18 de febrero de 2022

Los efectos invisibles de la pena capital


La pena de muerte, definida como el asesinato legal de una persona como castigo por un delito específico, tiene numerosos efectos invisibles e insospechados de acuerdo con la filosofía esotérica conocida como Teosofía, y estas consecuencias son muy graves y de gran alcance.

Afortunadamente, desde que las enseñanzas teosóficas fueron dadas al mundo bajo la influencia oculta y astrológica de una Nueva Era (Ciclo de Acuario), la pena de muerte ha disminuido considerablemente en todo el mundo, pero a fines del siglo XIX y mientras vivían H.P. Blavatsky y William Q. Judge su práctica era mucho más generalizada.

En Reino Unido no ha habido ejecuciones desde 1964 y ahora la pena de muerte se halla suprimida. Para 2018 se ha abolido en toda Europa, con excepción de Bielorrusia y la nación euroasiática de Kazajistán. Actualmente el 95% de todos los asesinatos legales conocidos tienen lugar en seis países del mundo: Estados Unidos, China, Pakistán, Irán, Irak y Arabia Saudita. Y quizás no sea coincidencia que cinco de ellos estén bajo una fuerte influencia de religiones abrahámicas.

Veamos ahora lo que tiene que decir la Teosofía sobre este tema.
En un número de su revista "Lucifer" (junio de 1890), H.P. Blavatsky escribió lo siguiente bajo el título "Capital Punishment":

"Estamos (…) opuestos a la pena capital (…) En primer lugar, sólo el 'presidente' de la comisión debe decidir si el acusado incurrió en un asesinato, y esto es todo lo que la lllamada 'ley' exige de él. Sin embargo y como prácticamente el jurado tiene un 'corazón' -o debiera tenerlo-, la ley descuida un factor importante en el problema, ya que si los jueces castigan el asesinato con la muerte y al decidir por un veredicto de culpabilidad, necesariamente se convierte en el accesorio de un nuevo asesinato. Pero el 'corazón' de la gente está comenzando a protestar contra este código de 'ojo por ojo' y se niega a hacer mal por mal. La pena capital no es más que una reliquia de la barbarie judía, y por ello opinamos que este sentimiento debe fomentarse con protestas abiertas en todas las ocasiones y con la negativa a participar en este tipo de procedimientos semihumanos. El verdadero médico cura la enfermedad y no mata a su paciente, aunque tememos que los asesinos-médicos estén en la mayoría por el momento, por cuanto sólo podemos protestar".

William Q. Judge también escribió acerca de lo que sucede realmente en niveles invisibles cuando se aplica la pena de muerte. En el libro "Forum Answers" encontramos esto:

El asesinato legal o ejecución de criminales (…) es un peligro inmenso, una de las maldiciones invisibles y poderosas de los tiempos. En efecto, la muerte de un criminal ejecutado es la misma que la de alguien que muere accidentalmente, sólo que se hace en forma deliberada y en la mayoría de los casos se agregan elementos de odio, venganza y enojo en el delincuente. Su personalidad rabiosa y feroz -compuesta del cuerpo astral y Kama- es empujada repentinamente fuera de la existencia; sus principios superiores esperan en el Kama Loka superior en un estado letárgico o torpe [es decir, se reunirá con los componentes superiores y más verdaderamente espirituales de su ser sólo en las etapas y procesos posteriores a la muerte], pero su vida personal revolotea sobre las moradas humanas tratando de vengarse o hacer otros males, y cada día inyecta toda su masa de pensamientos viles e implacables en las naturalezas humanas sensibles que encuentran. Así crea imagen tras imagen de asesinato y odio. Los médiums no son los únicos afectados por estos personajes astrales; de hecho, a menudo están asociados muy cercanamente con otros tipos de cascarones [astrales] y la personalidad del criminal tiene atractivos definidos hacia otras personas. ¿Es de extrañar, entonces, que el teósofo debiera deplorar la costumbre de ejecutar criminales, y quien ha desarrollado nuestras doctrinas de la naturaleza humana para llegar a sus propias conclusiones? Sabe que una ejecución legal casi siempre conduce a muchos asesinatos repentinos o suicidios, y como las personalidades astrales de los suicidas y criminales ejecutados están más en contacto con nosotros que cualquier otro tipo de espías, se desprende que también es más probable que sean los primeros en llegar a cualquier sesión espiritista. Todos aquéllos que respeten las sugerencias de H.P.B. estarán interesados en saber que lo anterior fue su propia opinión, que a menudo me fue entregada y certificada como razonable por los Adeptos que pueden ver lo que sucede tras bambalinas” (p. 48-49).

Más tarde, en las páginas 113-114 leemos: “la pena capital es inútil y perjudicial. Es una injusticia tan grande para el mundo de los seres no ejecutados como para el tan violentamente imposibilitado de vivir. Se solía matar a personas en Inglaterra por robar un clavo de diez peniques o una barra de pan, pero los robos y sus perpetradores no disminuyeron, como tampoco se han reducido los asesinatos. En los distritos campesinos del país, las ejecuciones son medios para brutalizar a la gente, que hace de la ocasión una reunión de gala para ver a alguien siendo asesinado por ley, pero teosóficamente es mucho peor. El hecho de que el asesinato repentino sea legal no tiene ninguna diferencia con las leyes de la naturaleza. El hombre queda repentinamente aislado de su cuerpo y, al igual que un suicidio, está condenado a ser un 'fantasma'; está muerto en lo que concierne al cuerpo, pero sigue vivo astralmente. Peor que un suicida, está lleno de odio y venganza que siente debe descargar sobre alguien. Al principio no puede hacer mucho, pero pronto descubre que hay personas sensibles en la Tierra que pueden llenarse con sus pasiones viciosas y furiosas. Estas pobres almas son influenciadas para cometer crímenes; al estar llenos mentalmente con las ideas y las pasiones del criminal -desde los planos internos- al fin se sienten motivados a plasmar las ideas que llenan sus mentes. El criminal ejecutado no tiene que saber lo que está sucediendo ya que sus pasiones furiosas, que no han sido tocadas por el verdugo, excitan e influencian a quienes son sensibles a ellas, y es por esto que muchos delitos son cometidos de improviso por personas débiles que parecen ser arrastradas por una fuerza externa. Parece difícil que alguien pueda creer en doctrinas teosóficas y ocultas y al mismo tiempo alabar la pena capital".

En 1895 Judge escribió un artículo completo sobre este tema, titulado "Theosophy and Capital Punishment", que dice en parte:

“Una serie de males fluyen desde la ignorancia de la verdad sobre la verdadera naturaleza y las facultades humanas, así como su acción y condición tras la muerte corporal. El efecto de tal falta de conocimiento es mucho más amplio que las preocupaciones de una o varias personas. El gobierno y la administración de justicia humana bajo las leyes humanas mejorarán proporcionalmente a medida que exista mayor cantidad de información sobre este tema tan importante. Cuando dicho conocimiento se haya convertido en propiedad de la gente, junto con una creencia amplia y profunda con respecto al lado oculto de la naturaleza y del hombre, entonces podemos esperar un gran cambio en el asunto de la pena capital.

El asesinato de un ser humano por la autoridad estatal es moralmente incorrecto y también un daño para todas las personas; ningún criminal debe ser ejecutado sin importar el delito”.

" (…) para los teósofos el término violento tal como se aplica a la muerte, debe significar más que en el caso de aquéllos cuyos puntos de vista no son teosóficos. Para los últimos, una muerte violenta se distingue de una natural y fácil únicamente por la violencia utilizada contra la víctima, pero para nosotros tal muerte es la separación violenta del hombre de su cuerpo y es un asunto de interés serio para todo el Estado. De hecho, crea una paradoja porque tales personas no están muertas y permanecen con nosotros como criminales invisibles capaces de dañar a los vivos y perjudicar a toda la sociedad.

¿Qué ocurre entonces? Todo lo que ve el espectador es que se logra el corte repentino; pero ¿qué pasa con la realidad? Una muerte natural es como la caída de una hoja al aproximarse el invierno: el tiempo está completamente maduro y todos los poderes de la hoja se han separado; como éstos ya no actúan, su vástago no tiene más que un ligero agarre en la rama y se lo lleva la menor brisa. Así también sucede con nosotros: comenzamos a separar nuestros diferentes poderes y partes internos uno tras otro al llegar su término completo, y cuando llega el temblor final los diversos componentes internos del hombre se alejan entre sí y dejan que el alma se libere. Pero el criminal no ha llegado al fin natural de su vida y su cuerpo astral no está listo para separarse del físico ni puede desprenderse la energía vital nerviosa [Prana]. Todo el hombre interior está muy unido, y él es la realidad. He dicho que estas partes no están preparadas para separarse y en efecto no pueden escindirse porque están unidas por la ley y una fuerza sobre la cual sólo tiene control la gran Naturaleza.

Cuando el mero cuerpo físico es tratado de forma tal que se efectúa una repentina y prematura separación del hombre real, el individuo queda simplemente aturdido por un tiempo y después de lo cual se despierta en la atmósfera de la Tierra [la atmósfera psíquica que rodea e interpenetra nuestro planeta; también conocido como “plano astral” o “luz astral” y más específicamente “Kama Loka” cuando se habla de estados posteriores a la muerte], un ser vivo totalmente sensible, excepto para el cuerpo. Él ve a la gente, ve y siente otra vez que la ley lo persigue. Sus pasiones están vivas y se ha convertido en un fuego furioso, una masa de odio, la víctima de sus compañeros y de su propio crimen. Pocos de nosotros somos capaces, incluso en circunstancias favorables, de admitir que nos equivocamos completamente y decir que el castigo que nos inflige el hombre es correcto y justo, y que el criminal sólo tiene odio y deseo de venganza.

Si ahora recordamos que su estado de ánimo empeoró con el juicio y la ejecución, podemos ver que se ha convertido en una amenaza para los vivos. Incluso si no fuera tan malo y lleno de venganza como se dice, él mismo es depositario de sus propias acciones porque lleva consigo al reino astral que nos rodea las imágenes de sus crímenes, y por así decirlo éstas son criaturas vivientes. En cualquier caso este individuo es peligroso. Flotando en el mismo reino en que operan nuestros sentidos y mente, siempre estará en contacto con la mente y los sentidos de la vida. Más personas de las que sospechamos son nerviosas y sensibles. Si éstos últimos son tocados por este criminal invisible, les inyecta de inmediato las imágenes de su crimen y castigo, las vibraciones de su odio, maldad y venganza. Lo semejante crea lo semejante, y así estas vibraciones generan su parangón. Muchas personas han sido impulsadas por alguna fuerza desconocida para cometer un crimen, y esa fuerza provino de un habitante de nuestra esfera (...)”. 

“El teósofo (…) se opondrá a la pena capital al considerarla injusta para los vivos, un peligro para el Estado y que no permite ninguna posibilidad para cualquier reforma del criminal" (hoy el artículo completo es publicado por Theosophy Company, en nombre de la Logia Unida de Teósofos, en "William Q. Judge Theosophical Articles", vol. 2, p. 362-365 y “W.Q.J. Pamphlet n° 23, Theosophical Study and Practice"). 

Para quienes ya tienen una inclinación metafísica, estos detalles no sonarán especialmente irrazonables o inverosímiles, pero para aquéllos que puedan seguir un tanto escépticos, dejemos que se consideren los siguientes hechos, que para los teósofos son evidencia sobre la realidad de estas enseñanzas: 

*En las regiones de EE.UU. que no ejercen pena de muerte, la tasa de asesinatos es consistentemente más baja que en aquellos estados que sí la imponen.

*Los Estados Unidos se dividen en cuatro regiones principales: Norte, Sur, Este y Oeste, y es en el sector sureño donde tiene lugar más del 80% de las ejecuciones del país; aún así, es esta división la que todavía tiene la mayor tasa de homicidios entre las cuatro regiones.

*Se ha demostrado estadísticamente que el índice de asesinatos en EE.UU. es al menos cinco veces mayor que en cualquier país de Europa occidental, ninguno de los cuales tiene pena capital.

Al enterarnos de crímenes horribles que se han cometido, a veces podemos pensar o incluso decir que “ojalá la pena de muerte todavía existiera en Reino Unido” u otro país, por lo que a alguien que actúa para destruir vida y perpetra delitos indecibles contra otros se le obligue a lamentar lo que hizo y se le haga sufrir de la misma manera -o peor- con que ha causado sufrimiento a otros. No es anormal sentirse así y para alguien que no entiende sobre la reencarnación y la Ley del Karma es casi la forma natural de reaccionar.

Sin embargo, conocer y comprender el funcionamiento de esos principios lleva a la persona a percatarse que siempre se hará la mayor justicia y de la manera más perfectamente organizada, pero no por mano humana ni por ningún "dios" o "diablo", ni ángel ni demonio, sino más bien a través de la ley de causa y efecto impersonal, acción-reacción o secuencia-consecuencia que actúa automáticamente y está incorporada en la urdimbre misma del Universo. Nadie puede negar o descartar su funcionamiento en el nivel material del ser puramente físico, y la Teosofía simplemente extiende sus operaciones a niveles más sutiles e invisibles, más allá del alcance de los sentidos perceptivos físicos. Esta Ley, conocida en el idioma sánscrito como Karma, es el medio por el cual el Universo mantiene perpetuamente su armonía y equilibrio.

Para cada causa puesta en marcha -y todos estamos generamos causas a cada momento, no sólo físicamente sino también con nuestras palabras, pensamientos e incluso sentimientos- habrá un efecto correlativo o correspondiente que regresa al creador de causas -su punto de origen- y por lo tanto iguala los aspectos.

A veces las circunstancias más perfectas para la manifestación completa o realización del efecto no se producirán hasta muchas décadas en el futuro o incluso una vida posterior, por lo que está implicada una gran cantidad de factores y no son fácilmente predecibles por la mente racional. Por esta razón, no siempre se aplican necesariamente las declaraciones generales como "a todos los que decapitan a alguien se les cortará la cabeza". Todo lo que podemos decir es que de acuerdo con la Ley Kármica el ajuste perfecto siempre se llevará a cabo y en el momento adecuado.

Nuestras enseñanzas teosóficas declaran que:

“En el 'Gran viaje' las causas que se siembran cada hora conllevan a cada cosecha de efectos, pues una justicia rígida gobierna el mundo. Con un poderoso rango de acción de acción que nunca yerra, aporta a los mortales vidas de felicidad o desgracia, la progenie kármica de todos nuestros pensamientos y acciones anteriores" ("La Voz del Silencio", p. 34, edición original de 1889 y traducida por H.P. Blavatsky del “Libro de los Preceptos Dorados”).

Ciertamente no pareciera que "una justicia rígida gobierna el mundo", pero es un hecho conocido para aquéllos cuya mirada puede avizorar más allá de la materialidad y percibir el karma y la reencarnación actuando por todas partes. Es interesante notar que tanto escrituras judías como cristianas apoyan en gran medida los puntos que planteamos aquí.

En Deuteronomio 32:35 "Dios" se presenta diciendo: "La venganza  y la recompensa son mías; sus pies se deslizarán en la debida hora porque el día de su calamidad está a la mano, y las cosas vendrán precipitadamente sobre ellos".

El apóstol Pablo -si es que realmente fue autor de la Epístola a los Romanos- escribe en el Nuevo Testamento: “No paguen mal por mal. Tengan consideración con las cosas buenas a la vista de todos los hombres. Si es posible, tanto como dependa de ustedes, vivan pacíficamente con todos los hombres. Hermanos, no se venguen, sino más bien den lugar a la ira [permitir que actúe la "ira de Dios", en la interpretación cristiana general] porque está escrito: 'la venganza es mía y Yo pagaré', dice el Señor" (Romanos 12: 17-19).

Ahora bien, debemos enfatizar que la Ley de Karma no es un Dios ni ningún tipo de ser personal, y en consecuencia no siente emociones ni pensamientos ni hace planes conscientes sobre cómo ajustar la causa al efecto. O como Helena Blavatsky explica mucho mejor:

"La ley del karma (…) no es ni inteligencia ni una no-inteligencia (…) No actúa. Son nuestras acciones las que obran y despiertan todo tipo de influencias. Si usted dice aquí que el Karma actúa y tiene inteligencia, inmediatamente sugiere la idea de un dios personal. Y no es así, porque el Karma no ve ni mira, y tampoco se arrepiente como 'el Señor Dios' lo hizo. El karma es una ley universal e inmutable (…) El karma no actúa más como cuando el agua a usted lo ahoga (…) El agua no lo mata, pues usted mismo se asfixia en ella. No se meta al agua y no morirá (…) Es simplemente que, si hace una determinada cosa, el efecto se producirá en una línea similar. Por ejemplo, toque una nota y sabrá perfectamente cuál será la consecuencia de esa nota (…) Es perfecta armonía y equilibrio” (“The Secret Doctrine Dialogues”, p. 576-578).

Con esto en mente -y descartando la creencia en un "Dios personal" o antropomorfo- la interpretación esotérica de los versículos bíblicos anteriores se vuelve más clara.

No obstante, abstenerse de ejercer una venganza “aparentemente debida” sobre otros no significa que "nadie deba ser encarcelado". Las prisiones y en algunos casos las condenas a cadena perpetua son tristemente necesarias sobre una base continua. Un gran parte del sistema penitenciario está en extrema necesidad de reforma y ello no se analizará en este artículo. Lo que se señala simplemente es que existe una enorme diferencia, tanto física como esotérica, entre encerrar a alguien y matarlo. Judge declara:

“En mi opinión, parece que el asesinato no ha disminuido por causa de la pena capital, ni creo que alguna ley elimine ese delito. Es más, sé que la mayoría de los teósofos considera la pena capital como un mal mayor que aquél contra el cual pretende combatir. Pero como teósofos no tenemos mucho que ver con esa pregunta, ya que se encuentra en el dominio del gobierno. Nuestro deber es enseñar esa ética y filosofía que, por sí sola, remediará el mal al elevar a los hombres por encima de la posibilidad de cometer un delito o ser susceptibles a la ley. Si malgastamos nuestras energías intentando reformas en la superficie, ya sea en ley o política, se nos escapará una gran oportunidad antes que nos demos cuenta” (“Forum Answers”, p. 29-30).

Para repetir una de las citas anteriores: "Un serie de males fluye de la ignorancia sobre la verdad de la verdadera naturaleza y facultades humanas, así como su acción y condición después de la muerte corporal".

Los hechos reales sobre la constitución y poderes humanos y respecto a lo que sucede después de la muerte y entre vidas son algunos de los aspectos principales que enseña la Teosofía. Si lo hace de manera tan satisfactoria es para que cada persona decida por sí misma tras asegurarse que haya asimilado la totalidad de dichos contenidos. 

Quienes deseen hacerlo están invitados a leer artículos como “Para entender correctamente la reencarnación”, “¿Qué pasa con las personas que cometen suicidio?” y “¿Qué ocurre cuando morimos?” Se puede realizar una exploración más extensa a través de libros como "El Océano de la Teosofía" de William Q. Judge y "La Clave de la Teosofía" por H.P. Blavatsky.