la 'tierra seca' y sus partes disgregadas**. Esto se relaciona, obviamente, con la Séptima Raza, pues Simorgh es el Ciclo Manvantárico.

*Bailly vio en este Caballo un barco de doce remos. La Doctrina Secreta afirma que la Tercera Raza primigenia construyó botes y flotillas antes que casas; pero el 'caballo', aunque un animal muy posterior, tiene un sentido primitivo más esotérico. El cocodrilo y el hipopótamo eran considerados sacros y representaban símbolos divinos, tanto entre los egipcios como los mexicanos en la Antigüedad. Con Homero, Poseidón es el Dios del Caballo, y él mismo adopta esa forma para agradar a Ceres; Arión, su progenie, es uno de los aspectos de dicho animal, el cual simboliza un Ciclo.

**Las partes disgregadas deben de ser Noruega y otros países en la proximidad del Círculo Ártico.

Es muy curioso que Cosme Indicopleuste (siglo VI de nuestra Era) haya sostenido siempre que el hombre nació y vivió primeramente en un país 'más allá del Océano', de cuyo aserto le había dado prueba en India un sabio caldeo. Dice él: 'Las tierras en que vivimos están rodeadas por el Océano, pero más allá (...) existe otro país que toca las paredes del firmamento; y en esta zona el hombre fue creado y vivió en el Paraíso. Durante el Diluvio, Noé fue llevado en su arca a la región en que ahora habita su posteridad'".

"(...) La Topografía Cristiana de Indicopleuste y sus méritos son bien conocidos, pero en este punto el buen padre repite una tradición universal, que por otra parte ha sido corroborada hoy por hechos. Todos los viajeros árticos sospechan la existencia de un continente o 'tierra seca' más allá de la línea de los hielos eternos" (41). Sin embargo, no se ha descubierto aún tal lugar en la superficie boreal del planeta.


Referencias

1. Nicolás Roerich, Shambhala: In search of the new era, Rochester, VE: Inner Traditions, 1990, p. 213.

2. Ibídem, p. 215.
3. Victoria LePage, Shambhala: The fascinating truth behind the myth of Shangri-La, Wheaton, IL: Quest, 1996, p. 14, 41, 48-9.

4. The Theosophist, septiembre 1888, p. 757-8; H.P. Blavatsky, "Footnotes to 'The Autobiography of Dayananda Saraswati'", The Theosophist, octubre-diciembre 1879, p. 66-68; H.P. Blavatsky, From the Caves and Jungles of Hindostan, Wheaton, IL: Theosophical Publishing House, 1983, p. 20 nota al pie, 77, 253-6, 342, 381-2, 392; H.P. Blavatsky, La Doctrina Secreta (1888), Pasadena, CA: Theosophical University Press, 1977, 2: 220-1.

5. A.T. Barker (comp.), The Mahatma Letters to A.P. Sinnett, Pasadena, CA: Theosophical University Press, 2da ed., 1975, p. 6.

6. David Hatcher Childress, Lost Cities & Ancient Mysteries of South America, Stelle, IL: Adventures Unlimited Press, 1986, p. 63-7, 72, 172-5; David Hatcher Childress, Lost Cities of North & Central America, Stelle, IL: Adventures Unlimited Press, 1992, p. 83-4, 200-1, 213-4, 256-7, 302-3, 316-20, 390-1.

7. H.P. Blavatsky, Isis Develada (1877), Pasadena, CA: Theosophical University Press, 1972, 1:547, 595-8; H.P. Blavatsky, "A Land of Mystery", The Theosophist, marzo 1880.

8. H.P. Blavatsky, "A Paradoxical World", Lucifer, febrero 1889, p. 441-449; Isis Develada, 1:553.

9. Bruce A. Walton, A Guide to the Inner Earth, Mokelumne Hill, CA: Health Research, 1985, p. 15, 41, 43, 48, 53, 67, 69, 80.

10. William Michael Mott, Caverns, Cauldrons, and Concealed Creatures: A study of subterranean mysteries in history, folklore, and myth, 2000, p. 6 (hiddenmysteries.com).

11. Isis Develada, 1:553.
12. Frank Waters, Book of the Hopi, New York: Penguin, 1977, p. 129.
13. Ibídem, p. 24.
14. A Guide to the Inner Earth, p. 15, 34, 42, 76.
15. Walter Kafton-Minkel, Subterranean Worlds: 100,000 years of dragons, dwarfs, the dead, lost races & UFOs from inside the earth, Port Townsend, WA: Loompanics Unlimited, 1989, p. 41; Richard L. Thompson, Mysteries of the Sacred Universe: The cosmology of the Bhagavata Purana, Alachua, FL: Govardhan Hill Publishing, 2000, p. 178-80, 295-6.

16. Caverns, Cauldrons, and Concealed Creatures, p. 2.
17. D.S. Allan y J.B. Delair, When the Earth Nearly Died: Compelling evidence of a world cataclysm 11,500 years ago, Bath: Gateway Books, 1995, p. 330, 332.

18. E.A. Wallis Budge, From Fetish to God in Ancient Egypt, New York: Dover, 1988, p. 271-2.

19. William F. Warren, Paradise Found: The cradle of the human race at the north pole (1885), Mokelumne Hill, CA: Health Research, 1964, p. 484.

20. Alan Alford, The Phoenix Solution: Secrets of a lost civilisation, London: Hodder and Stoughton, 1999, p. 294.

21. Robert Bauval y Adrian Gilbert, The Orion Mystery, London: Heinemann, 1994, p. 198.

22. Zecharia Sitchin, The Stairway to Heaven, New York: Avon Books, 1980, p. 49; John Anthony West, The Traveler’s Key to Ancient Egypt, Wheaton, IL: Quest, 1995, p. 304-5.

23. La Doctrina Secreta, 2:588 nota al pie; H.P. Blavatsky, The Theosophical Glossary (1892), Los Angeles, CA: Theosophy Company, 1973, p. 13.

24. Paul Dunbavin, The Atlantis Researches, Nottingham: Third Millennium Publishing, 1992, p. 189.

25. Caverns, Cauldrons, and Concealed Creatures, p. 71.
26. Píndaro, fragmento 102, traducción por G.E. Mylonas, Eleusis and the Eleusinian Mysteries, Princeton: Princeton University Press, 1961, p. 285.

27. Paradise Found, p. 213.
28. Platón, La República, Harmondsworth, Middlesex: Penguin Books, 2da ed., 1978, p. 195.

29. Paradise Found, p. 237-8.
30. Platón, Fedón, en: The Last Days of Socrates, Harmondsworth, Middlesex: Penguin Books, 1979, p. 175.

31. Platón, Protágoras, traducción por Benjamin Jowett, classics.mit.edu.
32. Caverns, Cauldrons, and Concealed Creatures, p. 64-5.
33. A Guide to the Inner Earth, p. 31, 76.
34. Fridtjof Nansen, Farthest North, London: George Newnes Ltd., 1898, vol. 1, p. 3.
35. Caverns, Cauldrons, and Concealed Creatures, p. 65-7.
36. The Stairway to Heaven, p. 136-8; W.T.S. Thackara, "The epic of Gilgamesh: a spiritual biography", parte 3, Sunrise, febrero/marzo 2000, p. 86-94.

37. Paradise Found, p. 163-6.
38. The Book of Enoch the Prophet (1883), San Diego, CA: Wizards Bookshelf, 1983.

39. La Doctrina Secreta, 2:400 nota al pie.
40. Francis Mazière, Mysteries of Easter Island, London: Collins, 1969, p. 85-7.
41. H.P. Blavatsky, La Doctrina Secreta, Theosophical Publishing House, 1979, 2:398-9, 396-7, 617-8.