En los últimos años, las redes sociales han visto proliferar a pseudocreadores diabólicos, que combinan divulgación psicológica -a veces con títulos profesionales y otras como simples aficionados o "coaches"- con agendas políticas explícitas o encubiertas. Este fenómeno se apoya en lo que varios analistas llaman therapy-speak (apropiación de términos clínicos en el lenguaje cotidiano) para dar un barniz de "rigor científico", "empatía" y "autoridad moral" a posturas netamente ideológicas.
El siguiente desglose muestra cómo opera este mecanismo, las técnicas que utiliza y las ideas que suele repetir cada bando. Si estás cansado (a) de ver siempre los mismos discursos en redes sociales o páginas electrónicas, este resumen te será útil para distinguir y despreciar a dichos puteros que convierten en dinero y fama egoísta tu dolor, ira y desconfianza legítimos, siempre que no participes de modo directo o indirecto en sus guarradas.
01. Técnicas de manipulación mental y emocional
Independiente de la orientación política, las estrategias psicológicas que utilizan estos malparidos suelen ser idénticas en su estructura funcional.
-Patologización de discrepancias (Ad hominem clínico): En vez de refutar un argumento político, económico o social, se diagnostica al adversario. Quien opina diferente no está sólo "cometiendo un error", sino está "traumado", es "narcisista", padece "fragilidad emocional", es "psicópata sin empatía" o sufre "disonancia cognitiva", todo lo cual suprime el debate intelectual y coloca al influenciador en una posición de "superioridad diagnóstica".
-Secuestro y redirección de vulnerabilidades: Las audiencias recurren a estos contenidos en momentos de soledad, ansiedad, desencanto económico o desorientación existencial. Un influenciador dupolista valida primero ese dolor para generar apego ("entiendo por qué te sientes solo/incomprendido"), para luego atribuir la causa exclusiva de ese sufrimiento a un enemigo ideológico externo.
-Armamento del therapy-speak: Los términos clínicos con definiciones precisas (trauma, gaslighting, neurodivergencia, disociación, límites, etc.) se distorsionan y amplían hasta abarcar cualquier incomodidad cotidiana, fricción social o desacuerdo de posturas.
-Aislamiento social encubierto (falsa autonomía): Incentivan cortar relaciones de forma tajante ("contacto cero") con amigos, parejas o familiares bajo el argumento de que son "tóxicos", cuando en la práctica muchas veces sólo tienen diferencias ideológicas o estilos de vida dispares. Esto debilita la red de apoyo real del seguidor y lo vuelve más dependiente de la comunidad digital del influenciador.
-El complejo de "gurús iluminados": Se autopresentan no como clínicos falibles, sino a guisa de figuras que "se atreven a decir la verdad que el sistema/la corrección política/el patriarcado te ocultan", creando una relación parasocial asimétrica y completamente sectaria en múltiples casos bien conocidos.
02. Influencerdos/psicoloplastas de izquierdas
En este sector, la psicología suele hibridarse con sociología crítica, posmodernismo y políticas de identidad. El objetivo es describir el malestar individual como consecuencia inevitable de "sistemas estructurales opresivos".
Ideas y conceptos repetidos:
-Trauma sistémico/político: Todo malestar psíquico (ansiedad, depresión o fatiga) es visto primordialmente como síntoma de capitalismo tardío, racismo estructural o patriarcado. Se minimizan o descartan factores biológicos, hábitos de vida o responsabilidades individuales.
-Validación emocional irrestricta: La premisa de que "todas las emociones son válidas e intocables" lleva a la apreciación subjetiva de haber sido "ofendido" o "dañado", cual prueba irrefutable de que existió agresión objetiva (microagresión).
-"Límites radicales" y actitud defensiva: Se promueve un autocuidado que roza el aislamiento o la evasión del compromiso social. Decir "no tengo la capacidad emocional para escuchar tus problemas" se disfraza de "madurez terapéutica", erosionando la reciprocidad básica en relaciones humanas (ej., desconfianza de mujeres violentadas hacia hombres).
-Patologización de resiliencia y esfuerzo: Proponer el esfuerzo personal, la disciplina o autosuperación es calificado de "tóxico", "capacitista" o "interiorización de la explotación capitalista".
Mecanismo de manipulación principal: Indefensión aprendida, esto es, que al convencer a la audiencia de que su salud mental está secuestrada por macroestructuras que escapan por completo a su control, se genera frustración y dependencia de colectivos de validación, desactivando la capacidad de agencia y autoeficacia del individuo.
03. Influencerdos/psicoloplastas de derechas
En este espectro, la psicología suele combinarse con lecturas selectivas del estoicismo, psicología evolucionista, autoayuda de corte empresarial y roles de género tradicionales (a menudo vinculados a la "manosfera" o corrientes ultraconservadoras).
Ideas y conceptos repetidos:
-Hiperresponsabilidad individual y meritocracia psicológica: El entorno social, económico o familiar no importa en absoluto; si fracasas, estás deprimido o no tienes pareja, es pura y exclusivamente porque "eres débil", "no trabajas lo suficiente" o "te falta mentalidad ganadora".
-Patologización de la empatía ("altruismo patológico"): Se etiqueta a la compasión, sensibilidad social o preocupación por minorías cuales "debilidades neuróticas", postureos éticos/arrogancia moral o incapacidad de afrontar la cruda realidad del mundo.
-Determinismo biológico y roles arquetípicos: Uso de conceptos biológicos simplificados (niveles de testosterona, jerarquías de dominancia animales) para justificar normas sociales rígidas. Se repiten ideas sobre la "feminización de la sociedad", pérdida de "masculinidad fuerte" o el colapso de la familia tradicional como raíz de "locuras modernas".
-"Psicosis colectiva" e "infantilización": Diagnostican a los movimientos progresistas y las generaciones jóvenes con etiquetas peyorativas de "retraso madurativo", "histeria colectiva" (mind virus) o ausencia de figuras paternas autoritarias.
Mecanismo de manipulación principal: Inculcación de culpa, vergüenza y resentimiento. Se explota la inseguridad (particularmente entre hombres jóvenes frustrados económica o afectivamente), prometiendo una salida a través del endurecimiento emocional y rechazo a la vulnerabilidad, mientras se canaliza su ira hacia colectivos progresistas/feministas o el Estado.
04. Otras proclividades en psicolosectas duopolistas
A. El solipsismo y la "Ley Espejo" de psicolosoretes derechistas
El fenómeno es una mezcla de neoliberalismo ideológico, autoayuda empresarial y bypassing espiritual (moralinas comodonas importadas de la corriente New Age y el estoicismo desfigurado).
"No hay certezas ni convicciones; tenerlas te vuelve conflictivo"
Aquí, se disfraza el conformismo o la pasividad crítica de "madurez emocional". Si tienes convicciones firmes (éticas, laborales, comunitarias) y chocas con tu entorno (por ejemplo, jefes abusivos o dinámicas familiares disfuncionales), el discurso señala que el roce no emerge de injusticias verídicas, sino de tu "inflexibilidad mental".
Esto constituye una forma sutil de gaslighting epistémico, es decir, te convencen de que defender límites o señalar abusos externos es un síntoma de "inmadurez neurótica". De ese modo, la sumisión y resignación ante las jerarquías existentes son reetiquetadas como "paz interior" y "sabiduría pragmática".
"El problema está en tu mente/El mundo es un espejo"
Con ese patrón, aparece una hipertrofia del locus de control interno. La psicología seria reconoce que una persona tiene margen de acción sobre cómo interpreta y responde a la realidad. Sin embargo, este discurso lleva el principio al absurdo solipsista: la realidad material no existe, sino sólo tu percepción.
El efecto inmediato es culpabilizador, porque si sufres precariedad económica, soledad o maltrato, según esta "lógica" la causa reside enteramente en que "estás proyectando tus carencias" o "vibras desde la escasez". Si todo es un "espejo de tu psique", desaparecen hechos concretos como la explotación laboral, la falta de redes de apoyo o crisis socioeconómicas ex profeso. Queda neutralizada cualquier posibilidad de reclamo colectivo o indignación legítima, y así el paciente se estanca en un bucle obsesivo de autoanálisis, intentando "sanar su mente" para resolver obstáculos materiales y relacionales.
B. Determinismo ambiental y fiscalización del trauma en psicolosoretes izquierdistas
En el extremo opuesto, encontramos una aplicación rígida del construccionismo social y ciertas corrientes identitarias, que despojan al individuo de su agencia y someten su proceso de recuperación a la ortodoxia militante.
"El entorno define en gran medida/por completo si eres buena o mala persona"
Este mecanismo lleva la premisa sociológica ("el contexto influye en la conducta") hacia un determinismo radical de "tabla rasa", asumiendo que el individuo carece de temperamento, biología o libre albedrío moral, siendo únicamente un "producto moldeado" por su clase, género y crianza. La trampa psicológica se divide en dos variantes:
a) Disolver la responsabilidad individual: Si el entorno determina todo, los actos dañinos cometidos por ciertos grupos se justifican como "respuestas inevitables al trauma sistémico".
b) Indefensión y fatalismo: Si creciste en un entorno adverso o perteneces a un colectivo marginado, este marco teórico te condena conceptualmente a seguir "roto/a" de por vida, a menos que adoptes la liturgia deconstruccionista aprobada, negando la resiliencia innata y la capacidad de sobreponerse a ambientes hostiles.
"No hay ningún aprendizaje moral con agresores/daños similares"
En este caso vemos un secuestro del crecimiento postraumático (Post-Traumatic Growth), o capacidad de una persona de encontrar nuevos recursos internos, resiliencia y madurez a raíz de haber sobrevivido a una experiencia dolorosa o abusiva. La distorsión ideológica es confundir peligrosamente justificar al agresor con reconocer la fortaleza propia adquirida a través de la adversidad. Un terapeuta riguroso diría: "El abuso fue injustificable, la culpa es del agresor, pero celebro los recursos, la astucia y fuerza que tú desarrollaste para sobrevivir y salir de ahí", pero el discurso dogmático impone: "Si sientes que aprendiste algo o 'esto te hizo más fuerte', estás perdonando al agresor y sufriendo de alienación patriarcal".
De esta suerte, se arrebata a la víctima su soberanía narrativa. Ya no sólo fue violentada por agresores, sino que ahora su propia mente y sus mecanismos de integración del dolor son vigilados y juzgados moralmente por el "tribunal ideológico". Si no procesa el dolor bajo el canon estricto de la "víctima perpetuamente herida e indignada", se la acusa de "complicidad con su opresor".
05. La "gran revelación" de los anarcofeladores celestiales
Al desplazarnos hacia los extremos del anarcocapitalismo (ancap) y anarcocomunismo (ancom), las peroratas "psicológicas" de redes sociales se radicalizan y vuelven totalizantes.
En estas corrientes, el Estado y las instituciones no se consideran sólo ineficientes o injustos, sino se patologizan como fuentes primordiales de toda neurosis, trauma y enfermedad mental. Ambos polos utilizan el therapy-speak ya mencionado para justificar una demolición sistémica, pero proyectan fantasías psicológicas completamente opuestas.
A. El discurso anarcofachito
El anarcocapitalismo en redes (muy influenciado por la escuela austríaca popularizada, el libertarismo radical y figuras de la "manosfera" o el mundo cripto) lleva la hiperresponsabilidad individual al terreno de la supervivencia darwinista y la psicología de soberanismo absoluto.
El Estado como "maltratador narcisista" y el Síndrome de Estocolmo
La analogía clínica utiliza recurrentemente la figura del maltrato intrafamiliar. El Estado no es un ente político, sino un "padre abusivo", "parásito" o "psicópata narcisista" que roba tus recursos (impuestos), haciéndote creer que "te cuida". Quien defiende la salud pública, los impuestos o la regulación social es diagnosticado con Síndrome de Estocolmo o "amar a su captor", padecer "indefensión infantil" o tener un "trauma de castración" que le impide valerse por sí mismo.
Patologización de la envidia y empatía colectiva
La psicología del resentimiento sigue lecturas simplificadas de Nietzsche o Ayn Rand, arguyendo que cualquier demanda de justicia social es en realidad "patología emocional encubierta". Alguien que pida redistribución no sufre por la desigualdad, sino porque padece un "complejo de inferioridad" ante el éxito ajeno. Bajo este prejuicio, la persona "saludable" es descrita a fuer de un ente "100% racional", "hiperproductivo", "emocionalmente blindado" y "autosuficiente". Toda muestra de fragilidad o necesidad de interdependencia comunitaria es tratada como "fallo de carácter" o "pereza moral".
El halago del "despierto" vs. el "borrego domesticado"
Estos influenciadores apelan intensamente a la validación narcisista del seguidor (a menudo hombres jóvenes descontentos). Venden la idea de que su soledad o fracaso no se origina en problemas de habilidades sociales o precariedad estructural, y les llaman "leones rodeados de ovejas castradas". La psicoterapia en este marco se convierte en un entrenamiento para cortar con toda empatía hacia quienes no adopten la mentalidad de mercado absoluto.
B. El discurso anarcozurdito
Tiene raíces en la antipsiquiatría radical, la sociología del conflicto, el abolicionismo penal y la politización extrema de la neurodivergencia. Aquí, el dolor individual se interpreta como "prueba irrefutable" de la violencia del capital y la jerarquía.
La jerarquía como generadora automática de trauma
Toda estructura vertical (Estado, empresas, familia tradicional, religiones/misticismo, relación asimétrica médico-paciente) es "ontológicamente violenta" y genera trauma complejo. Se afirma que trastornos como depresión, ansiedad o TDAH no son condiciones biológicas o psicológicas que tratar clínicamente, sino "respuestas sanas y rebeldes frente a un mundo enfermo". Bajo este prisma, intentar adaptarse funcionalmente al entorno laboral o académico es visto a modo de "sumisión al orden burgués".
La apropiación del "cuidado colectivo" y fiscalización del daño
Hay desconfianza contra la psicología profesional por considerarla "represora" o "punitivista". En su lugar, se proponen asambleas de "escucha mutua", "justicia transformativa" o "procesos comunitarios de sanación". Respecto a los ambientes digitales, semejantes espacios suelen caer en una fiscalización extrema del malestar: los roces interpersonales o desacuerdos ideológicos se tachan de "agresivos", "vulneraciones del espacio seguro" o "muestra de microfascismo interiorizado".
También promueve "rendición de cuentas" comunitaria, que con frecuencia termina en linchamientos digitales o cancelaciones disfrazadas como "proceso de reparación terapéutica", donde los aludidos deben someterse a confesiones públicas de culpa para no ser expulsados del colectivo.
Comunión utópica y paranoia moral
Apelan a personas profundamente alienadas, solas o traumatizadas por la rigidez del sistema actual, ofreciéndoles promesas de grupos con "aceptación incondicional". La trampa surge cuando el coste de pertenecer a esa comunidad exige una hipervigilancia constante de palabras, pensamientos y relaciones personales para no reproducir ninguna "lógica opresora", induciendo estados crónicos de ansiedad y paranoia moral.
06. Señales de alerta para identificar a estos triple malditos
Los profesionales éticos de salud mental (hoy especies en riesgo de extinción) buscan fomentar autonomía, pensamiento crítico y capacidad de introspección, reconociendo la complejidad de la experiencia humana sin encasillarles en dogmas.
Es motivo de desconfianza cuando un (a) influencerdo (a):
-Emite diagnósticos psiquiátricos a personas que no conoce (políticos, colectivos, figuras públicas).
-Asegura que suscribir ciertas leyes, partidos o posturas morales es requisito indispensable para "estar sano".
-Reduce problemas multifactoriales (depresión, ruptura social, etc.) a una sóla causa política o biológica simplista.
-Estimula el desprecio o la deshumanización del grupo antílogo, bajo la excusa de "higiene mental".
-Vende cursos, libros o mentorías prometiendo "curarte/reiniciarte" o "despertarte" del engaño ideológico que los demás supuestamente padecen.
La psicoterapia rigurosa, entonces, se sitúa en una posición equidistante y dialéctica. Frente al solipsismo de derecha, reconoce que el dolor del paciente muchas veces proviene de injusticias reales, violencia, precariedad o entornos genuinamente tóxicos que no son "espejo de su psique", sino realidades externas que requieren límites firmes, confrontación, indignación sana o cambio de ambiente. Sobre el dogmatismo de izquierda, admite que sin importar cuán hostil o injusto haya sido el entorno, el paciente conserva una esfera irreductible de responsabilidad y agencia personal; y sobre todo, defiende que la persona tiene el derecho inviolable de dar el significado que desee a su propia biografía (incluido el aprendizaje tras el dolor), sin tener que rendir cuentas a ninguna ortodoxia política.
¿Te suena todo esto cuando encuentras bombardeos zurdifachos en Instagram, Tik Tok o Facebook? ¿Tienes ahora alguna idea de cuánto ganan económicamente dichas sanguijuelas a costa de envenenarte diariamente? ¿Te puedes preguntar ahora cómo es que se mantienen "incólumes" a pesar de su circo de contradicciones?
Francamente, te pasarías de imbécil si continúas creyendo en su infalibilidad. Bueno, como dice un chiste explícito, "te dejo cortar el hilo de saliva para que tragues bien lo que botaste".
Aquila in Terris
