24 de junio de 2022

Vampiros y muertos vivientes (2 de 3)

David Pratt, septiembre de 2009


Contenidos:

03. Ciencia y superstición
04. La perspectiva teosófica


03. Ciencia y superstición

Claramente, es absurda la idea de cadáveres humanos enterrados que vuelven a la vida, abandonan sus sepulturas y luego regresan a ellas sin alterar el suelo; pero ¿qué pasa con el aserto de que, en la exhumación, los presuntos vampiros a menudo no se veían como muertos "normales"? Según las crónicas, éstos se encontraron hinchados y rojizos, con brotes de sangre en boca y nariz, y también sus cabellos, piel y uñas parecían haber crecido un poco o mostraron renovación. De acuerdo con los críticos, lo que antaño fueron considerados signos de vampirismo son resultantes de cambios normales sufridos por la descomposición corporal.

Cuando el corazón deja de latir, la sangre se deposita en las partes del cuerpo más cercanas al suelo. Gran parte de la piel palidece y comienza a adquirir consistencia cerosa, mientras que los sectores donde hay sangre estancada se tornan de color rosáceo o rojo púrpura luego de unas diez horas. A medida que el cuerpo se enfría los músculos quedan relajados, pero luego se vuelve tieso por completo a medida que progresa el rigor mortis (documentado científicamente por primera vez en 1811). Tras un periodo de uno o tres días, el cuerpo se distiende otra vez conforme prosigue la descomposición de fibras musculares; asimismo, y al tiempo que las bacterias se multiplican por el cuerpo, la putrefacción cobra rapidez produciendo mal olor. Boca y nariz se enrojecen por purulencia en los pulmones; la cara se hincha y decolora, y la piel asume tonalidades verdes y negras. Las bacterias intestinales producen gases que hinchan el cuerpo a casi el doble de su tamaño normal y eventualmente hacen que la piel en gran parte quede ennegrecida. Además, el aumento de presión obliga a la sangre y otros líquidos oscuros a salir de nariz y orejas. La mencionada hinchazón hace que lengua y ojos sobresalgan, y los labios se curven hacia atrás para revelar dientes y encías, mientras que los senos y genitales se expanden a un volumen grotesco. Por su parte, los órganos internos se abren, licúan y escapan de todos los orificios corporales. La piel se despega, revelando capas nuevas por debajo; el cabello deja de crecer y cae, como también en el caso de uñas, que al precipitarse dejan textura fresca al descubierto, pero ésta eventualmente se pudre (Ramsland, 2002, 13-14).

Cara "sonriente" de un cadáver parcialmente descompuesto (www.karyom.com).

Los escépticos argumentan que los labios curvados hacia atrás en un cuerpo exhumado podrían parecer una "sonrisa maléfica", dando igual carácter a las manchas rojas bucales, y un ataúd lleno de líquido semejaría aterrador especialmente si está mezclado con sangre fluida. Cuando las uñas caen y la piel se desprende, la dermis y otras capas cartilaginosas surgentes podrían interpretarse a modo de componentes nuevos. A medida que piel y encías pierden líquido y asumen contracción, quedan expuestas las raíces de cabello, uñas y dientes (incluso los que estaban ocultos en la mandíbula), lo cual podría generar la idea de "crecimiento" en esos tres constitutivos; ad interim, la ausencia de rigidez en extremidades cadavéricas puede darnos la impresión de que la persona "recobró capacidad de moverse". La inflamación produce que un cadáver se vea regordete, "bien nutrido" y rojizo, provocando incluso que una persona mayor se vea más joven, y si dicha característica hace que el cuerpo cambie su posición en el ataúd, esto puede confundirse con evidencia de que el individuo entra y sale de aquél. El hallazgo de penes rígidos, y a menudo agrandados, solía tomarse como prueba de un "continuo interés en el sexo", e igualmente un cuerpo abultado en descomposición genera importantes emisiones sanguíneas, mientras los gases que escapan causarían estrépitos similares a gemidos. Entretanto, la hesitación de animales (como caballos o gansos) para caminar sobre tumbas de presuntos vampiros podría explicarse mediante el hedor de féretros a poca profundidad, especialmente porque estas criaturas tienen un mejor sentido olfativo que el humano.

"Le Vampire", grabado por R. de Moraine, en Les tribunaux secrets (1864, en.wikipedia.org).

Tampoco existe base científica en la vieja creencia de que un muerto debería descomponerse completamente luego de 40 días, porque pueden pasar varios meses o incluso años para que un cadáver termine en osamentas; además, ciertas condiciones edafológicas o del ataúd pueden preservar cuerpos mucho más allá de lo esperado. En nuestros días existen cuerpos que, según informes, han perdurado cientos de años con pocos signos de necrosis y como ilustran varios casos. En la localidad china de Nanjing, trabajadores de construcción desenterraron un cadáver que tenía 500 años y aún presentaba piel y articulaciones flexibles. Durante una inundación en Kentucky para 1927, un hombre cuyo féretro se hundió en cierto río parecía haber tenido un sepelio muy reciente, pero en realidad llevaba inerte 113 años. Posterior a su asesinato en 1963, Medgar Evers, un líder de derechos civiles, fue exhumado tres décadas más tarde para examinar los impactos de bala, y cuando se aperturó el ataúd, todos se sorprendieron al descubrir que la persona semejaba haber fallecido sólo el día anterior.


Hacia 1789 y en la bóveda de una capilla monástica de Toulouse, algunos cuerpos se hallaron perfectamente completos y tenían gran parecido a personas vivas, si bien resistieron el paso de casi doscientos años. Los individuos estaban alineados en torno a la pared, y aún con las prendas con que fueron cubiertos; pero cuando tiempo después fueron perquiridos los cadáveres yacientes en el lado opuesto de la capilla, curiosamente éstos terminaron por desintegrarse.


Otros eventos que alguna vez se interpretaron como evidencia de vampirismo incluyen una serie de óbitos en la familia de un presunto engendro o la comunidad donde había vivido. No está claro por qué los muertos querrían causar estragos entre sus cercanos aún vivos, pero una teoría era que el cadáver estaba controlado por uno o varios demonios. También es sabido que en epidemias decimonónicas de cólera hubo casos de personas quemadas vivas por sus vecinos bajo sospecha de ser vampiros.

A finales de los siglos XVIII y XIX existió una creencia generalizada sobre vampiros en partes de Nueva Inglaterra, particularmente Rhode Island y el este de Connecticut, donde se hablaba de familias desenterrando congéneres y quitándoles el corazón, pensando que los occisos eran vampiros responsables de enfermedades y muertes en sus respectivas parentelas. Se consideraba que la tuberculosis (o "consunción" como solía llamarse) era causada por visitas nocturnas de un familiar muerto por ese mal; los síntomas incluían demacración, piel progresivamente pálida, mejillas carmesí y aparición de sangre en esputos y labios.

"En 1896 el New York World informó que la creencia en vampiros estaba muy vigente en Rhode Island. Cerca de Newport se documentaron seis incidentes aislados en que se exhumaron personas de muerte reciente, y les extrajeron el corazón para incinerarlo. Por lo común, esto sucedía cuando varios miembros del mismo grupo aparentaban morir por patologías atrofiantes similares. Las personas de dichas área y época sostuvieron que un vampiro se alimentaba de aquéllos que podía encontrar más cerca, y luego pasaba a escoger otras víctimas; entonces, la impresión era que el familiar que moría primero se transformaba en vampiro y a la postre lanzaba ataques contra sus parientes" (Ramsland, 17).

Entre los hechos más bullados destaca el que tuvo lugar hacia 1892 en Exeter, Rhode Island. La esposa de George Brown murió, seguida de su hija mayor, y Edwin, uno de los hijos, enfermó y se trasladó a otro lugar, tras lo cual falleció otra primogénita llamada Mercy. Cuando Edwin regresó, volvió a ponerse mal y George exhumó los restos de su mujer e hijas. Su cónyuge y la primera descendiente estaban putrefactas, pero el cuerpo de Mercy, enterrado durante tres meses, lucía joven e inclinado en el féretro, y asimismo emanaba sangre de su boca. Le cortaron el corazón, lo quemaron y disolvieron las cenizas en una medicina para que Edwin la bebiera; sin embargo, él también pereció y Mercy Brown se hizo conocida como la "vampiresa de Exeter".

Al igual que la tuberculosis, el tipo neumónico de la peste bubónica se asoció con purulencia del tejido pulmonar, lo que provocaba aparición de sangre en los labios. La rabia también se ha vinculado con muchas historias sobre vampiros, pues quienes la portan son hipersensibles a olores y la luz, tienen conducta hipersexual, experimentan mucha sed, no les agrada verse en espejos, las contracciones musculares dejan sus dientes al descubierto, expelen espuma sanguinolienta por la boca, evidencian comportamientos agresivos y feroces, e infectan a otros a través de mordeduras ya que el virus se transmite mediante la saliva. De esta forma, se han encontrado paralelos entre brotes de rabia para ciertas regiones y la creciente popularidad de relatos vampíricos.

Es muy probable que las supersticiones e ignorancia médicas sobre la putridez corporal y dichas epidemias hayan contribuido a fortalecer la histeria de siglos pasados. Los individuos con inclinaciones materialistas pueden pensar que ella está ligada completamente a fenómenos "naturales" y atribuyen cualquier aspecto desconocido a "exageraciones" e "inventos", pero para negar las manifestaciones de cualquier entidad paranormal o ataques análogos, tendrían que rechazar un enorme cúmulo de testimonios en todas las épocas (ver "Visitantes paranormales"); por el contrario, quienes conocen el factum del mundo esotérico ofrecen una variedad mucho mayor de explicaciones posibles.


04. La perspectiva teosófica

La Teosofía que subyace a todas las religiones ortodoxas modernas, y bajo perspectivas más o menos distorsionadas en ellas, enseña que nuestro cuerpo físico es el recubrimiento más externo de la constitución humana, y a través del cual funciona una serie de componentes o niveles más inmateriales, los que a su vez experimentan diversos finales tras la muerte física ("Vida después de la muerte"/"¿Qué ocurre cuando morimos?").

El cuerpo tangible muere cuando rompe su conexión con el molde o prototipo astral. En sánscrito la mente es denominada Manas, y su variante inferior -principalmente instintiva- corresponde a una clase más etérea, a veces llamada "alma animal" del ser humano o Kama-Rupa ("cuerpo del deseo"). Luego de la muerte física, cuerpo astral y kama-rupa se descomponen en sus propios planos a un ritmo que depende de cuán materialista o espiritual haya sido la persona. Se sostiene que la cremación del cuerpo físico permite que la parte astral se desintegre más rápidamente, pero si el cadáver se entierra, aquélla permanece a su alrededor y el kama-rupa también es atraído hacia la tumba.

La mente superior concierne al alma reencarnante -no sujeta a la misma descomposición comparativamente rápida en nuestros vehículos inferiores- y está eclipsada sólo por nuestro Ser Superior, espiritual y divino. Algún tiempo después del óbito ocurre una "segunda muerte", cuando el alma reencarnada se separa de kama-rupa y asciende a fases más sublimes, e ingresa a un estado de sueño reparador (Devachan) donde imagina cumplir todos los impulsos desinteresados y nobles que no encontraron plena expresión durante la vida terrenal. Una vez concluido este segundo proceso, los kama-rupas comienzan a decaer por un periodo que puede prolongarse desde pocos meses hasta algunos siglos, nuevamente en función de las cualidades que tuvo en la vida mundana recién finalizada. Estos cadáveres o "cascarones astrales", en gran parte desprovistos de inteligencia activa, son tomados equivocadamente por "almas verdaderas" entre muchos médiums.

Durante la vida física, nuestras mentes suelen estar inmersas en los ámbitos astrales, pues atraemos pensamientos y deseos (energías elementales) que resuenan con nuestro estado psíquico actual -ya sea bueno, malo o indiferente- y luego son reenviados allí con otro carácter. Los kama-rupas de fallecidos también pueden ejercer preponderancias negativas en humanos vivos, cuyos defectos o debilidades los hacen receptivos a tales causas. El mayor peligro se esconde en dichos remanentes de personas (llamados elementarios) que han vivido de modo particularmente egoísta y animal; mientras que la mayoría de humanos pasa a través de Kama-loka (plano de los kama-rupas) prácticamente inconsciente después de morir, esto no se aplica a los elementarios, pues quienes fallecieron como resultado de accidentes o asesinatos ("legales" o no), o incluso si han cometido suicidio, también pueden retener un grado de conciencia post-mortem si su existencia intelecto-espiritual en la Tierra no tuvo mucho desarrollo. En otras palabras, ciertos kama-rupas pueden convertirse en "vampiros psíquicos" y alimentarse de la energía vital, emocional y mental de los vivos.

Helena Blavatsky describe esos kama-rupas como "cascarones vampíricos, los elementarios que continúan una vida póstuma a costa de sus presas vivas" (Journal of the Theosophical Society, vol. 1, n° 2, febrero 1884, p. 36-37). La autora añade que, al despojarse de sus dramatismos, las supersticiones sobre demonios y vampiros se basan en la creencia sobre estas "almas astrales inquietas y errantes" (Isis 2: 564). En casos de locura, "el ser astral del experimentador está semiparalizado, confundido y sujeto a la influencia de cualquier espíritu huidizo de algún tipo, o bien se ha ido para siempre; y así el cuerpo es poseído por alguna entidad vampírica cercana a su propia desintegración para aferrarse desesperadamente a lo terrenal, cuyos placeres sensuales puede disfrutar por un breve período más largo mediante ese recurso" (Isis 2: 589). Blavatsky continúa explicando lo que sucede con el kama-rupa en su respectivo plano tras la "segunda muerte":

"Aquí, la copia pálida del individuo muerto vegeta por un tiempo (...) Despojado como está de su mente superior, espíritu y sentidos físicos, se desintegrará poco a poco si se deja a sus propios dispositivos inconscientes, pero si retorna por la fuerza al ámbito terrestre a causa de anhelos apasionados y llamamientos de amigos sobrevivientes, o prácticas necrománticas habituales -siendo la mediumnidad una de las más perjudiciales-, entonces el 'fantasma' puede prevalecer durante un período que excede en gran medida el lapso de la vida natural de su cuerpo. Una vez que el kama rupa aprende el camino de regreso hacia cuerpos humanos vivos, se convierte en un vampiro que absorbe la vitalidad de quienes se hallan tan ansiosos por su compañía. En India, estos eidolones se llaman pisachas y son muy temidos" (Clave 340-1; TG 172).

En otro sentido, los pishachas son "sombras", restos desvanecidos o cascarones de humanos en kama-loka que devienen elementarios, o seres astrales malévolos, respecto a personas que llevaron una vida de permanente maldad mientras estuvieron encarnadas. En las tradiciones australes de India, los pisachas son fantasmas, demonios, larvas y vampiros femeninos que persiguen hombres.

Otro término sánscrito y análogo para kama-rupa es bhuta, que algunos escritores teosóficos definen tanto como un cadáver en los reinos astrales como el cuerpo físico en descomposición que queda en la muerte terrena; y en consecuencia, las relaciones astrales o psíquicas de cualquier tipo con estos cascarones sólo producen maldad. Los bhutas, aunque pertenecen al mundo astral, se sienten atraídos magnéticamente por localidades físicas similares a los restos de impulsos aún latentes en ellos. Por ejemplo, el bhuta de un alcohólico siente afinidad por bodegas de vino y tabernas, y los lascivos van a sitios de prostitución o degeneramiento individual, mientras que el bhuta fino y tenue de un individuo bueno gusta de sectores menos perniciosos o aborrecibles. En todo el mundo antiguo y moderno ha existido temor hacia estos eidolas o "imágenes" de humanos muertos, y se han evitado relaciones de cualquier tipo con ellos de manera consistente y universal.

El término tibetano correspondiente es ro-lang ("Tibetan Teachings", Blavatsky Collected Articles) o "estrigias" en la cultura romana como ya vimos. En ciertas ocasiones se cree que asumen forma de lechuzas u otras aves rapaces nocturnas, y según ciertas tradiciones clásicas designan a una especie de vampiro que absorbía sangre de niños. Constituye así una clase mitológica diferente de entidades astrales más o menos terrestres, que a veces pueden incidir físicamente sobre humanos jóvenes o mayores, con un estado de receptividad negativa en un momento particular.

Otros entes símiles son conocidos como "larvas" y "lemures" (Isis 1: 353), al igual que el término eslavo "vurdalak" (TG 366; Journal of the Theosophical Society, n° 2, febrero 1884). Hablando de los suicidados y las víctimas de accidentes cuyo pasar mundano fue "pecaminoso y sensualístico", el Mahatma Koot-Hoomi sostiene que deambulan por los ámbitos astrales hasta que mueren de forma natural:

"Separados súbitamente de las pasiones terrenales que los unen a escenas familiares, se sienten atraídos por las oportunidades que ofrecen los médiums para gratificarles indirectamente. Son los pisachas, íncubos y súcubos de la época medieval. ¡Los demonios de antojo, gula, lujuria y avaricia, elementarios de destreza, malicia y crueldad intensificadas que llevan a sus víctimas a perpetrar crímenes horribles y se deleitan en su comisión! No sólo arruinan a esos incautos, sino que estos vampiros psíquicos, arrastrados por el torrente de sus impulsos infernales, al terminar su período natural de vida (...) son llevados desde el aura de la Tierra a regiones donde por largo tiempo soportan un sufrimiento exquisito, que termina con la destrucción total" (ML
2, 109-10 / MLC, 197-8).

En algunos casos, los vampiros kama-rúpicos mantienen un fuerte lazo con los cadáveres sepultados de las personas que una vez fueron, especialmente si no estaban realmente fallecidas al momento de su sepelio. Blavatsky escribe:

"Mientras la forma astral no esté completamente liberada del cuerpo, existe la posibilidad de que la atracción magnética le obligue a un retorno. A veces estará a mitad de camino cuando el cadáver se halla enterrado, y que aparenta su semblante mortuorio. En tal caso, el alma astral aterrorizada reingresa violentamente en su ataúd y tiene lugar una de dos circunstancias: la víctima infeliz se retorcerá en tortura agonizante de asfixia, o se convertirá en vampiro si hubiera sido groseramente materialista. Comienza así la vida bicorpórea, y estos infaustos catalépticos enterrados sostienen sus desdichadas vidas al hacer que sus cuerpos astrales roben la sangre vital de personas vivas. La forma etérea puede ir a donde quiera y es libre para deambular alimentándose de víctimas humanas -en forma visible o invisible-, siempre que no rompa el vínculo que lo une al cuerpo" (Isis 1: 449, 459).

Esa parte etérica transmite los nutrientes que absorbe al cadáver a través de un cordón conectivo, manteniendo así los restos en un estado de catalepsia. Cabe mencionar que a fines del siglo XIX las estadísticas sobre el número de personas enterradas prematuramente en Inglaterra y Gales oscilaban entre 800 y 2700 por año.

Blavatsky a ratos llama "vampiros magnéticos" a las entidades kama-rúpicas (Isis 1: 353), porque se sienten atraídas por individuos y localidades que simpatizan con su naturaleza. Al concluir la segunda muerte, el alma animal:

"(...) todavía posee una consciencia más o menos indiferente, y sus acciones se parecen a las de un sonámbulo. También tiene un residuo de voluntad en una condición más o menos latente; pero como los principios superiores han dejado todo lo anterior, la voluntad ya no se guía por ninguna consideración moral y no puede actuar de otra manera que siguiendo sus atracciones. Aún permanecen sus bajas avideces, deseos animales y aficiones materiales; y en proporción a su desarrollo, estímulo o fortalecimiento más o menos consolidado durante la vida terrestre, actuarán en igual intensidad y de manera relativamente poderosa tras la muerte del cuerpo físico. A nada le gusta morir de hambre: cada cuerpo y principio tiene una poderosa atracción y ansia por los elementos necesarios para subsistir. Los principios de lujuria, glotonería, envidia, avaricia, venganza, intemperancia, etc., se precipitarán ciegamente al lugar al que se sienten atraídos y donde su anhelo puede satisfacerse por un tiempo, ya sea en forma directa como los vampiros al absorber emanaciones de sangre fresca, o indirectamente al establecer relaciones magnéticas con personas sensibles (médiums), cuyas inclinaciones se corresponden con las suyas. Si todavía existe un nexo magnético entre el vampiro (elementario) y su cobertura física bajo tierra, regresará a la tumba, y seguirá otros atractivos de no haber tal relación. Asimismo ansía un cuerpo, y si no encuentra uno de tipo humano, puede sentirse atraído por aquél de un animal" (The Theosophist, vol. 5, n° 7, abril 1884, p. 159).

H.S. Olcott (1891) comenta lo que sigue respecto al "enlace o cordón de comunicación entre el cuerpo y su doble astral proyectado":

"A partir de datos bien conocidos, parece probable -si no cierto- el hecho de que existe un cordón o vínculo astral, por cuyo medio los nutrientes en la condición etérea pueden transmitirse de uno al otro. Por ejemplo, muchos frecuentadores de sesiones mediúmnicas han constatado líquidos bebidos por una 'forma materializada' en vasos de vino, cerveza, agua, grog, etc., que desaparecieron de dicho recipiente a la vista de todos, y pasaban al estómago del canalizador sentado a cierta distancia en su cabina. También se arrojó tinta o líquidos de anilina sobre la forma proyectada, y luego se descubrió que manchaban al propio médium (hablo, por supuesto, sólo de casos en que está claramente demostrada la no identidad entre médium y forma). Las apariciones incluso comían alimentos en presencia de testigos y desaparecían de manera similar".

Olcott menciona un caso bien atestiguado en que un yogui o fakir en Lahoré permaneció bajo tierra durante seis semanas y luego resucitó:

"En consecuencia, es posible que un individuo aparentemente muerto pueda ser enterrado por tiempo indefinido y sin que se extinga su vida, si la persona está todo el periodo en ese nivel de hibernación humana conocido como samadhi, en que los pulmones no necesitan aire al detenerse la respiración, y el corazón no impulsa sangre a través de las arterias pues el reloj humano se detiene. Así, el cuerpo del vampiro puede permanecer fresco y róseo en la tumba, siempre que pueda atraer nutrientes para contrarrestar el gasto mediante acciones químicas y más sutiles que operan sobre los tejidos, incluso en samadhi".

La sangre que circula en nuestro cuerpo físico corresponde a los caudales de energía vital (prana o chi), que a su vez se disemina mediante la cobertura astral y el kama-rupa. Este líquido es prana condensado, mientras que los fluidos nerviosos son de tipo vital y psicomental denso; asimismo, la sangre y sus emanaciones ejercen una atracción particular sobre las entidades malignas del mundo astral (The Theosophist, vol. 4, n° 2, noviembre 1882, p. 36-38).

En la Edad Media hubo numerosos informes de personas poseídas y que tenían relaciones sexuales con "demonios" masculinos/femeninos, conocidos como incubi/succubi respectivamente, y al día de hoy continúan los casos de abusadores sexuales intangibles ("Visitantes paranormales", sección 5; "Ovnis", secciones 8 y 9). Aunque las interacciones análogas con dichas entidades tiende a adoptar la forma de un ataque, a veces se busca deliberadamente pues algunos médiums espiritistas se jactaban de tener "esposas y maridos espirituales". Según la Teosofía, con frecuencia succubi e incubi son cuerpos astrales de humanos desencarnados particularmente lujuriosos y malévolos (es decir, elementarios) que intentan aferrarse a la existencia material vampirizando a los vivos. Tales "demonios" pueden volverse concretos y visibles al atraer materia de la atmósfera circundante, ya sea desde el cuerpo de la víctima si ésta es un médium, o de cualquier otra persona en que haya poca cohesión de elementos inferiores, a veces como resultado de enfermedad. Los agresores etéricos pueden estar atraídos e incluso ser generados, al menos en parte, por la intensa imaginación y anhelos sexuales de la víctima; algunos pueden ser hechiceros o magos negros, es decir, individuos que han logrado poderes ocultos como la capacidad de proyectar sus formas astrales, pero utilizan dichas habilidades para fines malvados (Lucifer, vol. 3, n° 14, octubre 1888, p. 131-132; ML
2 109- 10 / MLC 198; Hartmann, 1985, 29, 35, 40, 86-94).

Pintura de un incubus (1870; http://en.wikipedia.org).

Al comentar sobre algunos médiums que creían estar "casados" con "espíritus masculinos y femeninos", Blavatsky escribe: "Las explicaciones de locura y alucinación nunca funcionarán, cuando se enfrentan cara a cara con los hechos innegables de las materializaciones espirituales. Si existen 'espíritus' capaces de beber té o vino, comer manzanas y pasteles, o besar y tocar a visitantes de séances -todo lo cual ha sido probado así como la existencia de dichos visitantes-, entonces ¿por qué esos mismos espíritus no podrían cumplir también deberes matrimoniales?" (Lucifer, vol. 6, n° 33, marzo 1890, p. 177-178).

[Incubi y succubi son] fantasmas de la demonología medieval, convocados desde las regiones invisibles por pasiones y lujurias humanas, ahora vistos como 'novias' y 'esposos espirituales' entre algunos espiritistas y médiums ignorantes. Estos nombres poéticos no ocultan lo que realmente son en lo más mínimo: demonios, vampiros y elementales desalmados, centros de vida sin forma y carentes de sentido; en resumen, protoplasmas subjetivos cuando se dejan solos, pero son llamados a un ser y forma definidos por la imaginación creativa y morbosa de ciertos mortales. Eran conocidos en todas partes y épocas, y los hindúes pueden contar más de una terrible historia sobre los dramas representados en la vida de jóvenes estudiantes y místicos por los pisachas, su nombre en India" (TG, 154).

Blavatsky subraya en varias ocasiones que algunos "guías espirituales" y "ángeles" materializados de Occidente constituyen "espíritus inmundos" o pisachas (The Theosophist, vol. 3, n° 10, julio 1882, p. 249-250). Hacia 1883 mencionaba un caso contemporáneo en India donde "la víctima [masculina] fue asesinada por su horrible sirena", y otro "en un país adyacente terminó con el sacrificio de una señora muy estimable", advirtiendo que "una relación demasiado estrecha con estos vampiros morales de 'guías' materializados puede conducir a la ruina espiritual o incluso muerte física" (The Theosophist, vol. 4, n° 4, enero 1883, p. 92).

Helena agrega que muchos médiums son débiles, pasivos, enfermos y neuróticos: "Por lo común el antiguo taumaturgo y apóstol, si no casi siempre, disfrutaba de buena salud; su magnetismo nunca transmitía al paciente enfermo ninguna mancha física o moral y nunca era acusado de vampirismo, al contrario de un documento espiritual que cataloga así muy acertadamente a algunos médiums-curanderos" (Isis 1: 490-1).

Cuando se le preguntó por qué los asistentes de una sesión espiritista se sentían extremadamente cansados al día siguiente, la Agente de los Mahatmas respondió: "Entre otras razones, porque los médiums absorben la vitalidad para el uso de los 'fantasmas', y con frecuencia están presentes canallescos vampiros elementarios (...) Durante estas séances son horribles las escenas visibles en el astral, toda vez que estos 'espíritus' -bhutas- se precipitan sobre la audiencia y los médiums por igual; también hay mucho vampirismo pues no hay sesión espiritista sin tener presentes algunos o muchos elementarios malos, o seres humanos medio muertos. Éstos caen sobre las personas como nubes o grandes pulpos, y desaparecen dentro de ellas como si fueran absorbidos por una esponja" (The Path, vol. 3, nros. 1-6, abril a septiembre 1888).

Después la autora proporciona una descripción respecto a los múltiples tipos de elementarios: "(...) no son del todo malos, pero en un sentido general tampoco representan bondad. Sin duda son cascarones; les queda mucha acción automática e inteligente en apariencia si corresponden a personas fuertemente materialistas que murieron aferradas a asuntos terrenales, y si se trata de individuos con carácter opuesto, entonces sus residuos no son tan vigorosos. Luego tenemos otros que realmente no están fallecidos, como los suicidados o muertos en forma repentina, y también personas muy malvadas, todos los cuales detentan gran poder. Los elementales (*) entran en todos ellos, y por eso obtienen una personalidad e inteligencia ficticias que son propiedad exclusiva de dicho cascarón; le impulsan a actuar, y por sus medios pueden ver y oír como si fueran seres como nosotros. En este caso dichos cascarones se asemejan a un cuerpo humano que camina dormido. A través del hábito exhibirán el avance que obtuvieron mientras estaban en la carne (...) Este culto por las sesiones [espiritistas] es lo que en India antigua se llamaba adoración de pretas, bhutas, pisachas y gandharvas" (The Path, vol. 3, nros. 1-6, abril a septiembre 1888).

(*) Los elementales son entidades etéricas primitivas o criaturas de los elementos (tierra, agua, aire, fuego y éter), también llamados fuerzas/espíritus de la naturaleza. Pueden adoptar toda clase de formas, generalmente reflectando imágenes presentes en el plano astral o incluso sobre mentes humanas ("Visitantes paranormales", sección 11).

En su sentido más amplio y esotérico, el término "vampiro" alude a cualquier ente -humano o no humano, físico o intangible- que se alimenta de sangre, la vitalidad o energía psíquica de otro ser. Así, el vampirismo implica la "transmisión parcial de la esencia vital por una especie de ósmosis oculta desde una persona a otra".

"[Este proceso] puede tornarse benéfico o perjudicial, ya sea inconsciente o a voluntad. Cuando un operador sano hipnotiza a un aquejado con el deseo firme de curarlo, la extenuación que siente el primero es proporcional al alivio concedido: se genera un proceso de endosmosis, donde el sanador desprende parte de su aura vital para beneficiar al enfermo. El vampirismo, por otro lado, es un proceso ciego y mecánico, generalmente producido sin el conocimiento del absorbente o la parte afectada. Es magia negra consciente o inconsciente, según sea el caso (...) cuando el motivo que estimula al operador es egoísta o perjudicial para cualquier ser vivo, todos esos actos son clasificados por nosotros como magia negra" (Lucifer, vol. 7, n° 40, diciembre 1890, p. 295-301).

H.S. Olcott (1891) escribió que, cuando hay reuniones de personas, todos los días y a cada hora surge una forma leve e impremeditada de absorción magnética: "Uno vampiriza estrechando la mano, sentándose con otros, durmiendo en la misma cama (...) Las mentes superiores aman permanecer aisladas, a partir del sentimiento instintivo de que si llevan una existencia de multitud, serán absorbidas hasta el nivel más bajo de ella (...) Era esta sensación lo que dictaba al yogui y hierofante encerrarse en un santuario o retirarse a una gupta (cueva del yogui), la jungla o alguna cumbre montañosa".

Blavatsky señala que la emperatriz rusa Alexandra Feodorovna (1798-1860) era tan endeble durante sus últimos años, que sus médicos le aconsejaron mantener a una campesina joven, robusta y saludable en su cama por la noche. Igualmente relata el caso de Frederika Hauffe (1801-1829, llamada la "vidente de Prévorst"), mística y clarividente alemana:

"En repetidas ocasiones declaró que seguía viva simplemente gracias a la atmósfera de las personas que le rodeaban y sus emanaciones magnéticas, que eran aceleradas de manera extraordinaria por su presencia. La vidente era a todas luces un vampiro magnético, que absorbía vida atrayendo a quienes eran lo suficientemente fuertes para entregarles su vitalidad en forma de sangre volatilizada. Dichos individuos se vieron más o menos afectados por esa pérdida forzada" (Isis 1: 463).

Otra instancia refiere a una parisina muy vieja que a menudo era vista en compañía de muchachas (Fortin, 1884) y se integraban a su servicio en perfecto estado de salud, pero pronto mostraron signos de debilitamiento y solían morir; cuando había reclamos de padres, éstos eran silenciados con regalos o dinero. Así pues, circularon rumores de que la mujer era "vampiresa" y "se comía a las chicas para prolongar su vida". La última persona en servirle fue la hija de un cochero, y a medida que la salud de ésta empeoró, su padre interpuso una denuncia policial. Finalmente la vieja fue multada y se le prohibió que tuviera más compañeros, muriendo poco después.

Por su parte, el doctor Franz Hartmann (1889) escribió que un tío rencoroso y avaro planeaba impedir que su sobrina Rose recibiera la herencia del padre, y le ofreció un acuerdo que lo habría dejado en posesión de casi todos los bienes, pero un abogado eminente aconsejó a Rose que no lo aceptara, lo cual enfureció al viejo quien prometió matar al profesional si tuviera la oportunidad. Luego el tacaño salió de Viena hacia Meran, pues se encontraba en etapas finales de tuberculosis y quería evitar el clima frío. Tras su partida, de pronto la salud del abogado comenzó a fallar; rápidamente se hizo más delgado y lábil, quejándose de fatiga extrema, y murió en diciembre de 1888. Se determinó, sin embargo, que todos sus órganos estaban en condiciones perfectamente normales, por lo que su óbito se registró como consecuencia de una "demacración", y durante sus últimos días a menudo imaginó que lo molestaba un extraño similar a aquél hombre. Mientras tanto, el codicioso tío había ganado fuerza y experimentó una recuperación "milagrosa", pero tras el deceso del abogado, la condición del vengativo cicatero empeoró súbitamente y terminó por fenecer.

En consecuencia y desde una perspectiva oculta, la gente puede ser vampirizada por kama-rupas de humanos muertos que llevaron una rutina mundana particularmente egoísta o sensual (elementarios), y también mediante cuerpos astrales proyectados por personas vivas con intenciones maléficas, siendo éstos los "demonios" acosadores y vampiros "no muertos" de los mitos y el folklore; con todo, los vampiros reales son más propensos a extraer energía vital, emocional, psíquica y sexual de sus presas que a nutrirse de sangre. Aparte de extenuar a las víctimas, los elementarios pueden poseerlas e incluso generarles obsesiones, fortaleciendo en ellas cualquier base o impulso malévolo. Las historias folclóricas sobre entes que cambian de aspecto tal vez refieran al grado etérico de su condición, que en algunos casos puede volverse visible y material, e igualmente existen razones ocultas en la creencia de que hay mayores posibilidades para devenir vampiro entre los suicidados, muertos en modo prematuro/violento o quienes tenían una existencia materialista.

Como explicó Blavatsky, los cuerpos enterrados pueden recibir sangre mediante las actividades vampíricas del kama-rupa vinculador, pero es muy probable que algunos cadáveres "inocentes" sean sospechosos de vampirismo debido al poco entendimiento sobre la desintegración corporal. También varias epidemias, abortos espontáneos y decesos infantiles solían atribuirse a estos personajes u otros seres demoníacos, si bien la ciencia moderna lo cataloga exclusivamente como ignorancia, pero aún muchos especialistas ortodoxos son ciegos a sus propias limitaciones severas al enfocarse sólo en los agentes físicos de la enfermedad, y no muestran una comprensión real de las dimensiones internas emocionales y psicológicas en el ser humano, ni del rol que cumplen las energías y fuerzas más sutiles. Además, en última instancia nuestro carácter, estado de salud y otras experiencias de vida son resultado de pensamientos, afectos y obras elaborados en el transcurso de varias encarnaciones.

Es indudablemente cierto que las convicciones y los miedos supersticiosos representan un aspecto importante en las leyendas sobre vampiros, pero los pensadores materialistas no reconocen que dichas creencias, incluso las falsas, pueden tener efectos paranormales si tienen suficiente poder; dicho de otro modo, nuestros propios pensamientos e imaginación, tanto individuales como colectivos, contribuyen a moldear las formas adquiridas por entidades del mundo astral que a ratos se entrometen en nuestra vida física. Al pensar firmemente que "los muertos se levantan para dañar gente viva", "el alma de un occiso excomulgado no encontrará paz", o "los objetos sagrados como crucifijos o agua bendita alejan a agresores demoníacos", ello puede aumentar las posibilidades de que un acosador fantasmal asuma el semblante de una persona muerta conocida por sus víctimas, determinará la frecuencia de ataques paranormales por parte del difunto u otros seres, o mostrará resultados beneficiosos en cuanto a la seguridad personal.

Por otro lado, la incineración del cadáver romperá el lazo con un kama-rupa que puede mantenerlo semi-vivo a través de actividades vampíricas, pero incluso si los restos en cuestión no evidencian nexos con ataques análogos, el efecto deseado se obtiene con una creencia fuerte y generalizada de que al cremarlos terminará ese fenómeno o alguna epidemia. De esta manera, la ciencia convencional aún no asimila ni entiende los poderes mentales humanos reales y su verdadera índole, y tampoco la verosimilitud del reino astral y sus habitantes.