31 de octubre de 2023

La reencarnación en los animales


En 1894, William Judge compuso el texto llamado “Reincarnation of Animals”, que se publica hoy en “William Q. Judge Theosophical Articles”, vol. 1, y también "WQJ Pamphlet n° 1, 'Reincarnation'", de lo cual citamos:

“Se ha dicho muy poco acerca de si la teoría reencarnatoria es aplicable o no a los animales, y del mismo modo que a nosotros. Sin duda, si los miembros brahmanes que conocen bien las obras sánscritas sobre el tema publicaran sus puntos de vista, al menos tendríamos gran cantidad de material para pensar, y encontraríamos muchas claves en los supuestos y alegorías hindúes. Inclusive el folclor análogo sugeriría mucho. Bajo todas las 'supersticiones' populares se puede encontrar un gran elemento de verdad escondida, cuando se examina la noción vulgar a la luz de la Sabiduría-Religión (...) Si poseen tales conceptos sobre el destino de los animales, un análisis cuidadoso podría proporcionar sugerencias valiosas.

Si analizamos la inquietud de acuerdo con la Teosofía, vemos que existe una amplia diferencia entre el ser humano y los animales. El primero reencarna en la misma condición porque ha llegado al culmen de la actual escala evolutiva, y no puede regresar [a un nivel inferior] pues Manas está muy desarrollado. Tiene un Devachan [“paraíso” temporal creado por uno mismo luego de la muerte] en cuanto pensador consciente, pero los animales son incapaces de desarrollar dicho principio, y por eso tampoco están autoconscientes en el sentido humano. Además, y por su condición pedánea, el reino animal aún tiene el impulso de elevarse a formas superiores; mas tenemos la declaración inequívoca de los Adeptos a través de H.P.B., de que si bien es posible que los animales asciendan más en su propio reino, en esta evolución no llegarán al estado humano, ya que alcanzamos el punto medio o de inflexión en la Cuarta Ronda (1). Sobre este punto, y en el segundo volumen de la Doctrina Secreta (primera edición, p. 196), una nota a pie de página dice:

'Al llamar 'desalmados' a los animales, no se está privando de un alma a la bestia -desde la especie más humilde hasta la más elevada-, sino sólo de un Ego-Alma consciente y superviviente, es decir, ese principio que persiste tras la muerte humana y reencarna en un individuo semejante. El animal tiene un cuerpo astral que sobrevive a la forma física por un corto período, pero su Mónada (animal) no reencarna en la misma especie, sino en otra superior, y por supuesto no tiene 'Devachan'. Posee las semillas de todos los principios humanos, pero están latentes'.

Aquí se hace la distinción referida anteriormente: se debe al Ego-Alma, o Manas junto con Buddhi y Atma. Puesto que esos componentes son potenciales en el animal y la puerta al reino humano se encuentra cerrada, pueden elevarse a formas con mayor avance, pero no hacia la humana (2). Por supuesto, tampoco significa que 'ningún perro u otro animal jamás encarnen como tales', sino que la mónada es proclive a ascender a otra especie, cualquiera que sea, siempre que haya superado la necesidad de una experiencia más completa como 'perro', 'gato', etc. Este autor supone que sería lógico que la forma astral-animal no durara mucho, como dice Blavatsky, y con ello que los espectros homólogos no fuesen comunes, si bien este es el hecho. He oído hablar de muy pocos casos donde un animal favorito hizo una aparición tras la muerte, pero ni siquiera el prolífico campo del espiritismo ofrece tantos ejemplos similares. Quienes sepan sobre el mundo astral, están enterados de que los humanos asumen allí formas de animales u otras -a las que más se parecen en carácter-, y que ese tipo de manifestación no se limita a los muertos, sino que es más común entre gente viva. Es mediante tales signos que los clarividentes conocen la vida y el pensamiento de la persona que tienen ante ellos, y fue bajo el funcionamiento de esta ley que Swedenborg vio tantos aspectos curiosos en su época”.

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Habiendo visto la primera parte del artículo por Judge, es necesario explicar algunos puntos. Incluso con tentativas de elucidación, parte de las enseñanzas seguramente continuarán sin estar claras si uno no estudia Teosofía, pero la profundidad y riqueza del tema pueden inspirarnos a hacerlo.

Los extractos (1) y (2) se relacionan con un postulado en “La Doctrina Secreta”, donde Blavatsky y los Mahatmas sostienen que en el punto medio de la Raza o Época Raíz que precedió a la nuestra (Atlante), se mantuvo cerrada la “puerta” o posibilidad de ingreso desde los ámbitos inferiores de la Naturaleza al reino o condición humanos, por el resto del ciclo vital de los siete globos de la Cadena Terrestre. En otras palabras, aquellas mónadas o esencias espirituales que evolucionan en el reino animal no podrían volverse humanas hasta dentro de miles de millones de años, cuando se produzca una nueva Cadena Planetaria como “reencarnación” de la actual. Esto se debió a que ese momento cronológico -4ta subraza de la 4ta Raza-Raíz, en el 4to Globo y 4ta Ronda- era la medianía exacta de dicha serie, tras la cual se requirió alcanzar una especie de equilibrio durante el resto de sus Siete Rondas.

“Las Mónadas que aún no habían alcanzado la etapa humana, debido a la evolución de nuestra especie, se verán tan atrasadas que llegarán a nuestro nivel sólo al término de la séptima y última Ronda. Por lo tanto, no serán hombres en esta cadena, sino que formarán la humanidad de un futuro Manvantara y serán recompensados convirtiéndose en 'humanos' durante una cadena superior, recibiendo así su desagravio kármico. A esto sólo hay una excepción, por muy buenas razones, de la cual hablaremos más adelante [aludiendo a los simios, que según la Teosofía descienden del hombre primitivo y no al revés, y están destinados a extinguirse durante esta Quinta Raza, pasando algunos de ellos al reino humano al final de la Sexta; ver “La Doctrina Secreta” 1:184, 2:262-263] (...) No se han encarnado nuevas Mónadas desde el periodo medio de la civilización atlante (...) La última Mónada humana reencarnó antes del inicio de la 5ª Raza-Raíz (...) Aquéllos que aún ocupen formas animales tras el punto de inflexión de la Cuarta Ronda, no se convertirán en hombres durante este Manvantara. Llegarán muy cerca del nivel humano sólo en postrimerías de la Séptima Ronda para ser, a su vez, introducidos en una nueva cadena después del pralaya” (“La Doctrina Secreta”, vol. 1, p. 173, 182, 184-185; vol. 2, p. 302). A primera vista, esto puede parecer "injusto" para los seres “atrapados” en el reino animal durante largos millones de años, pero eso se aborda más adelante en el artículo de W.Q.J.

La cita anterior en color verde por Blavatsky aclara que los animales no poseen un alma individual o Ego divino como en nuestro caso. La potencialidad se encuentra latente en ellos, pero no se manifestará hasta que pasen al reino humano. Con respecto a los Siete Principios, el animal tiene cuerpo físico y astral, vitalidad (Prana), deseos (Kama) y en algunas especies un cierto grado de “mente animal” que podría verse como los rudimentos de Manas inferior. Por ejemplo, en los delfines y otros cetáceos su mente e inteligencia están notablemente desarrollados y parecen muy humanos, pero aún así no disponen de Egos particulares, aunque sin duda “van casi al grano”, como expresara H.P.B. No obstante, el Espíritu SÍ está presente en animales, plantas, minerales y también seres elementales. Toda criatura y todo lo existente conforman el Único Espíritu Divino e Infinito en su esencia más íntima, y esto teosóficamente suele llamarse “Mónada” (“unidad última”), o la conjunción de Atma y Buddhi.

“Los términos 'mónada mineral', 'vegetal' y 'animal' pretenden crear una distinción somera: no existe una Mónada (jiva) que no sea divina, y en consecuencia, haya sido humana o esté en proceso de serlo" (“La Doctrina Secreta”, vol. 2, p. 185).

“La 'Mónada' combina los dos últimos 'principios' humanos, a saber, sexto [Buddhi] y séptimo [Atman]; hablando con propiedad, la frase 'mónada humana' se aplica sólo a ellos (...) no únicamente a su parte espiritual más elevada o Atma (...) Ahora bien, la Esencia Monádica -o más bien Cósmica (si se permite el término)- en el mineral, vegetal y animal, difiere en la escala de progresión aunque sigue siendo la misma a lo largo del ciclo, desde el elemental más bajo hasta el Reino Dévico” (“La Doctrina Secreta”, vol. 1, p. 178).

“El 'hombre primitivo' fue un humano sólo externamente. No tenía mente ni alma (...) Esta especulación –si puede llamarse así– al menos es lógica, y llena el abismo entre la mente humana y animal" (“La Doctrina Secreta”, vol. 2, p. 189).

“Entre el hombre y un animal -cuyas Mónadas (o Jivas) son fundamentalmente idénticas- existe el abismo infranqueable de la Mentalidad y Autoconciencia. ¿Qué es la mente humana en su aspecto superior? ¿De dónde viene, si no es una porción de la esencia (...) de un Ser o plano divinos? (...) ¿Qué es lo que crea tal diferencia, a no ser que el humano represente un animal con un dios vivo al interior de su caparazón físico?" (“La Doctrina Secreta”, vol. 2, p. 81).

De conformidad con lo anterior, toda alma humana es un dios o Ser de Luz que encarnó masivamente en el “hombre-animal” desalmado de la Tercera Raza Raíz o Lemuriana. Estos seres se convirtieron en Egos o individualidades permanentes y reencarnantes, y la literatura teosófica los nombra como Manasaputras, Kumaras, Agnishvattas, Pitris Solares, Prometeo colectivo y Hueste Luciferina; por lo tanto, nuestro verdadero "yo" no es de un tipo personal, sino más bien aquel Manas Superior o rayo individualizado de la Mente Universal, permitiendo un vínculo consciente y poderoso entre Atma, Buddhi y el hombre físico.

“Los Hijos de MAHAT [designación para la Mente Universal] tuvieron por misión vivificar la 'Planta' humana. Son las Aguas que caen sobre el árido suelo de vida latente, y las Chispas insufladoras del animal humano, los Señores de la Vida Espiritual eterna” (Comentario Esotérico en “La Doctrina Secreta”, vol. 2, p. 103).

“La mónada del animal y el hombre son inmortales, pero la bestia no lo sabe, y tiene una vida de sensaciones tal como sucedía con el primer humano, cuando alcanzó el desarrollo corporal en la Tercera Raza, y si no hubiera sido por los Agnishwatta y Pitris Manasa” (“La Doctrina Secreta”, vol. 2, p. 525).

“Sería muy engañoso imaginar a la Mónada como una Entidad separada, continuando su lento camino en una vía distinta por los Reinos inferiores (...) pero es una manifestación concreta y secuencial de la Energía o Monas Universal que aún no se ha individualizado. El océano (de materia) no se divide en sus gotas potenciales y constituyentes, hasta que el barrido de impulso vital logra la fase evolutiva del nacimiento del hombre. La tendencia a la segregación es gradual en mónadas individuales, y en los animales superiores llega casi al punto (...) La 'Esencia Monádica' comienza a diferenciarse imperceptiblemente hacia la conciencia particular en el Reino Vegetal” (“La Doctrina Secreta”, vol. 1, p. 178-179).

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El artículo de Judge "Reincarnation of Animals" concluye así:

“De esta manera, se responde a la objeción basada en el inmenso número de animales, tanto vivos como muertos, que exige un suministro de mónadas en dicha etapa. Si bien se afirma que 'ya no pueden ingresar más mónadas animales en el escenario humano', no se dice ni infiere que se haya detenido el flujo entrante para el reino animal. Es probable que aún estén llegando desde otros mundos para evolucionar entre las especies de nuestro planeta. No hay nada inasequible en ello, y proporcionará pistas para elucidar la procedencia de nuevas mónadas animales, suponiendo que aquí todas las actuales hayan agotado el número total de especies superiores y posibles. Asimismo, es muy lógico que las mónadas animales sean transmitidas a otros miembros de la cadena terrestre antes que el hombre con el propósito de su desarrollo, y eso disminuiría la cantidad de sus apariciones en este globo, pues lo que mantiene al hombre por tanto tiempo en el plano físico es el gran poder de su pensamiento, lo cual hace que un Devachán dure cerca de quince siglos para todos -con excepciones-, y tenga mucha más extensión entre los que anhelan llegar al 'cielo'. Sin embargo, y al carecer de Manas desarrollado, los animales no tienen Devachán y avanzan al siguiente planeta de la cadena. Esto sería consistente y útil, ya que les da oportunidades de crecer y prepararse para el momento en que las mónadas de ese reino comiencen a elevarse hacia un nuevo reino humano. Y al contrario de lo que pudiera pensarse, no habrán perdido nada y se convertirán en ganadores”.

Además de explicar que cada planeta del Sistema Solar es una masa de siete globos unidos, en diferentes grados de sustancia, y que todas las mónadas progresan secuencial y colectivamente de uno a otro durante el largo sendero evolutivo, Blavatsky no reveló mucho sobre las otras seis esferas de nuestra “Cadena”, pero Judge sugiere -probablemente en un contexto muy oculto- de que el siguiente orbe con menor fisicalidad en dicha serie se utiliza con fines de desarrollo permanente de mónadas animales.

Por otra parte, varios teósofos han concluido que en general no puede aplicarse la afirmación de que "Devachán dura un promedio de 1.500 años", ya que el número de almas humanas conectadas con la Tierra ha sido fijado y concluyó desde los tiempos de Atlántida, y sin embargo, la población ha aumentado en más de 6 mil millones en el último siglo. Para más detalles, léase "¿Cuánto tardamos en reencarnar?".

Surge otra interrogante común: si los animales algún día se tornan humanos, ¿puede ser que éstos últimos eventualmente se conviertan en aquéllos? Blavatsky responde: "Aunque los simios descienden del hombre, no es cierto que la Mónada humana, una vez alcanzada esta condición, encarne de nuevo en la forma de un animal" (“La Doctrina Secreta”, vol. 1, p. 185).

Aun cuando la Teosofía reconoce que un alma humana puede hundir su consciencia de forma cada vez más denigrante a lo largo de vidas sucesivas, e incluso volviéndose peor que un animal, sostiene que no regresamos a ningún ámbito inferior cuando reencarnamos, y tampoco hay posibilidades para ello, en parte porque un cuerpo subhumano es incapaz de albergar una entidad tan compleja como el alma. Sin embargo, es cierto que religiones como hinduismo, budismo, jainismo y sikhismo enseñan que "el alma puede retroceder a una encarnación animal o más básica a raíz de karma negativo". Como se describe en esta entrada, ese concepto tiene una base supersticiosa e ignorante debido al malogramiento intencional de ciertas verdades metafísicas, a semejanza de lo que ocurre con todos los principales credos. También hay un cuento de William Judge sobre el particular, titulado “The Persian Student's Doctrine”.

Finalizando, cabría reseñar brevemente la visión teosófica atañente a dos problemáticas:

a) Crueldad hacia y entre especies. El texto por Blavatsky "¿Por qué sufren los animales?" ha tenido mucha trascendencia a nivel planetario y generacional, y aún si la autora denuncia que miríadas de "hermanos menores" padecen maltratos u óbitos por acción humana, esto no se trata de ningún Karma perteneciente a aquéllos, sino más bien es creado por particulares de nuestra especie, y de lo cual tendrán que asumir las consecuencias tarde o temprano. En cuanto a la pregunta de "por qué algunos animales causan sufrimiento a otros", la Teosofía no ahonda mucho en ello, pero posiblemente es un tipo de Karma a nivel puramente físico, es decir, que sobrevienen daños tangibles debido al instinto de ciertas criaturas para comer o defenderse (ver “William Q. Judge Theosophical Articles”, vol. 2, p. 566); pero al carecer de Manas Superior, ningún animal tiene la capacidad ni intención de infligir dolor o tortura deliberados, a diferencia del reino humano donde esto sucede a diario, y es uno de los peligros que arrostramos por constituir individualidades inteligentes y conscientes.

Sin embargo, no es sólo en Occidente donde se produce crueldad hacia los animales, pues incluso en países como India existe un historial significativo de violencia y actos negligentes contra ellos; por ejemplo, hoy esa nación posee estadísticamente más casos de esa categoría que Reino Unido, y asimismo exhibe un condicionamiento cultural de larga data y contraria a tener mascotas, domesticar animales y expresar afecto hacia ellos, lo cual desafortunadamente es respaldado por muchos indios de la L.U.T. como si fuera una actitud "espiritual".

b) Consumo de carne vs. vegetarianismo. Helena Blavatsky aclaró: "(...) cuando la carne animal es asimilada por el humano por alimentarse de ella, le imparte fisiológicamente algunas características del animal del cual provino. Además, la ciencia oculta enseña y prueba esto a sus alumnos mediante una demostración meticulosa (...) este efecto que hace al individuo 'más burdo' y 'animal' es de mayor intensidad si consume carne de especies grandes, menor en el caso de aves y todavía más reducida para el pescado y otros (...) Mientras tanto [la gente común] debe comer para vivir, por lo cual aconsejamos a los estudiantes realmente serios que se nutran de tal modo que haya poca obstrucción y peso en sus cerebros y cuerpos, y tengan la menor incidencia en obstaculizar y aplazar el desarrollo de su intuición, sus facultades y poderes internos (...) Recuerde, de una vez por todas, que (...) asumimos un punto de vista racional, y nunca fanático. Si una persona no puede dejar la carne debido a una enfermedad o hábitos muy largos, entonces que la coma. No es ningún crimen; sólo diferirá su proceso un poco, pues al fin y al cabo (...) los actos y funciones puramente corporales son mucho menos importantes que lo que alguien piensa y siente; lo que desea anima su mente, y permite echar raíces y crecer allí" ("La Clave de la Teosofía", p. 260-262, edición en español).